La paz y cordura deben prevalecer

Dejó de ser insólita, para convertirse en sumamente peligrosa, la aventura desestabilizadora y militarista de la Casa Blanca, respecto a Venezuela.

Mientras América Latina y el Caribe se pronuncian por una región de paz, cooperación e intercambio comercial recíproco y equitativo, los gendarmes de Washington, ciegos de pasión por la carrera armamentista y sus colosales ingresos, no cejan en su empeño de desprestigiar y destruir al gobierno bolivariano y chavista, el cual asumió el poder en elecciones legítimas, y democráticas.

¿Qué derecho tiene país alguno a apoyar golpes de Estado y violencia fascista contra ciudadanos de otra nación? ¿Cómo reflexionaría el presidente Barack Obama, la Fiscalía, y el Congreso de los Estados Unidos, si desde otro país fraguaran, y además financiaran, golpes de facto y guerras económicas, incluyendo sanciones contra su administración?

Lo primero que haría, seguramente, es condenar la injerencia extranjera en los asuntos internos de su pueblo, el cual lo eligió con una determinada cantidad de votos para ser el dignatario que los representara. Y aunque Obama, u otro mandatario del mundo no ha podido ser elegido por el 100 por ciento de sus compatriotas, estos asumieron y respetaron sus proyectos y planes de vida para los estadounidenses.

En un era de civilización y modernidad resulta contradictorio que existan personas dedicadas a exacerbar el terrorismo y la intimidación contra otros. Ello debe ser rechazado.

Esta zona de América no quiere más guerras ni intervenciones, esas estrategias maquiavélicas de antaño violan flagrantemente el derecho internacional, y no hay pretexto que justifique invasión foránea, alguna.

Si la oposición venezolana renuncia al camino del diálogo y acerca sus posiciones a la de los personajes más ultra reaccionarios del continente, solo tendrá por respuesta el rechazo de sus conciudadanos y de los países vecinos, que están cansados de falacias, despojos, y prepotencia imperial.

Lamentablemente, se aprecia irracionalidad y ceguera política en funcionarios del gobierno norteamericano, esos que desconocen e ignoran profundamente la realidad desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Olvidan la historia y retroceden a la época colonial que tanta sangre costó a los hijos de Bolívar, Martí, Sandino, Eloy Alfaro y muchos otros próceres.

¿Qué sentirían Abraham Lincoln, Malcom X, y Martin Luther Kim, si observasen en este siglo XXI, el atropello y la discriminación que aún subsiste contra los afroamericanos e hispanos en su propia Patria?
Sin dudas, con dignidad y sentido del deber, denunciarían esos actos de barbarie, y reconocerían el derecho de esos ciudadanos a reclamar el respeto a sus derechos humanos. Sin embargo, pocos en Washington denuncian vehementemente las prácticas segregacionistas y racistas que en los últimos tiempos crecen en Norteamérica.

Por tanto, qué moral puede tener EE.UU. para sancionar, condenar y plantear que otros Estados violan cualquiera de los derechos reconocidos en la Carta de la ONU, esa que en ocasiones, quebrantan.

Un ejemplo hipotético: Si en Washington, ciudadanos Indignados con políticas no compatibles con sus intereses, violentaran la paz nacional y utilizaran métodos “guarimberos” y mercenarios, asesinaran personas, y saquearan establecimientos y escuelas, o conspiraran con golpistas que buscan derrocar al gobierno, ¿Qué medidas tomaría la Casa Blanca y los responsables del orden público y el ejército instituido en ese país? Como dice el periodista y comentarista internacional Reinaldo Taladrid, saque usted sus propias conclusiones.

La próxima Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá, quizás contribuya a que los Estados Unidos comprendan mejor los cambios acontecidos en Latinoamérica y el Caribe, orientados a la integración y armonía entre pueblos vecinos. Todo lo contrario a los aires guerreristas y de prepotencia imperial que infortunadamente soplan en el Capitolio estadounidense. Esperemos que se imponga la paz y cordura definitiva, en este hemisferio.

Por Aixa Alfonso

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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