¿Cómo aprender a no enamorarme?

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Muchas personas, ante los fracasos de los vínculos amorosos, refieren enamorarse profundamente y esto lo analizan como error, lo cual no es real. Es importante ante todo reflexionar qué ha provocado verdaderamente la ruptura con las parejas, de lo contrario achacaríamos las causas a elementos no reales.

 

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Aunque planteen: “el amor se acaba”, “ya todo es interés”, no creo en ello ni como persona ni como especialista; solo que no siempre seleccionamos de manera adecuada, o le atribuimos a nuestras parejas valores y características los cuales no siempre poseen y nos dejamos llevar por primeras impresiones.

 

En especial, en la etapa de la adolescencia y la juventud (aunque no es excluyente en otras), las personas creen enamorarse o lo hacen con frecuencia hasta encontrar una relación en la cual se sientan seguras, amadas, por lo que la verdadera debe estar basada en la entrega mutua y desdeñar las ideas falsas de “no tengo suerte” o “soy demasiado romántico.

 

Por ello es bueno mirar a nuestro alrededor y ver tantas personas las cuales han tenido disoluciones de vínculos amorosos sin que ello constituya norma de fracaso.

 

Aunque estamos en una época donde muchos pregonan que el amor ha pasado a segundo plano y lo importante es “disfrutar, pasar el momento”, siempre encontramos otros quienes prosiguen en la busca de afecto no solo tener placer.

 

Está comprobado que la actividad sexual es más gratificante y placentera dentro del marco de relaciones afectivas; a pesar de vivir “tiempos de descarga”, el amor y el proceso del enamoramiento sigue visitándonos a diario.

 

En algunos casos la atracción y el interés sexual desarrollados hacia alguien lleva a enamorarnos, pero otras veces terminamos en una amistad solamente.

 

¿Cómo se produce este proceso de enamorarnos? Es de los fenómenos más difíciles de estudiar ya que implica cambios fisiológicos (se alteran los ritmos de las frecuencias respiratoria, cardiaca, el proceso hormonal…) y psicológicos (emociones bruscas, se está tanto alegre como triste, preocupados), además de manifestarse de manera muy concreta en cada sujeto.

 

Al enamorarnos está implícito que deseamos sexualmente a esa persona y nos atrae, pero esto va más allá, pues se nos convierte en “insustituible”, solo pensamos en ella, en querer estar a su lado.

 

Cuando los sentimientos son correspondidos por el otro, nos embarga la sensación de felicidad, plenitud, euforia “es como si me hubieran tocado con la varita mágica”, me refirió una adolescente, pero cuando no es así, predominan la tristeza, angustia y desesperanza.

 

El amado se convierte en el centro de nuestra atención: deseos, fantasías y proyectos, por lo cual asociamos lugares, canciones y fechas a esas personas que se mantienen inclusive años después en nuestra memoria aunque ya no se mantenga la relación. Nos ponemos en función del otro, de sus gustos, en brindarle alegría y nos desborda gran pasión.

 

En la adolescencia y la juventud, en especial, las fantasías con el enamorado son muy ricas y absorben prácticamente en esos primeros momentos todos nuestros pensamientos.

 

Cuando el enamoramiento se desarrolla de manera recíproca, o sea, con correspondencia por ambos miembros de la pareja, se dan las condiciones para el desarrollo de una relación que va a provocar generalmente sentimientos de entrega, establecimiento de planes; en otros casos ocurre el proceso contrario, el desamor, porque las cosas no marchan o la persona no es quien nos imaginábamos.

 

Entre las inquietudes sobre este proceso se encuentra: ¿Cuánto dura el enamoramiento? Algunos autores marcan su vida por dos o tres años como máximo, y la mayoría está de acuerdo en que tiende a ser pasajero, lo cual depende de la pareja.

 

Pero esto no es negativo, ya que puede ser el paso a relaciones amorosas más profundas.

 

Se debe conocer que la pareja ideal no existe, aunque todavía se busque “la media naranja”, “el príncipe azul”, y se condicione muchas veces la selección a las características externas como atributos físicos, saber bailar, formas de vestir, “fama” basada en la cantidad de parejas precedentes, lo cual los convierte en “atrayentes”, entre los elementos más planteados por los adolescentes.

 

Hay que aprender a comenzar el cortejo, conocernos, interactuar y así cultivar el erotismo y las relaciones afectivas. Valorar que el futuro de la relación depende de la pareja y si algo no funciona, no es un proyecto fracasado, sino experiencia en la vida, la cual nos permite aprender y conocernos mejor.

 

Por Dra. C. Beatriz Torres Rodríguez /Presidenta Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad(SOCUMES)

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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