La primera máquina de vapor en Cuba

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En una de las salas del antiguo Palacio de los Capitanes Generales —hoy, Museo de la Ciudad— se encuentra el retrato de don Ignacio Pedro Montalvo y Ambulodi (1748-1795), primer conde de Casa Montalvo que, con su mano derecha, señala hacia una máquina de vapor, bomba o motor de fuego, como también solía denominársele entonces.


 
Montalvo es considerado entre los hacendados más poderosos e influyentes de su época, poseía nueve ingenios, 500 esclavos, 5 500 caballerías de tierra (73 700 hectáreas) y 14 000 cabezas de ganado. En los pueblos de Seibabo y de Montalvo, situados al sureste de la capital, entre las poblaciones de San Antonio de las Vegas y San José de las Lajas, se encuentran los terrenos que ocupaban algunos ingenios de su propiedad.

La sacarocracia cubana del siglo XVIII trató incesantemente de revolucionar los instrumentos de producción pues tenía absoluta conciencia de que el predominio azucarero sólo podría mantenerse abandonando los métodos primitivos y las obsoletas relaciones mercantiles. La transformación económica implicaba una consecuente modificación técnica.
Cuán alertas estuvieron lo demuestra su creciente interés por el proceso de la Revolución industrial y una de sus innovaciones más relevantes: la máquina de vapor, cuyo primer prototipo —como motor universal— se fabricó en Inglaterra entre 1774 y 1784.

Apenas una década después, en 1794, ya estaban el conde de Casa Montalvo y Arango y Parreño en Gran Bretaña, gestionando la construcción de una de esas máquinas para adaptarla a las necesidades de la producción azucarera. La llegada de la primera «bomba de fuego» con destino a un ingenio azucarero cubano fue en 1796. Esta es una máquina comprada en Londres con dinero del conde de Jaruco. Su instalación fue un suceso único rodeado de un clima de tensa expectación. Y se le vio funcionar el día 11 de enero de 1797 en el ingenio Seybabo.

La historiografía cubana ha reflejado el hecho con más o menos precisión histórica en cuanto a la fecha, la localización geográfica del ingenio y el nombre de su propietario: Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas Vélez de Guevara, tercer conde de San Juan de Jaruco (1769-1807), a quien por sus servicios al rey le es adjudicado también el título de conde de Santa Cruz de Mopox en julio de 1796.

Este último era primo de Arango y Parreño y yerno del conde de Casa Montalvo desde el 29 de junio de 1786, tras contraer matrimonio con su hija María Teresa Montalvo y O´Farril.
Estos vínculos familiares permiten entender el por qué esa máquina de vapor se instaló precisamente en el ingenio Seibabo.

Se cree que el diseñador-constructor de esa máquina instalada en el ingenio Seibabo fue Agustín de Betancourt y Molina que era uno de los mejores ingenieros de Europa en su época.

Por Lecturas  CiberCuba

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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