La gran controversia del Everest

Este año es el aniversario 60 de la primera ascensión a la montaña más alta del planeta. Pero ¿quién fue realmente el precursor? ¿Es justo atribuir la hazaña al neozelandés Edmund Hillary? La incógnita está servida desde 1924. Las nieves perpetuas de la cumbre aún guardan el secreto.

 

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George Leigh Mallory prometió que si conseguía alcanzarla dejaría una foto de su esposa en la cima. No se encontró en el cadáver ni en sus pertenencias.  ¿Acaso cumplió su promesa?

Será el peor día en la vida de este guapo e intrépido hombre de 38 años con porte de adolescente, George Herbert Leigh Mallory, maestro y padre de cuatro hijos. Pero él no lo sabe. Es el 8 de junio de 1924. La adrenalina le impidió dormir, es de madrugada y tiene un hormigueo en el estómago, se apresta para su tercer intento de asaltar al techo del mundo, una auténtica hazaña. Entonces, hacer cima en el monte Everest sería ganar el premio geográfico más alto del planeta. ¿Hizo cumbre? Hasta hoy Mallory encarna una de las grandes incógnitas del montañismo.

Si hay algún testigo que amerite ser interrogado es la propia cumbre de rocas y hielo y nieve, tan majestuosamente dispuesta a ocho mil 848 metros. Era virgen e ignota entonces. ¿Llegaron o no hasta allí Mallory y el estudiante de ingeniería joven, agraciado y también británico, Andrew Irving, su compañero de cordada? ¿La muerte los pilló cuando habían conseguido completar el ascenso, o cuando descendían con el sueño incumplido? ¿Fueron entonces los primeros en lograr la proeza? ¿O definitivamente no?

El misterio sigue en carne viva desde que el geólogo y fotógrafo de la expedición, John Noel Odell, los divisó vivos por última vez con su catalejo, a las 12:50 horas de aquel propio día. Los exploradores eran en la lejanía unos punticos oscuros que una cortina de nubes ocultó después. Estaban sobrepasando el último escalón, dijo Odell, “a unos 500 metros antes de llegar a la cumbre”. Nadie volvió a verlos hasta que 75 años después, el
1˚ de mayo de 1999, expedicionarios empeñados en su búsqueda hallaron el cuerpo congelado de Mallory a 8 mil 300 metros, 548 metros por debajo de la cumbre. ¿Subía o bajaba?

Secreto inaprensible

De pie a la extrema izquierda, Irving y Mallory junto a otros alpinistas
Agosto de 1924. El jefe de la expedición fue el brigadier Charles Granville, y la integraban su ayudante, siete
montañeros, médico y fotógrafo. De pie a la extrema izquierda, Irving y Mallory

Han sido muchos los intentos para hallar a Irving y a la pequeña Kodak Model B que Mallory llevaba y en la que, si el momento en que hicieron cumbre quedó inmortalizado, estallaría como en un CSI la prueba irrebatible. Siguen buscando, pero hasta el momento en que escribo estas líneas ha sido inútil. Pende no obstante la esperanza de que tenga consigo la cámara fotográfica del secreto.

George Mallory y Andrew Irving habían partido hacia el último tramo de la conquista de la montaña en la mañana del 6 de junio de 1924, desde el Collado Norte, situado a siete mil metros. Llegaron al campamento V, a siete mil 780 metros, donde, ironías de la vida, Mallory escribió en su diario: «Ni una brizna de viento aquí arriba: el asunto tiene buen aspecto». Continuaron al día siguiente y en la madrugada del 8 dejaron la última posición (a ocho mil 170 metros), dispuestos a tomar por asalto la cima del mundo.

George Leigh Mallory y Andrew Irving con la indumentaria para el ascenso
Última foto de los exploradores. Parten del campamento IV

No podían saber que a los ocho mil 605 metros los esperaba el “segundo escalón”, una pared de 30 metros con una inclinación de 70° y rematada por un tramo vertical de casi siete metros. Es tal el trance que desde que fue vencido, en 1960, se asciende por una escalera de mano de aluminio que ha quedado sujeta allí. Inconclusa, dramática y preñada de misterios, la proeza de Mallory y su trágico fin parecen destinados a perdurar hasta la eternidad. Biografías, películas, miles de artículos periodísticos siguen reviviendo la gesta del aventurero que sus contemporáneos apreciaron perseverante, corajudo y de voluntad inquebrantable.

Leyenda imperecedera

- El cuerpo sin vida del montañes inglés George Leigh Mallory
Su cuerpo fue hallado en 1999, con la cara en la montaña y tan adherido por la congelación, que  sacarlo habría supuesto la mutilación. Pero no lo dejaron expuesto

Hoy Mallory es una auténtica leyenda. Más rotunda que la del neozelandés Edmund Hillary, el primer alpinista que oficialmente alcanzó la cima del Everest, el 29 de mayo de 1953, y a quien muchos criticaron su inmisericordia con el colega desaparecido, al sustentar que al pico del Everest no bastaba llegar, había además que bajar para contar la historia.

Mallory nació en 1886, en Cheshire, Inglaterra, y estudió en Cambridge. Esposo y padre prolífico, debió buscar el sustento como maestro aunque ansiaba ser escritor. Sus compañeros del alpinismo lo llamaban El Poeta de las Montañas y contaban que en la tienda, por las noches, recitaba fragmentos de Hamlet y de El rey Lear. Refinado y bien relacionado, se codeó con reputados personajes de la época, que cayeron rendidos a su encanto.

En carta a Virginia Wolf, un célebre historiador de entonces admitió haberse enamorado de él: “Mide un metro 80, tiene el cuerpo de un atleta de Praxíteles, una cara con el misterio de Botticelli, el refinamiento y la delicadeza de una lámina china, la juventud y el picante de un inimaginable joven inglés. Yo deliro, cuando lo hayáis visto, reconoceréis que es cierto”.

Solía vestir como un dandi, de seda y sombrero, si bien en los aprestos montañeros andaba despeinado y mostraba una especie de locura bondadosa en su mirada. No era dado a sonrisas. Aún hallándose de expedición su porte aristocrático era inocultable.

 Túmulo funerario de Mallory
Túmulo funerario de Mallory, a unos 550 metros de la cima

Como alpinista hizo sus pininos en los Alpes, en 1904. Diez años después publicó El montañismo es artístico, y el ensayo Una ascensión es una sinfonía. Tras realizar subidas por toda la Gran Bretaña se centró en el entonces ignoto Himalaya, convirtiéndose en “El hombre del Everest”, en alma de las expediciones desde que, en 1921, integró la primera. Fue amante del riesgo y adepto al alpinismo sin trampas: “La manera de llegar a una cumbre cuenta tanto como el hecho de coronarla”, escribió en una oportunidad.

Pero quizá nada lo retrate mejor que su frase recurrente en 1923 durante su gira y conferencias en Estados Unidos ante quienes le preguntaban por qué había que subir al Everest: “Porque está ahí”. Es cierto: creyendo inverosímil pisar la cima del Everest, no pocos se mofaban de sus arrestos por cumplir aquella aventura.

Edmund Hillary y el serpa Tenzing Norgai sonríen
Edmund Hillary es oficialmente el primero que alcanzó la  cima,el 29 de mayo de 1953, por el collado sur y auxiliado
por el sherpa Tenzing Norgai, un nepalí de gran experiencia en el Everest  

Latente siempre la duda sobre si en verdad fue el británico y no el neozelandés (a quien acompañó en su aventura un nepalí de gran experiencia en el Everest, el sherpa Tenzing Norgai) el precursor, las especulaciones retomaron fuerza cuando hallaron su cadáver. Y seguro volverán a dispararse en breve, con motivo de los 60 años de la ascensión a la cúspide del gigante de Nepal.

Conforme pasan los años, a los arcanos, enigmas y dudas antiguos se suman más elementos, a favor y en contra del inglés. Aunque la verdad sea dicha, la figura de Mallory no sufre mella. ¿Será este un año de tan buena fortuna para el montañismo que la vieja Kodak tan bien guardada por las rocas, hielos y nieves de la espectacular montaña, aparecerá para zanjar al fin la controversia?

Numeroso grupo de alpinistas subiendo al Everest a través de una cuerda
Explotación comercial del Everest: una colita en las cuerdas fijas de la vertiente más fácil. La ascensión sin grandes
riesgos y la foto en la cumbre, claro, cuesta entre 25 mil y cien mil dólares

Lo atroz es que actualmente ascender al Everest no siempre es la proeza por la que tantos exploradores sucumbieron, muchos de cuyos cuerpos han quedado eternizados en la llamada Zona de la Muerte, la faja por encima de los ocho mil metros. Hoy la montaña es un destino del llamado turismo de riesgo, y un costoso atractivo su ascensión. Así, durante los meses de buen tiempo, excursionistas auxiliados por especialistas hacen fila en las cuerdas fijas de la vertiente más fácil. Entre 25 mil y cien mil dólares cuesta la hazaña. Llegan, les tiran la foto, y ya está. ¡Qué inmundo mundo este!

Desaparecidos

Desde 1498 en que el navegante italiano al servicio de Inglaterra John Cabott desapareció mientras buscaba la mítica isla de Cipango, y hasta que el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupery casi se evaporó en vuelo, los exploradores perdidos son una auténtica legión. George Mallory y Andrew Irving ostentarían sobre el número 10 de unos 20 en total, en un planeta sin rincones a salvo de pérdidas. Perderse, dicen, forma parte de la experiencia humana, y hay quienes han hecho de ello un desafío o un destino. Son, leo en una vieja revista española, los que escapan de caminos trillados y buscan nuevas sendas, retos y horizontes. Algunos, repaso, rencontraron el camino o fueron rescatados. Otros se esfumaron totalmente. Rastrearlos como hacen diversas expediciones resulta iluminador, emocionante, y una gran aventura.

La conquista

No hay homogeneidad en las cifras, pero las más coincidentes refieren que de 1953 a enero de 2011, tres mil 431 personas han llegado a la cima del Everest, en un total de cinco mil 584 ascensiones. Se estima que han muerto en aquellas alturas 216 personas, y que cerca de 120 cuerpos permanecen allí, dada la imposibilidad de bajarlos sin peligro. Muchos están en las rutas de escalada más comunes, por lo que en no pocos casos es preciso pasar junto a ellos. Los escaladores les han puesto motes. Es muy célebre “botas verdes”, por el color fosforescente de su calzado. En 1996, el año más mortífero en la historia del monte, 15 personas perdieron la vida en el Everest, un desastre que avivó la controversia sobre la comercialización y masificación de su subida.

Por Maggie Marín/ inter@bohemia.co.cu

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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