Un día cubano en La Sapienza

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La Universidad La Sapienza, una de las instituciones académicas de mayor prestigio en Europa, otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Italianística al poeta y etnólogo Miguel Barnet, en una jornada de exaltación a la cultura nacional cubana y su irradiación universal.

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En la solemne ceremonia, el rector Luigi Frati expresó la voluntad del claustro de honrar a uno de los intelectuales del otro lado del Atlántico que han hecho mayores aportes a la comunicación entre la cultura italiana y las de América Latina y el Caribe.

Desde una perspectiva académica, el doctor Amadeo Quondam repasó los hitos de la trayectoria de Barnet, a quien consideró el mejor discípulo de Fernando Ortiz.

«El Doctorado que se entrega a Barnet —dijo el profesor— no solo reconoce una extraordinaria vocación poética unida a una incesante indagación social acerca del mundo vital de su isla, sino también vindica su obra como ejemplo insuperado de la estrecha fusión entre literatura y antropología, entre la comprensión y análisis de la diversidad cultural y su expresión en un lenguaje universal».

A Barnet, como parte de la tradición, le correspondió dictar una lección magistral, centrada en la asimilación de los conceptos que Fernando Ortiz expresó en su memorable ensayo Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar y, en general, sobre la dimensión fundacional de la obra del sabio cubano.

Pero antes, el autor de Biografía de un cimarrón se refirió a lo que la cultura italiana había significado para él y sus compañeros de generación: las conversaciones con Cesare Zavattini, la amistad con Italo Calvino, Alberto Moravia y Elsa Morante; las lecturas de la poesía de Salvatore Quasimodo y Cesare Pavese.

La agenda ceremonial incluyó palabras de la embajadora cubana en Italia, Carina Soto, quien valoró la coherencia entre la entrega intelectual y revolucionaria de Barnet; y del embajador cubano ante la Santa Sede, Eduardo Delgado, que resaltó la línea de continuidad del legado orticiano en la obra de Barnet al frente de la Fundación Fernando Ortiz.

Inmediatamente después, en el Aula Magna de La Sapienza, sucedió algo inédito en esos predios: la irrupción de la rumba y el son en medio de un coloquio sobre la obra de Ortiz y Barnet y los fundamentos de la identidad espiritual y musical cubana.

Tal como don Fernando instaló por primera vez en 1954 los tambores batá en la Universidad de La Habana, Barnet lo hizo aquí con la colaboración de un conjunto de bataleros cubanos e italianos.

Durante la velada, que abrió la senda del Segundo Foro Internacional sobre la Rumba y el Son, que tiene lugar en la capital italiana, los principales promotores del proyecto, los profesores de danza y folclor Ulises Mora e Irma Castillo, demostraron la riqueza coreográfica que acompaña a los principales ritmos cubanos.

El son fue defendido por el septeto Naborí, jóvenes músicos del oriente de la isla que en la actualidad se presentan en diversas plazas europeas.

A ellos se unió uno de los invitados especiales al Foro, el maestro Giovani del Pino, director fundador de Yoruba Andabo, a quien el proyecto internacional Timbalaye honró con su distinción. Del Pino ha sido recibido aquí como una cátedra viva de la música que sustenta el sonido más profundo de La Habana.

Por Granma

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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