La historia de Waris Dirie, la tragedia de millones

Por Mayra García Cardentey

Durante mucho tiempo tras el luminoso rostro de Waris Dirie, todos veían la flamante exactriz y modelo somalí. La imagen de Chanel, Revlon, Benetton; el físico de Levis. La chica exitosa que todas las niñas sueñan ser cuando grandes. La vida fashion y de pasarelas que, incluso, muchas adultas desean para ellas mismas.

Waris Dirie fue más, es más. Su historia pudiera competir con la novela isabelina más trágica. Cuando la artista reveló públicamente en 1995 que había sufrido mutilación genital femenina (MGF), con la edad de cinco años, el mundo se escandalizó. Cuenta en uno de sus libros autobiográficos, que no rebasaba el tamaño de una cabra, cuando sujetada por su madre, le seccionaron el clítoris y parte de la vagina. Solo le dejaron un pequeño orificio para orinar y menstruar.

Una tragedia confesada. El mundo se horrorizó, porque Dirie era lo suficientemente famosa como para hacer que el tema importase.

Aunque si se fuera a ser justos, hace muchos años, décadas, las comunidades internacionales pudieran haberse sensibilizado. Por mediados del 90 ya eran millones las niñas y jóvenes que sufrían de ablación.

Pero la odisea de Dirie fue la más conocida, marcó los trending topic de finales del siglo XX, e inicios del nuevo milenio. Fue replicada, multiplicada…olvidada también. Porque los países no se acaban de poner de acuerdo, de conjunto, para que de aquí al 2030 más de 80 millones de menores y adolescentes no sufran de mutilación femenina.

Existen cuestiones y estrategias que organizaciones humanitarias por sí solas no pueden erradicar. Hay dilemas que son asuntos de Estado, deber de nación. Son todavía millones de mujeres que sufren en África, Asia y algunos países de América, e incluso en algunas comunidades de inmigrantes en Europa….Aunque esos millones, en muchos casos, pasan imperceptibles, no son tan célebres como Waris Dirie.

NÚMEROS TRISTES

A veces con esa vocación de comunicación estadística, las historias de ignominias se reducen a números y por cientos. Igual, causan impacto. No es fácil reconocer que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 130 millones de niñas y mujeres han padecido de ablaciónen los 29 países de África y Oriente Medio donde se concentra esta práctica; que cada año en el llamado continente negro unos tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir algún tipo de circuncisión; que cada día unas 8 mil infantes, que oscilan entre uno y 15 años, están propensas a extirpación parcial o total de los genitales; que cada minuto, cuatro menores son privadas del clítoris antes, incluso, de que puedan entender su propia sexualidad.

Ni siquiera hablar de millones de afectadas, brinda una total dimensión de la oprobiosa práctica. Hay que ponerles nombres y relatos a los números. Hay que explicar. Hay que decir que les quitan la ropa, las fuerzan a abrir las piernas y les escinden salvajemente las fracciones exteriores de los genitales. Hay que insistir: en la mayoría de los procesos utilizan piedras afiladas, cuchillos, tijeras, hojas de afeitar, cualquier cosa filosa. Y en pocas ocasiones, con anestesia.

No existe justificación para tamaño acto. Ni siquiera el respeto por una tradición cultural o por considerarse un rito ancestral de iniciación de las niñas en la edad adulta. Mucho menos, aquellos arcaicos pensamientos de “controlar la líbido” de las mujeres y así prevenir la infidelidad a su futuro marido. No son motivos tampoco supuestos valores estéticos, de salud o religiosos. Muchos de estos nada comprobables.

NOSOTRAS PUDIMOS SER UNA DIRIE

La mutilación genital femenina es una violación fundamental al derecho de las niñas. No tiene otro calificativo. Resulta una acción de índole machista y discriminatoria que irrespeta la igualdad de oportunidades para ellas. Es tortura, crueldad, degradación humana injustificable.

Físicas y psicológicas pueden ser las consecuencias: infecciones, septicemia, traumatismo, coitos dolorosos, infertilidad, incontinencia urinaria…La lista es inmensa.

Es un ritual peligroso y añejo del cual ya muchas naciones, aunque tarde, toman conciencia y partido. En diciembre de 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución sobre la eliminación de la ablación. De igual forma, cada 6 de febrero se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.

Algunos países defensores de este hábito, juegan otras cartas en el asunto. El pasado 9 de junio de 2015, Nigeria se convirtió en el vigesimotercer país en prohibir la MGF. Pero falta, aún quedan 29 naciones en África y Asia que mantienen esta aberrante costumbre.

Erradicar este tipo de tradición necesita de esfuerzos fusionados y sistemáticos; no solo fechas, y fundaciones específicas. Resulta imprescindible involucrar a toda la comunidad internacional, para actuar colectivamente en aras eliminar un problema de todas y todos. Es una lucha de derechos sexuales, derechos civiles, humanos.

La refinada y espiritual Waris Dirie, es embajadora de la ONU contra la ablación. Dedica todos sus esfuerzos a luchar contra la lacerante usanza. Es la mejor cara, si se puede tener alguna, del fenómeno. Es una superviviente exitosa.

Pero no todas son la flamante exactriz. Existen historias ocultas, por contar, sin terminar. Y muchas, en esta parte de América, aparentemente lejana de dicha barbarie, no prestamos atención todo lo que deberíamos, no militamos en un activismo más enérgico en defender los derechos de la otra, que son los nuestros también.

Porque engrosar una estadística, ser una Dirie, es cuestión, a veces, de ruleta geográfica. De nacer allá y no acá. Quizás de ser así, yo estaría entra cabras en Somalia, mutilada y a punto de casarme con un hombre que cree en la “belleza y virginidad” de mis genitales seccionados. Y otra periodista estaría escribiendo esta historia.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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