Vitrina de Valonia: la casa de la historieta en Cuba

A la entrada, un Voltus V montado en planchas de cartón de gran tamaño recuerda los tiempos de infancia en los 80, marcados por el anime japonés. Más allá, en una de las amplias salas de la casa colonial, valiosas colecciones de Las Aventuras de Tintín y una edición facsimilar de Little Nemo in Slumberland esperan al más curioso de los amantes del comic.

Los más cinéfilos podrán encontrar y comparar Juego de tronos con el homónimo en historietas; o para los defensores de la cubanidad, hallarán aquí planchas originales de populares animados nacionales.

Resulta entonces la Vitrina de Valonia una especie de panacea para los adeptos a la historieta en la Isla, una manifestación olvidada y menospreciada que desde la intensa labor de este centro se intenta reavivar en la nación.

POR VALONIA…POR EL COMIC

Fundada en el 2006, la Vitrina de Valonia, centro adscrito a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, tiene como objetivo promover la cultura belga y estrechar los lazos de hermandad y cooperación entre ese país europeo y Cuba.

Según explica a Cubahora María Lucía Bernal Delgado, directora de la institución, el propósito, con el tiempo, se concentró en la temática de la historieta, como exponente del patrimonio cultural belga y elemento de fuerte tradición en la isla.

“Desde esta arista efectuamos un amplio programa que incentiva, en los diferentes públicos, el conocimiento sobre el llamado noveno arte”, argumenta.

Bajo tales intenciones poseen la única biblioteca del país especializada en el tema, de obligada referencia para estudiosos, artistas e interesados en la historieta. Su fondo bibliográfico está integrado por más de 1 500 títulos provenientes de Alemania, Argelia, Argentina, Austria, Bélgica, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, India, Italia, Japón, México y Suiza.

“Este espacio sirve a los especialistas de la materia para ampliar sus sapiencias en los diferentes tópicos y líneas estéticas. Para ello contamos con ejemplares desde los orígenes de la historieta hasta números actuales de las más populares obras. Muchos son libros únicos en el país”, insiste Bernal Delgado.

Una enjundiosa colección de historietas infantiles y para adultos (aventura, policiaco, suspenso, ciencia ficción, fantasía y humor) está a disposición del público de lunes a viernes de 9:30 am a 5:00 pm. También disponen de información teórica y técnica para aficionados y profesionales, una apreciable hemeroteca con revistas sobre comic, así como materiales fílmicos sobre esta manifestación artística. “En un futuro aspiramos a convertirnos en centro de documentación de planchas originales de animados cubanos”, agrega la directora.

En este afán por potenciar una cultura del comic en Cuba, la Vitrina acomete un diverso programa con espacios habituales, muestras del mes, conferencias, exposiciones, talleres para niños, adolescentes y jóvenes; encuentros con profesionales tanto nacionales como extranjeros, presentaciones de libros, proyección de audiovisuales, pequeños conciertos y servicio de biblioteca.

En tales acciones han participado, a lo largo de estos casi diez años, importantes historietistas y editores como François Schuiten y Benoit Peeters (Las ciudades oscuras), Pierre Bailly, Timothée Guédon, Olivier Deprez, Tom Tirabosco, Stéphane Heuet (adaptador de En busca del tiempo perdido), entre otros.

De igual forma, dentro de sus proyectos más trascendentales resalta el Laboratorio de Producción (WBI-OHC), del cual han surgido dos libros Soñar La Habana y Crónicas urbanas, este último resultó premio especial del jurado en el Festival Internacional de Historietas de Argel.

A la par, la institución realiza un trabajo extensionista con asesoramiento y exhibiciones en Pinar del Río, Matanzas, Sancti Spíritus y Santa Clara.

S.O.S. DESAPARECEN HISTORIETAS PARA ADULTOS

Aunque la Vitrina de Valonia posee encomiable propósito, su directora María Lucía Bernal Delgado y sus especialistas saben que no deviene tarea fácil. Contradictoriamente, en un país donde las historietas fueron arte habitual, por su amplia presencia, en las décadas de los 60 y 70, hoy están ausentes o cuando más subvaloradas, especialmente las destinadas a jóvenes y adultos.

Cuando en muchos países los comics comprenden una industria lucrativa, en Cuba hay resistencia a la producción nacional del género. “No existe una política editorial que se adecue o potencie la creación e impresión de estos materiales. Ha decaído mucho la manifestación artística, cuando no son temas impuestos”.

El panorama resulta más contradictorio al relacionarse con obras destinadas a adultos. “Hay un rechazo, existen muchos creadores con propuestas guardadas porque las editoriales no se interesan. Algunas esgrimen problemas económicos y otras piensan que no se venderán, no las perciben comercializables de manera rápida”.

Pero la afluencia a la Vitrina de jóvenes parece refutar tal justificación, toda vez que los pocos libros editados bajo este prisma se agotan fácilmente.

La ausencia genera, de igual forma, estragos estéticos y temáticos en las nuevas generaciones. “La poca presencia de una producción nacional conlleva a que los noveles creadores asuman las líneas foráneas y estas a su vez influyan en sus propuestas. Y no siempre lo que encuentran tiene buena calidad”, espeta Bernal Delgado.

“Aunque siempre es difícil competir con la producción del manga y el anime japonés, si tuviéramos algo propio cuantitativa y cualitativamente apreciable, los muchachos tendrían dónde escoger y tal vez defender estilos autóctonos”, considera la especialista.

Asumir el género conlleva, pues, habilidades plásticas, literarias, aunque comúnmente los historietistas son despreciados pues no son “ni pintores ni escritores”. “Pero cuán difícil resulta lograr ese maridaje entre grafía y guión, entre la visualidad y el diálogo. Son artistas del dibujo que lo hacen todo, o se alían con guionistas o ilustradores en dependencia de cuál habilidad desarrollan mejor”, aclara la historiadora del arte.

En este panorama, pocas instituciones culturales y educativas conciben a la historieta como un catalizador para adquirir conocimientos. Contar pasajes históricos, mostrar métodos educativos, posicionar a debate un tópico polémico en la sociedad actual puede encontrar caminos insospechados en los comics cubanos.

Por Mayra García Cardentey

La Vitrina de Valonia se encuentra en la calle San Ignacio No. 356 entre Muralla y Teniente Rey en la Plaza Vieja. (Archivo de la Institución)
La Vitrina de Valonia se encuentra en la calle San Ignacio No. 356 entre Muralla y Teniente Rey en la Plaza Vieja. (Archivo de la Institución)
La Vitrina de Valonia fue fundada en el 2006 con el objetivo promover la cultura en Cuba. (Archivo de la Institución)
La Vitrina de Valonia fue fundada en el 2006 con el objetivo promover la cultura en Cuba. (Archivo de la Institución)
Juan Padrón en la Vitrina de Valonia. (Archivo de la Institución)
Juan Padrón en la Vitrina de Valonia. (Archivo de la Institución)
La Vitrina de Valonia es una especie de panacea para los adeptos a la historieta. (Archivo de la Institución)
La Vitrina de Valonia es una especie de panacea para los adeptos a la historieta. (Archivo de la Institución)

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cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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