Trotar a su aire

Por DELIA REYES GARCÍA
Fotos: MARTHA VECINO ULLOA

Con no pocas piedras en el camino, La Guabina alcanza los mejores índices de gestación del país en las razas Pinto cubano y Appaloosa.

En un entorno privilegiado de la geografía pinareña se encuentra el rancho La Guabina, con unas 105 caballerías de extensión, surcadas por el río Guamá. Acunada por las codilleras, más de medio centenar de especies endémicas encuentran refugio en los altos pinares. En las partes llanas de la finca se reproducen dos razas: Pinto cubano y Appaloosa, las cuales representan alrededor del seis por ciento de la masa total de equinos del país.

Un puente colgante une las dos áreas destinadas a la cría de los caballos. A un extremo del afluente, a cielo abierto, grandes potreros cercados e independientes, donde pastan yeguas gestadas y otras paridas con sus vistosos críos; el confortable establo donde abrigan a los sementales y hembras en celo; los corrales donde paren, o las resguardan al anochecer; además del cepo, donde cada día, bien temprano se revisan las potrancas, justo a pocos metros de la enfermería.

En La Guabina, dos razas: el Pinto Cubano y la Appaloosa
En La Guabina, dos razas: el Pinto Cubano y la Appaloosa

En La Guabina, dos razas: el Pinto Cubano y la AppaloosaAl otro lado, los amplios corrales para animales en destete, donde son cuidados hasta alcanzar los tres años. Entonces se comercializan, en el caso de machos o yeguas que no clasifiquen en la selección para la reproducción.

Es visible el esmero con que laboran estos trabajadores de la Unidad Empresarial de Base (UEB) La Guabina, perteneciente a la Empresa Provincial de Flora y Fauna de Pinar del Río. Ese cuidado no solo es apreciable en el aspecto físico de los 327 équidos que atesoran, de ellos 105 yeguas en reproducción. También es notorio en los limpios caminos, las cercas y cuarterías pintadas, los bellos jardines, y más.

Un amplio sombrero de yarey protege del sol a Juan Nazco Guerra. Como muchos campesinos, es de pocas palabras, y al decir de sus compatriotas, “de mucho hacer”. Él es fundador de La Guabina, y allí permaneció trabajando por “un montón de años”. Ahora ocupa la responsabilidad de jefe de producción de la empresa.

Nadie mejor que Nazco conoce los secretos de la cría de caballos, y también la calidad humana de los obreros. Por eso, reconoce sin rodeos: “aquí hay un grupo de gente muy buena, con mucho sentido de pertenencia. Trabajan con mucho amor. Los resultados de esta finca van en ascenso”.

Allí laboran 145 trabajadores, organizados en 11 brigadas. Un grupo de ellos vive dentro de la propia finca, en la comunidad que lleva el mismo nombre. Otros llegan bien temprano en la mañana desde lugares más distantes del municipio. Un transporte propio garantiza los viajes diarios.

En la cuadra trabajan con los sementales y las  yeguas en celo
En la cuadra trabajan con los sementales y las yeguas en celo

De cómo saben también poner al mal tiempo buena cara, comenta Félix Bilau, director de la UEB. “Hemos pagado deudas atrasadas. En estos momentos estamos ingresando 242 mil pesos mensuales. Pedimos un crédito destinado al desarrollo porcino, y ya lo liquidamos. El presupuesto que nos asignan cubre los gastos para la reproducción y cuidado de los equinos, pero tenemos que ser rentables en todo lo demás. Bajamos el costo por peso planificado. Se ha mejorado la entrega de ropa y calzado a los trabajadores, así como la alimentación tanto del personal, como la que se adquiere con destino animal. Alcanzar mejores resultados dependerá de nosotros mismos”, sentencia.

En la cuadra de los sementales, el médico veterinario Reinaldo Fernández Menéndez, profundiza en la importancia del trabajo que realizan con los equinos. “El objetivo de nosotros es conservar y reproducir las dos razas. Ellas, que solamente representan alrededor del seis por ciento del total de la masa genética del país, es como si fueran especies en peligro de extinción. Por eso la tarea es multiplicarlas”, dice mientras acaricia la cabeza de uno de los ejemplares.

“Este es un colectivo muy esforzado. Esa es la mayor fortaleza”. Y a pesar de variadas dificultades y carencias materiales para alcanzar superiores logros en el manejo genético, “aquí nos mantenemos contra viento y marea. La mayoría ha echado los dientes cuidando estos animales”, resume en tono jocoso el también fisiopatólogo del rancho.

En el cepo, la veterinaria realiza el diagnóstico  del embarazo. Si tuvieran un equipo de  ultrasonido, el examen sería menos  trabajoso y más eficaz
En el cepo, la veterinaria realiza el diagnóstico del embarazo. Si tuvieran un equipo de ultrasonido, el examen sería menos trabajoso y más eficaz

Maridaje virtual

Los rayos del sol iluminan la mañana cuando con rítmico paso se acerca la potranca Espumosa al área de enfermería, guiada por su cuidador Yubisney Echevarría. Mansa entra al cepo donde la veterinaria Aniuris del Pino realizará el diagnóstico de gestación.Mientras sujeta la cola de Espumosa, explica el veterinario Reinaldo Fernández que la forma más segura para gestarlas es la inseminación, así evitan trastornos y enfermedades, tanto para el semental como para las yeguas.

Cuando la hembra entra en celo, se aparea con el semental más idóneo. Permanecen juntos en el establo, pueden mirarse, olerse, pero no tener contacto físico. Es un apareamiento virtual. “Somos muy puntillosos en el manejo de los animales. Por eso el año pasado tuvimos el 80 por ciento de gestación, el mayor índice del país”, refiere Reinaldo.

Algo muy conveniente también, argumenta, es refrescar la sangre de los patios, por ello la empresa compró sementales nuevos. Así se evita por todos los medios la consanguinidad, de lo contrario salen trastornos genéticos, malformación en las extremidades, menos resistencia física, y pierden colorido las llamativas manchas que identifican a ambas especies.

El mejor tiempo para gestar las yeguas es una disputa en Cuba. Así lo reconoce la veterinaria Aniuris del Pino. “Como no tenemos variaciones marcadas en las estaciones, muchos piensan que las yeguas presentan celo en cualquier época. Y no es así.

“A partir de la experiencia acumulada por 10 años en la finca, realicé la tesis de licenciatura sobre este asunto, y los meses de mayor celo y gestación están entre marzo y julio. Y el de más probabilidades, junio. Porque ocurre el solsticio de verano, es decir, el día más largo. Amanece más temprano y oscurece más tarde. Hay más luz, y como las yeguas son foto periódicas, eso influye en el hipotálamo y se producen más hormonas. Igual sucede para el resto de los equinos. A los machos también les da más vitalidad”, asegura la joven.

Madre e hija disfrutan de un buen chapuzòn
Madre e hija disfrutan de un buen chapuzòn

A los juicios de la veterinaria agrega Reinaldo que la reproducción en el equino es bien difícil, porque las yeguas pueden abortar con mucha facilidad si sufren estrés, carencia de agua o alimento. “Por eso son bien cuidadas. Cada una tiene su historia clínica, un tarjetón donde se controlan los nombres del padre y la madre, el semental con el que fue apareada, la evolución del embarazo”.

Para evitar cualquier casualidad en el manejo genético de las razas toman medidas de extrema precaución. En tono jocoso, comenta Reinaldo que los caballos que cabalgan los monteros están castrados, “así se evita que brinquen las cercas, peguen un tarrito, y luego salga algo que no esperábamos”.

La finca se ha caracterizado por tener animales de alto valor y buenos resultados en ferias, en particular la de Rancho Boyeros, donde prácticamente conquistan todos los lauros en las dos especies que crían. También abastece de sementales a otros ranchos de Camagüey, Holguín y Villa Clara.

No tan dóciles

Gran campeona de la Feria de Boyeros
Gran campeona de la Feria de Boyeros

Debajo del frescor de la arboleda, en uno de los potreros donde reposan tranquilas las yeguas con sus críos, el montero Yunior Gómez tiene sobradas razones para reconocer que los caballos son parecidos a los humanos, “también tienen su temperamento, y días malos”.

Para demostrarlo, enseña una cicatriz de 18 puntos en el abdomen. “Fue una patada de un caballo. Le estaba cepillando la cola, y por poco me mata. Nada más de recordarlo se me pone la piel de gallina”.

De eso hace pocos meses. Cualquier otra persona, después de aquello, no hubiese querido ver un equino ni en pesadillas. Pero Yunior nació allí en la comunidad La Guabina, dentro del rancho. Y lo primero que pidió, cuando aprendió a hablar, fue que lo montaran en el lomo de un pinto.

“Muchos pensaron que no lo montaría más, pero aquí me ven. Porque no hay nada mejor que trotar, a tu aire, en un buen caballo”.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: