Lauros de la firmeza

Han transcurrido 14 años desde aquel brutal 12 de septiembre de 1998. Para la media mañana de ese día, mientras éramos todos procesados en el Centro Federal de Detenciones de Miami tras una redada relámpago, nos íbamos asimilando a aquella nueva realidad que se había presentado tan de golpe con todas sus implicaciones de renuncia, retos y futuros sacrificios personales. En tales circunstancias, aun entre nuestros más pesimistas augurios, nunca se presentó el escenario de que pasados 14 años estaríamos todavía esperando por que se nos hiciera justicia. Nos faltaba mucho que aprender acerca de la capacidad de algunas sociedades y de sus celadores para el ensañamiento. En condiciones de aislamiento solitario el primer mes toma un siglo. El segundo un año. El tercer mes en realidad lo es y los que siguen son quincenas. Tiempo comprimido por la monotonía, el aprendizaje de la supervivencia, el descubrimiento y dominio de los recursos con que burlar las estudiadas limitaciones de todo tipo, diseñadas para la desesperación y la impotencia. Fugaces momentos de camaradería aprovechados al máximo. Complicidades que te sostienen y a veces hasta divierten. Luego viene el combate: las leyes en manos de jueces y fiscales se convierten en una masa amorfa. La evidencia, esquiva, manipulada al antojo de los acusadores. El tiempo con los abogados escaso y precioso. Cada centímetro de lápiz un tesoro. Aun así nos preparamos, debatimos, estudiamos el caso, nos aprestamos a un combate que sabemos desigual, pero al que iremos con la verdad que la fiscalía intenta escamotear al proceso. En medio del combate el tiempo vuela. De súbito hemos cubierto dos años que nos ponen a las puertas del juicio. Entonces el chantaje: Si aceptas declararte culpable y renuncias a tu derecho a ir a juicio tu esposa puede escapar a un proceso de deportación. El 16 de agosto de 2000 Olguita fue detenida por las autoridades de inmigración. Tras tres meses de prisión fue deportada a Cuba el 21 de noviembre, justo una semana antes del comienzo del juicio. Ese mismo día comencé a escribirle una carta que terminó por convertirse en un diario del proceso: “Mi amor: Hoy comienzo la carta más larga que he escrito o escribiré en mi vida. Te la dedico a ti en este día en que tantos sentimientos y sensaciones encontradas me asaltan. Por un lado el alivio de saber que al fin saliste de tu prisión, que estás entre tanta gente que te quiere y te apoya incondicionalmente, que habrás dejado de ser un instrumento en todo este torpe chantaje que se trató de imponerme inútilmente. Por otra parte la incertidumbre de no saber cuándo te podré ver de nuevo, el vacío que tanto llenabas en los días de visita o en las audiencias de la corte y el saber cuántotú querías estar aquí junto a mí durante todo este proceso para darme tu apoyo y aliento”. (…) “Sé feliz a toda costa. No te permitas un pensamiento pesimista, o un recuerdo desagradable, o la huella de una bajeza que alguna vez te hizo vivir un mal momento. Piensa que a todas esas cosas las venciste dentro y fuera de la cárcel a golpe de carácter, de moral y de principios. Apóyate en esa moral y en esos principios para ser feliz y mantener la fe en alto. No te niegues un momento de alegría, una sonrisa, un juego con las niñas, una reunión familiar, una salida para divertirte, unas vacaciones para disfrutarlas, un campismo, una película en un cine, una actividad en tu trabajo o cada uno de esos momentos que hacen nuestra vida agradable y nos permiten socializar. Si algún día la sombra de mi situación se interpusiera para privarte de alguno de esos momentos. ¡Espántala!, pues no será mi figura la que está proyectando esa sombra”(…) Han transcurrido 14 años desde aquel brutal 12 de septiembre de 1998. Hemos tenido que asimilar aquella nueva realidad que tanto ha representado en cuanto a renuncia, retos y sacrificios personales. Nuestros más pesimistas augurios se han visto sobrepasados tras 14 años de esperar a que se haga justicia. Hemos recibido una lección única sobre las capacidades de algunas sociedades y de sus celadores para el ensañamiento. Pero el espíritu de los Cinco sigue y seguirá siendo el que transpiraban las palabras de aquella carta.

René González Sehwerert Septiembre/2012.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: