El Yin y Yang, o cómo encontrar el Sol en la Luna

(Ilustración: THE TIMES.CO.UK)
(Ilustración: THE TIMES.CO.UK)

Por Tony Pradas

“Alguien volará de regreso a la Luna y recogerá la cámara que me dejé allí”, ha dicho el primer hombre que pisó el satélite, Neil Armstrong, cuatro décadas después de que culminaran las misiones tripuladas hacia el astro con piel de acné.

Alguien volará, confió antes de morir justo dos años atrás, para con su cámara de vuelta poder desmontar el acre rumor de que ningún humano pisó el suelo selenita, teoría de la conspiración que el astronauta, a pesar de todo, se tomaba en broma.

Científicos de todo el orbe, sin embargo, antes que a runrunes –en buena medida antiyanquis porque sí– prefirieron prestar atención al polvo que a su regreso dejaron los caminantes lunares sobre la alfombra mientras besaban a sus esposas colgadas del cuello.

Ciertamente, el primer viaje respondió más a una meta política que a la total madurez de la investigación: las probabilidades de un alunizaje exitoso, digamos, eran las mismas que las de su fracaso. De hecho, confesó Armstrong, no sabían con qué podrían encontrarse y lo que allí hallaron fueron “pendientes empinadas y rocas muy grandes, del tamaño de automóviles”.

En tanto, la suciedad lunar, polvorienta, pegajosa y abrasiva, traída en las suelas de los zapatos, contenía abundante titanio, platino y otros valiosos minerales.

Luego la Luna pasó de moda y fue apenas escudriñada por algunas nuevas sondas de las potencias espaciales. Increíblemente, permaneció rodando allá el Lunokhod 1, primer vehículo robotizado que hizo turismo sobre sus baches, enviado por los soviéticos, los verdaderos pioneros en llegar, incluso antes de que las misiones estadounidenses soñaran con saltar sobre el astro plateado.

La Luna, eso sí, siguió siendo admirada por poetas y hombres lobos. Y sin el lirismo y frenesí de estos, en 1993 los rusos vendieron en subasta por 68 mil 500 monedas verdes el carrito con forma de bañera y ocho llantas. Lo daban por difunto. No imaginaron que en 2010 un equipo de la NASA lo “despertaría” con una luz enviada por un telescopio y que este, incluso senil, respondería a la señal con una potencia inusitada.

Sin fuelles la carrera lunar en época de Guerra Fría, ahora toma un segundo aire con nuevos actores. (Foto: NASA)
Sin fuelles la carrera lunar en época de Guerra Fría, ahora toma un segundo aire con nuevos actores. (Foto: NASA)

Poco antes de someterse a una cirugía de bypass en el corazón, que en vez de aliviar sus arterias coronarias bloqueadas lo llevó a la muerte, Armstrong fustigó duramente el desentendimiento entre la Casa Blanca y el Congreso norteamericano con respecto a la investigación lunar. “Están tirando cada uno de un lado del volante y así la NASA no va a poder tomar el camino correcto”, vapuleó.

No obstante, confió en que alguien volaría de regreso a la Luna, posiblemente sin imaginar que ese “alguien” podría ser un chino.

La diosa y el conejo

Dicen que la única obra humana capaz de verse desde el satélite es la Gran Muralla China. No es posible, se sabe, aunque tal vez sí logre observarla Chang’e, la diosa china de la Luna. Esta, a diferencia de otras deidades similares, cuenta la leyenda que vive allí, desterrada.

Con ella también habita el Conejo de Jade (Yutu, en mandarín), según una antigua leyenda que parece inspirarse en las manchas grisáceas que forman los mares lunares. Vistas desde la Tierra, recuerdan la silueta de un gigantesco conejo.

A pesar de su entusiasmo fabril y mercantil, los asiáticos parecen conservar indemne una cuota de bucolismo, la cual han volcado en su programa espacial. No extraña entonces que el Programa Chino de Exploración Lunar, eje central de sus investigaciones extraterrestres, haya sido denominado Chang’e y que su primer robot excursionista responda al nombre de Yutu.

China, con Yutu, se convirtió en el segundo país que colocó sonrientemente un rover en el satélite (solo lo habían logrado los eslavos con los Lunokhod 1 y 2, en 1970 y 1973, respectivamente).

A comienzos de la década de 1990, Japón despertó el apetito por husmear la Luna. Los Estados Unidos, más entusiasmados con la exploración de Marte, al parecer se vieron obligados a desempolvar viejos planes relacionados con el vecino astro y desencadenaron una nueva carrera a la que se sumaron Hong Kong, Europa, China y la India. Sin embargo, solo las dos más grandes potencias actuales han mantenido activas durante los últimos años y la milenaria nación ha conseguido los éxitos recientes más macizos.

Lo confirma el alunizaje de la misión Chang’e 3, el 15 de diciembre último, cerca de Sinus Iridum (Bahía de los arco iris), una llanura de lava basáltica escogida por sus horas de sol y la facilidad para las telecomunicaciones. Apenas levantó polvo. Algo similar no ocurría desde 1976, cuando la soviética Luna 24 se posó y tarareando una canción regresó con 170 gramos de muestras en sus alforjas.

El vehículo lunar Yutu y la sonda de aterrizaje Chang'e 3. (Foto: ADMINISTRACIÓN ESPACIAL NACIONAL CHINA)
El vehículo lunar Yutu y la sonda de aterrizaje Chang’e 3. (Foto: ADMINISTRACIÓN ESPACIAL NACIONAL CHINA)

Yutu, el todoterreno no tripulado, forma parte de la misión Chang’e 3. Con metro y medio de largo y 120 kilogramos de peso, fue diseñado para deambular sobre la corteza del astro compinche durante 12 semanas, pero ocho meses después permanecía analizando la geología local e intentando localizar recursos naturales.

En verdad, el Conejo de Jade no siempre tuvo la fortuna del Conejo de la Suerte. Al descolgarse del portador, se posó en un lugar muy empedrado y por ello ha sufrido daños considerables.

Empero, su principal reto es el brusco cambio de temperaturas entre el día y la noche lunar. Al no haber atmósfera, el calor no se conserva como en la Tierra: El día puede alcanzar los 123ºC y luego bajar de golpe el termómetro hasta los –153ºC.

Por si fuera poco, el vehículo debe permanecer “dormido” durante la noche, que dura aproximadamente 13.5 jornadas. Para resistir el frío, dispone de un generador termoeléctrico de radioisótopos, alimentado por plutonio, que le permite regular su temperatura. Hasta que amanece. Entonces la luz dura otros 13.5 días. El robot alimenta sus paneles solares y echa a andar sus seis ruedas (puede desplazarse a 200 metros por hora), un brazo mecánico y tres pares de cámaras. Desperezado, es capaz de excavar y de sondear mediante radar a profundidades de hasta cien metros.

Yutu instaló el telescopio de 150 milímetros de Chang’e, el primer observatorio astronómico de largo plazo colocado en la Luna.

De la piedra a la Luna

China, sin duda, ha echado todos sus hierros en el desarrollo de un programa espacial enfilado hacia el satélite. Con la paciencia que caracteriza a su gente, se ha propuesto tres hitos: orbitar el astro, alunizar y, por último, recoger y traer muestras a casa.

Todo comenzó cuando un cohete Chang Zheng (Larga Marcha) puso en órbita lunar con éxito la sonda a Chang’e 1 en 2007, hasta que controladamente fue estrellada en la Luna, 16 meses después.

Ouyang Ziyuan, líder del programa chino, afirma que la fusión nuclear del helio 3 lunar podría “resolver la demanda de energía durante 10 mil años, por lo menos”. (Foto: INSTITUTE OF PHYSICS - IOP.ORG)
Ouyang Ziyuan, líder del programa chino, afirma que la fusión nuclear del helio 3 lunar podría “resolver la demanda de energía durante 10 mil años, por lo menos”. (Foto: INSTITUTE OF PHYSICS – IOP.ORG)

En 2010 salió del Centro Espacial de Xichang la sonda Chang’e 2, desarrollada con el objetivo de recabar datos para el alunizaje en misiones posteriores –como la Chang’e 3– y luego fue redirigida al asteroide 4179 Toutatis, de casi cinco kilómetros de diámetro.

En Pekín, las autoridades de la Administración Estatal de Ciencia, Tecnología e Industria para la Defensa Nacional han anunciado que a finales de 2014 lanzarán la Chang’e 4 con el fin de circunvolar la Luna y regresar a la Tierra. Con esta prueba estarían listos para una aventura más ambiciosa: empezarían en 2017 la misión Chang’e 5, que recogería muestras para traerlas a nuestro planeta.

Pero los chinos buscan más: quieren mandar allá, en un futuro no lejano (2025), a los llamados taikonautas, su equivalente con los astronautas estadounidenses y los cosmonautas rusos.

Mientras, andan preparando también su propia Estación Espacial, la cual debe estar terminada y habitable para el año 2020.

¿Pero qué hace un vehículo teledirigido en la Luna –único en activo, por cierto– cuando en Marte vagan varios? En el planeta rojo se pretende encontrar vida o elementos que indiquen que la hubo, mientras los chinos andan tras la minería.

¿Misión imposible?

Ya la República Popular ha hecho pública su pretensión de explotar la Luna como fuente de energía para la Tierra, al utilizar un extraño isótopo de helio (helio 3) existente en el satélite.

Recientemente, el jefe del Programa de Exploración Lunar de China y doctor en geoquímica, Ouyang Ziyuan, explicó al diario británico The Times que la fusión nuclear del helio 3 podría “resolver la demanda de energía durante 10 mil años, por lo menos”.

Ouyang estuvo cabildeando desde los años 90 para que su nación entrara en la investigación lunar. Su sueño se hizo realidad cuando en 2004 el Gobierno destinó para ese propósito unos 175 millones de dólares y lo designó como líder de ese programa.

“Así como el puro valor científico, la exploración de la Luna podría traer ingresos económicos grandes”, defiende el también miembro de la Academia de Ciencias de China.

Así ocurrirá la minería el helio 3 en la Luna. (Infografía:  EXPLAINING THE FUTURE.COM)
Así ocurrirá la minería el helio 3 en la Luna. (Infografía:
EXPLAINING THE FUTURE.COM)

El helio 3 es un combustible ideal para la fusión nuclear, la próxima forma de generación energética. Esta crea cuatro veces tanta energía como la fisión, hoy en explotación en el mundo, y no acarrea problemas ambientales por los residuos nucleares.

Se estima que las reservas de helio 3 en la Tierra son de 15 toneladas, pero se necesitarían cien anuales para cubrir la demanda mundial cuando se aplique esa tecnología. Por su parte, La Luna tiene reservas evaluadas entre uno y cinco millones de toneladas.

“Cada año tres misiones de trasbordadores espaciales podrían traer bastante combustible para todos los seres humanos”, apostó Ouyang y calculó que el presupuesto que posee (lo mismo que cuestan tres kilómetros del metro de Pekín) es una inversión bastante baja, comparada con los grandes beneficios potenciales.

El helio 3 (He-3) es un isótopo del helio, liviano y no radiactivo, con dos protones y un neutrón. Procede del interior de las estrellas y lo produce el Sol, que lo expele en el viento solar y lo transporta hacia todos los astros de su sistema. Es tan raro en la Tierra porque la atmósfera y el campo magnético impiden que llegue a la superficie. Pero la Luna no tiene capas que evitar y el helio 3 puede ser absorbido golosamente por su suelo.

Según los entendidos, para China lograr este extraño isótopo necesitaría practicar la minería en el satélite en una zona del tamaño de la ciudad de Washington D.C.

Fabrizio Bozzato, experto de la Universidad de Tamkan en Taiwán, recientemente publicó en la Red de Seguridad Mundial que el helio 3 puede ser extraído mediante el calentamiento del polvo lunar a unos 600ºC, antes de traerlo a la Tierra. El gas, según sus cálculos, tiene un valor económico potencial de más de tres mil millones de dólares la tonelada, por lo que, a su juicio, la minería en el satélite sería “completamente viable”.

En cuanto a la misión, científicos estadounidenses han estimado que el desarrollo de la fusión, el desarrollo de cohetes y el inicio de las operaciones supondrían un costo de unos 20 mil millones de dólares a lo largo de dos décadas.

Ya Hollywood había pensado en la minería lunar, pero no contó con los chinos para eso. (Foto: THE TIMES.CO.UK)
Ya Hollywood había pensado en la minería lunar, pero no contó con los chinos para eso. (Foto: THE TIMES.CO.UK)

Con los dedos, a lápiz o con computadora, la cuenta parece cuadrar. La aventura de los chinos en la Luna, así, se antoja superior a la ciencia ficción llevada al celuloide por Hollywood (Armageddon, 1998) con los músculos de minero de Bruce Willis.

O tal vez no solo siga la propia leyenda. Cuentan que Chang’e era una hermosa joven que vivía en el palacio de jade del Emperador en el cielo, donde eran inmortales. Un día rompió un precioso jarrón de porcelana y el soberano, enojado, la expulsó a la Tierra. Allí conoció el arquero Houyi, con quien se casó al convertirse en rey. En busca de la inmortalidad, este mandó a preparar una píldora que Chang’e encontró y accidentalmente tragó. Houyi se encolerizó y fue tras su esposa que para huir, saltó por la ventana y comenzó a flotar hacia la Luna de porcelana. Mientras, el rey ascendió hacia el Sol de helio y construyó un palacio.

Así fue como Chang’e y Houyi se hicieron representantes de Yin y Yang, el equilibrio del mundo, la armonía social y política.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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