Que cada oveja esté con su pareja…

El verdadero amor es más fuerte que cualquier obstáculo que se le interponga pero también puede lastimarse, incluso apagarse, cuando la distancia gana terreno…

Nay pensó, cinco meses atrás, que no volvería a ver a su novio. Fueron pareja durante tres años, y cuando él decidió unirse a sus padres en Chile, ella no sintió temores porque su amor era muy fuerte para perderse. Juraron mantenerse en contacto y fieles al sentimiento que los hizo vivir juntos, soñar un futuro juntos…

Pero el tiempo pasó y los mensajes al celular disminuyeron, los correos electrónicos ya no eran tan extensos y pocas fotos llegaban a su bandeja de entrada. Nay no entendía… Por mucho trabajo que él tuviera no podía creer que no contara con unos minutos cada día para ella, como fue al principio. Luego, los comentarios de sus amistades “me llenaron la cabeza de humo”, me dice. La distancia apaga el amor, le señalaban, seguramente ya tiene otra relación y le da pena decírtelo… pero ella no podía creerlo.

“Cuando se fue yo me quedé aquí haciendo trámites para viajar y unirme a él y de pronto empecé a creer lo que me decían. Lamenté habernos separado y decidí romper la comunicación del todo”.

Finalmente, sus gestiones terminaron y Nay viajó a Brasil, donde vivían sus tíos. En otro momento la intención era encontrarse en Chile pero el amor se había lastimado. Por suerte, no se apagó, como le dijeron, y su novio fue a buscarla.

“Te juro que no le deseo a ninguna pareja que se separe, y menos cuando la decisión es emigrar. Lo que yo sufrí no quiero que nadie lo sufra y la incertidumbre, el temor de que otra relación surgiera en su vida o en la mía, por resignación, es terrible. No todos pueden tener finales felices, como lo tuvimos, que hasta yo lo había dado todo por perdido”.

Hoy, Nay y su novio están en Cuba. Llegaron hace unos días a visitar a la familia y celebrarán juntos este 14 de febrero en el mismo parque donde se sentaron aquella vez en que se dieron el primer beso. Tantas veces deseé este momento, me dice ella, que todavía no lo creo.

Y los temores de Nay son los mismos de Katia y Daniel. Desde que se habló de la nueva Ley de Migración, planificaron trabajar en el exterior por el término máximo de dos años para regresar a Cuba y comprarse una casa. “Queremos tener una familia y para eso debemos crear las condiciones que ahora mismo no tenemos”, afirma Katia. “Pero ni soñar que nos separaremos —asegura Daniel—. No es porque desconfíe de ella, añade, ni porque piense que me va a ser infiel. Es que no quiero que nos pase lo mismo que a mis padres, que cuando él se fue en los años 90 en una balsa para Estados Unidos dejó a mi mamá aquí con la promesa de estar juntos de nuevo, y la vida da muchas vueltas. Ella se quedó aquí sola, esperando, y él allá, solo, pasando trabajo, hizo su vida de nuevo. Si Katia y yo queremos una vida juntos, vamos a lucharla así, juntos”.

Y me alegro de que así sea porque no es la primera vez que dos corazones padecen la distancia y necesitan de mucha fuerza y vibraciones para mantenerse latiendo por el mismo amor. Algo que no siempre sucede.

Bien puede decirlo un amigo mío. Mucho antes de que se abrieran otras posibilidades con la actualización de nuestra política migratoria, su novia viajó a estudiar en el exterior y luego de un tiempo separados, solo con la ayuda de las nuevas tecnologías para mantenerse cerca, él se unió con su familia en otro país. Así, nuevamente distantes, se suponía que se encontraran en una de las dos naciones, ya que los dos estaban fuera de Cuba, “pero ya todo se había enfriado”, me cuenta. “Tal vez si no hubiera pasado tanto tiempo, pero después cada cual tenía sus propios intereses y aquello que una vez sentimos, ya no estaba”. Este será el primer 14 de febrero que pasen, cada cual por su lado, labrando en sus vidas un camino nuevo. Quizás se recuerden y un correo de felicitación levante nostalgias, pero será más bien para dejar una estela limpia detrás de lo que un día fue y no será.

Como dice mi abuela materna, tan sabia por la experiencia y no por los estudios: “Tu abuelo vino pa’ La Habana a trabajar, a hacerse de un puesto y una casita y yo me quedé en el campo esperándolo. Pasaron más de cinco años y el regresó, nos casamos y yo no dudé en venir con él. ¡Cuántas cosas no podían haber pasado! ¿Tú crees que todo el mundo es como nosotros? Mejor no tentar al diablo, como se dice, y que cada oveja esté con su pareja siempre, que los planes al principio suenan bien pero luego la distancia les cambia el rumbo”.

Ojalá este 14 de febrero, día en el que en muchos países se celebra el Día del Amor, las parejas que estén juntas así se queden, y planifiquen juntas su futuro. Las fronteras no tienen por qué ser más fuertes que el verdadero sentimiento, y menos cuando están en el medio por razones beneficiosas para los dos, pero no siempre se superan determinadas pruebas. Mejor, como dice mi abuela, que en las buenas y en las malas, cada oveja esté con su pareja.

Por Ana María Domínguez Cruz /Cubahora

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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