Atilio Borón: “No ha concluido el ciclo progresista en América Latina”

Por Hassan Pérez Casabona

En los últimos meses se ha producido un envalentonamiento de la maquinaria monopolista transnacional, a partir de las victorias alcanzadas en varios países de la región por representantes de la derecha neoliberal, que prosiguen despreciando  –más allá de los ropajes con el que aderezan sus campañas electorales-  a las capas populares que, mediante diferentes vías, se empoderaron en el período reciente en América Latina.

En verdad, parafraseando el estribillo de una canción de la colombiana Shakira, los vilipendiadores de siempre, cuyo proyecto de país ha estado enfilado inexorablemente a los designios de Wall Street, estaban “rabiosos” desde que, en febrero de 1999 un joven mestizo, que no había cumplido todavía 45 años, asumió la banda presidencial en el Palacio de Miraflores, impresionando a la opinión pública que siguió con atención los pormenores de la ceremonia, al expresar “Juro, sobre esta constitución moribunda, que no dejaré de batallar por mi pueblo”.

Renacía así, en la figura del inolvidable Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, el ideal bolivariano que brotó en el Juramento en el Monte Sacro, y que los escuálidos venezolanos y del resto de las naciones, se empeñaron en confinar en el sepulcro dado al Libertador, en el Panteón Nacional caraqueño.

En verdad los pitiyanquis no estaban acostumbrados a perder en las urnas (dicho de otra manera, las elecciones eran un ente funcional a las aspiraciones de esa élite por preservar sus privilegios centenarios) pues, desde el triunfo de Salvador Allende con la Unidad Popular, en 1970, fueron prácticamente nulos los casos en que movimientos progresistas tomaron el poder político mediante este procedimiento.

Todavía más -ahí está la derrota sufrida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ante la Unión Nacional Opositora (UNO), de Violeta Barrios de Chamorro- el sufragio fue empleado para desarticular proyectos de marcada raigambre popular.

La ecuación  es simple: tratar, en primera instancia, de que los pobres no acudieran a los sufragios –al no contar millones de personas en el continente con cédulas electorales por las cuales debían pagar, entre otras limitaciones, eran invisibilizados de toda forma de participación- y, una vez enrolados en la contienda, emplear todos los artilugio posibles para manipular y confundir a una masa, que fue privada durante decenios del acceso a los conocimientos históricos, políticos y culturales.

Los pueblos, sin embargo, son portadores de una sabiduría, un sexto sentido, que no puede suprimirse -independientemente de esas artimañas- y logra despertar en circunstancias concretas específicas.

Fue así que el teniente coronel que encabezó el alzamiento cívico-militar del 4 de febrero, ganó la simpatía de la población cuando, con honor y vergüenza, pronunció la profética frase de “Por ahora”, surgida en realidad de la indignación que provocó la oleada neoliberal en nuestros pueblos, y que tuvo en el “Caracazo” ocurrido durante la administración de Carlos Andrés Pérez, el detonante que echó a rodar definitivamente las bases de la Revolución Bolivariana. [1]

Desde entonces, el renacer que significó el chavismo encontró prolongación (lógicamente adecuadas las aspiraciones emancipatorias a las peculiaridades de cada nación) con los triunfos de Lula, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega o Manuel Zelaya, incorporándose a la épica resistencia de la Revolución Cubana que, en los instantes más complejos que puedan concebirse, se erigió como baluarte inquebrantable del socialismo, y enarboló las banderas de la redención social y la lucha por conquistar toda la justicia.

“Un principio justo desde el fondo de un cueva puede más que un ejército”.

José Martí, el más universal de los cubanos y paradigma del combate por la independencia de lo que él denominó “Nuestra América”, alertó con razón que “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. Desde esa óptica el intercambio de ideas constituye una de las fortalezas a las que no renunciaremos jamás,  en el afán de esclarecernos sobre lo que acontece y pertrecharnos de argumentos para una batalla que, contrario a lo que consideran los adversarios en su desenfreno, está lejos de haber culminado.

Ese fue el espíritu que animó, en la tarde del 26 de abril, la presencia del reconocido politólogo Atilio Boron, entre un nutrido grupo de profesionales de las ciencias sociales, congregados en la sede del Instituto de Filosofía. El destacado pensador argentino -que encarna de la gorra a los spikes, beisboleramente hablando, el hálito gramsciano del verdadero intelectual orgánico- compartió con el auditorio, como ha hecho en otras ocasiones, reflexiones que brotan combinando el rigor científico con el compromiso militante. “De no actuar así, confesó, no sería consecuente con mi identidad ideológica”.

Atilio, de visita en nuestro país a propósito del Seminario Científico que tiene lugar en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, tituló su exposición “La coyuntura actual en América Latina”, respondiendo de esa manera a la invitación que le formularon los doctores Isabel Monal, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, y Gilberto Valdés Gutiérrez, al frente del Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (Galfisa), quienes actuaron además como coordinadores del intercambió que se generó, luego de la exposición inicial de la distinguida personalidad.[2]

Desde el comienzo dejó claro el eje central de su presentación: “No ha concluido aún el ciclo progresista en América Latina. Es prematuro afirmar lo contrario, con independencia de que se aprecie cierta desaceleración del impulso que emanó con el arribo de Chávez a la presidencia”.

Adentrándose en el devenir histórico de la región, desgranó varios elementos teóricos y  conceptuales que permiten entender, de un lado, el crecimiento experimentado durante estos años por las fuerzas populares y del otro,  la actuación de las clases dominantes que no se resignan a abandonar el estatus de encumbramiento, desde el que dieron riendas sueltas a los desmanes que le garantizaron esquilmar a las grandes mayorías.

En esa línea hizo una evaluación de los acontecimientos ocurridos en su país a principios de este siglo (el estallido del `corralito financiero´ y otras acciones desencadenaron en poco tiempo una crisis en la que se sucedieron varios gobiernos) que derivaron en la elección de Néstor Kirchner. Explicó también cómo la oligarquía brasileña tomó nota de ese desenlace, atemorizada al mismo tiempo porque algo de esa envergadura encontrara eco en sus predios, signado por una desigualdad galopante (no soslayemos que el propio Banco Mundial reconoce que los gobiernos del Partido de los Trabajadores sacaron de la pobreza a 25 millones de brasileños), algo así como entrar a un polvorín con un fósforo encendido.

Se refirió igualmente al golpe contra Chávez, del 11 de abril del 2002 –con la participación de Fedecámaras 3] y los medios de difusión actuando como partidos políticos-  y su posterior ramificación petrolera en las postrimerías de ese año (fueron cruciales en el enfrentamiento a la gerontocracia de Pdvsa y a los desestabilizadores en general, la postura vertical fijada por Chávez en su intervención en el III Foro Social Mundial, celebrado en Porto Alegre en enero del 2003), encaminadas ambas maniobras no solo a derrocar el gobierno bolivariano, sino a cercenar el extraordinario ejemplo que ya constituían las transformaciones en tierras morochas.

El esfuerzo desplegado en la Cumbre de Mar del Plata, en noviembre del 2005, donde se impidió que el Alca se enseñoreara del Bravo a la Patagonia,  redundó en una victoria trascendente, que marcó un hito que continúa inspirando las emociones más puras  a nivel regional. Un año antes, el 14 de diciembre del 2014 en el Karl Marx de la capital cubana, Fidel y Chávez se fundieron en un abrazo, que cambiaría para siempre la percepción integracionista con el nacimiento del Alba, exactamente una década después de que el Comandante en Jefe recibiera al revolucionario, recién salido de la cárcel, cuya mente era un hervidero de ideas que, con el tiempo, pondría en práctica para materializar lo planteado por Bolívar en la Carta de Jamaica.

Después del fiasco que se llevó en el balneario gaucho, el imperio (no se desdibuja el rostro iracundo de George W. Bush) reconfiguró su estrategia, impulsando tratados bilaterales con diferentes países, como los que suscribió  con Colombia, Perú, y varias naciones centroamericanas y República Dominicana (conocido como 5+1).

En otro momento, como parte de un arsenal donde tienen cabida fórmulas insospechadas para acabar con los procesos alternativos, se apostó nuevamente por la mano dura (el embajador venezolano Roy Chaderton Matos lo catalogó como el retorno a la escena de los gorilas) arremetiendo en Tegucigalpa contra Mel Zelaya, el 28 de junio del 2009, y en Quito, con la policía como punta de lanza, contra Rafael Correa, el 30 de septiembre del 2010. En el 2012, ensayando lo que tiene lugar ahora en Brasil, una jugarreta parlamentaria saco de la presidencia en Asunción a Fernando Lugo. Boron destacó, cuestión que muchas veces pasa inadvertida, la importancia estratégica de Honduras y Paraguay para la movilización de fuerzas norteamericanas hacia América del Sur.

El analista –cuyo texto América Latina en la geopolítica imperial obtuvo en el 2013  el Premio Internacional al Pensamiento Crítico Libertador (que otorga el Ministerio del Poder Popular para la Cultura venezolano)- explicó como, si se cuentan las oficialmente registradas, unas 850, y aquellas que no están declaradas, otras 180, Estados Unidos supera las mil bases militares acantonadas en todo el orbe; unas 80 en Latinoamérica. En estos instantes, consignó, le dan prioridad  a instalaciones militares más pequeñas, concebidas como puntos de apoyo que los distingue una pista de aterrizaje operacional, comunicaciones satelitales y amplio suministro de combustible.

“Si el imperialismo, meditó en voz alta,  la emprendiera por ejemplo contra Venezuela (error de incalculables consecuencias porque incendiaría por completo la pradera revolucionaria, con repercusiones globales) necesitaría que la IV Flota se reagrupara en Honduras; en Palanquero (una de las siete bases instaladas en Colombia) y luego en Paraguay, desde donde, por cierto, tiene la posibilidad de proyectar esas fuerzas hasta lo más austral del continente”. [4]

Destacó que la guerra económica contra Venezuela es algo brutal, con proporciones  superiores a lo ejecutado contra el Chile de Allende, país en el que Atilio vivió en esa fecha.

“Porque está humanidad ha dicho basta y ha echado a andar”.

 “La victoria de Macri fue una lluvia del cielo para Estados Unidos”, dijo Atilio Borón

Haciendo una disección de las elecciones en Argentina del 22 de noviembre (uno de los temas que despertó mayor número de interrogantes de los asistentes en un segundo momento, las que respondió con amplitud en cada caso) consideró que “la victoria de Macri fue una lluvia del cielo para Estados Unidos. Ello explica la visita de Obama, a solo cien días de que tomara posesión, algo totalmente inusual. El actual mandatario sudamericano se convirtió –se avizoraba desde la propia campaña, cuando arremetió contra Venezuela abogando por la liberación de Leopoldo López- en el sustituto de Álvaro Uribe,  sumamente desprestigiado para proseguir desempeñando las funciones que el imperio le reservó”.

“Es necesario, añadió, realizar una evaluación crítica de los fallos en cada proceso. Es clave, en ese sentido, todo lo relacionado con las estrategias de comunicación. La derecha actúa con flashazos, concentrándose en lo instantáneo. Macri siguió al pie de la letra lo que le plantearon sus asesores. No se exaltó, no subió el tono de voz en los debates y, sobre todo, no explicó nada. Cada vez que hubo una pregunta de fondo se refirió a experiencias de vida, hablando de su pequeña Antonia y de otras cuestiones personales, pero no tocó la médula de ningún asunto. Desafortunadamente esa estrategia funcionó”.

Profundizando en la nueva atmósfera asociada a la presencia de la era digital, puntualizó: “muchos jóvenes en América Latina, al igual que en la mayoría de las zonas geográficas del mundo, no miran siquiera la televisión y mucho menos leen la prensa. Su única conexión con el mundo es a través de Internet, las redes sociales y el uso de los smart phone. En ese terreno no sabemos manejar bien la pelea. Estamos abocados a crear cibermilitantes, brigadas de twiteros y otras opciones que nos pongan en contacto con el campo de lucha fundamental, que impone la contemporaneidad. El vicepresidente boliviano Álvaro García Linera reconoció, en un trabajo publicado también en Cuba que, en la derrota sufrida en el referendo del pasado 21 de febrero, ellos descuidaron ese frente”.

“Otro error cometido es creer que la expansión en el consumo genera lealtad política. Ya no es como en el pasado, donde se aceptaba que emprender acciones sociales proporcionaba apoyo político. Esa no es una relación lineal en esta etapa. Por ello la derecha no pierde oportunidad de plantear que las políticas sociales son una compensación, que no resuelve los problemas y que lo que hace falta es trabajo, asociado fundamentalmente a las supuestas `bondades” de la inversión extranjera. Todo ello aprovechando la existencia de un contexto en el que muchas personas aspiran a transformaciones, pero sin identificar en qué sentido. Se trata de un cambio por el cambio que la derecha capitaliza a su favor”.

Ante la interrogante que el propio Atilio formuló, de que si era esta una redición de los 90´, con los Salinas de Gortari en México, Menen en Argentina o La Calle e Uruguay, su respuesta fue tajante. “No, es algo diferente. En las postrimerías de la centuria anterior EE.UU., estaba en el apogeo de su hegemonía, con la caída de la URSS y la globalización neoliberal presentada como panacea. Todos declaraban su apoyo al Consenso de Washington, hasta mi viejo profesor en los 60´ Fernando Enrique Cardoso. Por aquella etapa se puso de moda una frase que resumía el sentir de esos gobernantes: `Dentro de la globalización no hay alternativas; fuera de ella no hay salvación”.

Fundamentando su afirmación, agregó “Ahora no es así. Ya no se habla de la `superpotencia solitaria´. Ellos llegaron a crear aquella fundación bautizada como Proyecto para el Nuevo Siglo Americano. Acabo de leer un análisis muy interesante en la mañana sobre Donald Trump, que sugiere que la propia campaña de este outsider que dice lo que quiere, y al que los medios le hacen propaganda por sus constantes excentricidades, confirma el fin de esa supremacía. El multimillonario, que marcha delante por los republicanos, tiene como slogan `Hagamos a América grande otra vez´, lo que entraña el reconocimiento de que ya no son lo que fueron antes, algo que hace tiempo señaló nada menos que un hombre como Zbigniew Berzezinski”. [5]

Comentando sobre el complejo entramado planetario, y algunos de los desaciertos del imperio, expresó “hoy Rusia, que siempre fue un actor de vanguardia, lo mismo en época del zarismo que después del triunfo de la Revolución de Octubre, cuyo centenario conmemoraremos el próximo año, está de vuelta. Ellos la daban por muerta, lo que evidencia una enorme ceguera. Es una nación gigantesca, que posee la mayor reserva de agua y dispone de una cantidad colosal de gas y petróleo, además de que es la segunda potencia nuclear”.

Ante un público que captó los matices de su lógica expositiva, Boron incorporó nuevos elementos, desde la intimidad que le proporcionó sentirse entre colegas. “Hay que tener en cuenta la aparición de los Brics y, principalmente, de la alianza entre Rusia y China. Volviendo a Berzezinski éste pronosticó que ello era poco probable que sucediera pero que, de concretarse, sería nefasto para los intereses norteamericanos. El centro de gravedad de las Fuerzas Armadas norteamericanas está hoy en el Pacífico, y no en el Mediterráneo ni en el Atlántico, como antes. Recordemos la importancia que le prestó EE.UU., a la abrogación del artículo que limitaba el despliegue militar en la constitución japonesa o, por citar otro ejemplo, a la firma de un acuerdo militar con Australia”.

A escala mundial, consideró que el poderoso vecino norteño tiene tres grandes desafíos que solventar. “El primero, lo concerniente al Medio Oriente, donde el tema del Estado Islámico simplemente se les fue de las manos. Las guerras no se ganan con drones y bombardeos. Ello sirve para destruir una ciudad pero, irremediablemente, hay que enviar tropas, como hacía Hitler, si quieren aspirar a controlar la situación. El segundo está relacionado con Ucrania y supone un reto enorme, pues el presidente Putin estableció los límites para la OTAN. En el Mar del Sur de China, con reservas petroleras que se disputan China y Japón, está la tercera encrucijada”.

“Es en este contexto, apostilló sin ambages, que EE.UU., aspira a controlar la región. Tiene un patrón, que para nada es resultado de la improvisación, pues comenzó hace más treinta años durante el gobierno de Reagan,  al que le incorporan nuevos elementos. [6]. No se trata exclusivamente de una u otra figura pública, sino de aquellos que no vemos y no conocemos sus nombres y que poseen un peso real en el diseño de cada política. Sus fantasías siguen siendo, como diría uno de los oficiales superiores, manejar a toda el área como una `gran isla americana”, donde no existan gobiernos díscolos que entorpezcan esa concepción macabra.

“Recordemos que el anterior jefe del Comando Sur, John Kelly, expresó sin ruborizarse que estaban listos para intervenir en cualquier sitio donde hubiera una crisis humanitaria, término que obviamente acomodaran a sus conveniencia para legitimar cualquier aventura bélica. No ha desaparecido tampoco la labor tenebrosa de la Agencia Central de Inteligencia (Cia), la Usaid o la Ned, en funciones subversivas y desestabilizadoras”. [7]

“Debemos andar como cuadro apretado en las raíces de los Andes”.

Abordando aspectos que catalogó como novedosos en el período reciente, resaltó “la emergencia de un sentimiento diáfano de carácter antiimperialista y anticapitalista. Apareció con  nitidez la idea de que el capitalismo es una fuerza opresora y que América Latina tiene una unidad de destino. Hasta hace 20 años hablar de ello era apenas una evocación, una retórica agradable para muchos, que nos consolaba y brindaba ánimos pero no era real. En el presente, ese sentimiento cobró cuerpo en Telesur, Petrocaribe, el Alba, Unasur, la Celac. Se produjo, gracias a la lucha librada, la transformación de una idea abstracta, casi una entelequia, en una concreción. Ya nadie puede decir como blasfemó Ricardo Lagos en Chile `Adiós América Latina´”.

Convencido de la importancia de no desmayar la movilización política, ni abandonar ningún frente, declaró “Existe un bastión cultural sólido que no se puede ignorar. La prédica revolucionaria de Fidel y Chávez prendió en terreno fértil. De repente, puede resurgir el ciclo que los enemigos se apuran en decretar su muerte. Podrían retornar incluso, Lugo o Zelaya y tener continuidad Evo y Correa con sus representantes.  El exvicepresidente ecuatoriano Lenin Moreno, candidato futuro de la Alianza País, tiene una intención de voto que supera en un 30 % a los representantes de la derecha, algo similar a lo que ocurre con Lula, que encabeza las encuestas de cara al 2018, por delante de Marina Silva y Aecio Neves”.

“La matriz de lo que ocurre con Dilma, Lula o Cristina es una vendetta con el fin de inhabilitarlos para el ejercicio de cargos políticos, allanándose de esa forma el camino para sacar del juego al Partido de los Trabajadores y el Frente para la Victoria. Es por eso que, más que nunca, se impone la unidad como divisa esencial. Si te divides quedas a merced del enemigo. En este, como en tantos asuntos, hay que tener presente el legado de Fidel y Chávez. Es necesario sumar, incluir nuevas fuerzas al combate y saber escuchar. Es vital establecer una relación apropiada entre los gobiernos, los movimientos sociales y los partidos políticos. Chávez promovió, otra muestra de su excepcionalidad, las Cumbres de los Pueblos como un espacio de incalculable valor. Es absurdo pretender que en América Latina serán efectivos los cambios, únicamente desde el aparato estatal. Están también las enseñanzas de Gramsci a las que hay que volver una y otra vez”. [8]

La Revolución Cubana, dijo con admiración, continúa siendo un referente ético y político que demuestra que es posible resistir y vencer cualquier penuria económica, si hay claridad de acción y convergencia estratégica entre la vanguardia y el pueblo.

Notas, citas y referencias bibliográficas.

[1] Sobre esto contó el querido presidente: “A partir del Caracazo se sabía que algo iba a ocurrir. Se veía venir. El país entró efectivamente en una situación que podemos calificar de prerrevolucionaria. Incluso es posible que, si no se hubiese producido la rebelión nuestra del 4 de febrero, Venezuela hubiera caído más adelante en un aguerra civil. No sé si jugué un papel particular en ese momento; lo cierto es que una serie factores me colocaron en una posición decisiva…Fidel siempre me dice `Chávez, ¡cuídate! Si te pasa algo, esto se lo lleva el diablo´ Creo que exagera. Él piensa también que, en ciertas circunstancias, algunos individuos tienen un papel cristalizador, y sin ese elemento casi químico, en definitiva, el proceso no se produce, no fermenta”. Hugo Chávez: Mi primera vida (Conversaciones con Ignacio Ramonet), Editorial José Martí, La Habana, 2014, p. 482.

[2] La doctora Monal recibió ese lauro en 1999. Este premio es el máximo reconocimiento que se le otorga a los intelectuales cubanos de las ciencias sociales. El Instituto Cubano del Libro, del Ministerio de Cultura, y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente convocan y realizan el proceso de nominación, selección y distinción. El Premio se adjudica en ceremonia constituida al efecto dentro de la programación de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Se instituyó en 1995, recibiéndolo en aquella ocasión Carlos Rafael Rodríguez, uno de los marxistas más sólidos del continente, con una ejemplar trayectoria revolucionaria de más de 60 años, que lo llevó a ocupar múltiples responsabilidades en el gobierno revolucionario, entre ellas la de vicepresidente del Consejo de Estado, y los historiadores Hortensia Pichardo y Julio Le Riverand. Un año más tarde el lauro lo recibieron Jorge Ibarra y Estrella Rey. El resto de los galardonados son José López Sánchez (1997), el abogado y profesor Miguel Ángel D´Estéfano Pizarro (1998), el actual presidente de la Academia de Historia de Cuba y director de la Biblioteca Nacional José Martí, Eduardo Torres-Cuevas (2000), el historiador y diplomático Oscar Pino Santos (2001), la musicóloga Zoila Lapique Becali (2002), la historiadora María del Carmen Barcia (2003), el lingüista Salvador Bueno (2004), el historiador Francisco Pérez Guzmán (2005), el abogado devenido historiador Rolando Rodríguez García (2007), los también historiadores Áurea Matilde Fernández Muñiz (2008), Pedro Pablo Rodríguez (2009), Olga Portuondo Zúñiga (2010), Oscar Zanetti Lecuona (2011) y César García del Pino (2012), así como los sociólogos Aurelio Alonso Tejada (2013) y Juan Valdés Paz (2014) y la filóloga Ana Cairo Ballester (2015).  Ha sido práctica, en los últimos años, dedicar la edición de la Feria Internacional del Libro a una figura de las letras y otra de las ciencias sociales, siendo escogidas en ese acápite uno de los laureados con antelación con el Premio Nacional. En el 2015, por ejemplo, el homenaje tuvo como centro a la santiaguera Olga Portuondo Zúñiga (unida al etnólogo Rogelio Martínez Furé, Premio Nacional de Literatura) que un quinquenio antes mereció el prestigioso reconocimiento.

[3] Corporación patronal que fungió como promotora de la asonada contra el gobierno de Chávez. El líder de esa organización Pedro Carmona Estanga, bautizado por el pueblo como Pedro el “Breve”, se autoproclamó durante el golpe presidente de  Venezuela.

[4] Escribe quien en el 2009 recibió el Premio  Internacional José Martí, otorgado por la UNESCO, que: “Como puede observarse, la IV Flota tiene un mandato  para hacer prácticamente cualquier cosa. (…) Para resumir: lo cierto es que el Pentágono contempla dotar a la IV Flota con un equipamiento similar al que cuentan la V Flota, que opera en el Golfo Pérsico, y la VI, estacionada en el Mediterráneo. (…) La militarización de la política internacional es una de las consecuencias de la nueva doctrina estratégica anunciada al mundo en septiembre de 2002 y ratificada ahora por el Pentágono a través de su instrumento regional: el Comando Sur. Nótese que el reverso de esta concepción que militariza la escena internacional es la criminalización de la protesta social en el plano doméstico, hacia la que apunta la ya referida legislación antiterrorista aprobada, bajo la fuerte presión estadounidense, en casi todos los países del área. Y para combatir en ambos terrenos, el internacional y el nacional, el imperio apela a la eficiencia disuasiva de las armas. Ese y no otro es el papel real que al IV Flota está llamada a cumplir en América Latina y el Caribe”. Atilio A. Boron: “La IV Flota destruyó a Imperio”, en: Revista Internacional Marx Ahora, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, No. 25, 2008, p. 124.

[5] Berzezinski, politólogo de origen polaco, naturalizado en los Estados Unidos. “Fue cofundador junto con David Rockefeller y Henry Kissinger de la Comisión Trilateral, entidad enfilada a lograr la hegemonía a partir de la alianza entre Estados Unidos, Europa y Japón. (…) Ha sido miembro de varios think tanks tales como el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y el Council of Foreing Relations (CFR) y también asesor de la empresa petrolera BP. Es miembro de la Junta Directiva del International Crisis Group. Fue miembro de las Juntas Directivas de Freedom House, Amnistía Internacional y NED. Ha siso uno de los estrategas políticos más importantes del siglo XX en los Estados Unidos. Su preferencia por el intervencionismo `suave´ lo colocaba en la oposición al gobierno de George W. Bush, que más bien estaba influenciado por pensadores bélicos como Paul Wolfovitz, y los teóricos guerreristas del Project for a New American Century (PNAC). Anunció su apoyo al candidato Barack Obama durante la campaña presidencial del 2008”. En 1998 la Editorial madrileña Paidós, publicó su polémico libro El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Ver: Eva Golinger y Romain Migus: La telaraña imperial. Enciclopedia de injerencia y subversión, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010, p. 26.

[6] Un reconocido académico cubano, director por demás del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) escribe sobre esto: “…tanto el presidente Reagan como muchos de sus colaboradores y asesores más inmediatos, habían destacado la necesidad de implementar un proyecto político, fundado en las ideas conservadoras como el único camino que los Estados Unidos tenía para superar la crisis y la declinación. Sobre esa base es que las concepciones que se fraguan bajo la Administración Reagan sirven de plataforma para la remodelación profunda del gobierno y de la sociedad estadounidense, con derivaciones, prolongaciones y permanencias hasta el primer decenio del siglo XXI. Sobrarían ejemplos o muestras, durante el doble período presidencial de George W. Bush, o bajo los tres años transcurridos de la Administración Obama”. Jorge Hernández Martínez: “El sistema político y los procesos ideológicos en los Estados Unidos”, en: Los Estados Unidos y la lógica del imperialismo. Una visión crítica, (Coordinador, Jorge Hernández Martínez), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 99.

[7] “De hecho, si hasta hace poco más de una década la política exterior de Estados Unidos se elaboraba en –y era conducida por- el Departamento de Estado, en la actualidad ambas funciones las ha absorbido el Pentágono, con un obvio resultado: la militarización de las relaciones internacionales”. Por esos mismos caminos añade: “En suma: la diplomacia mantiene su papel, en apariencia importante, pero hoy día la relación pasa fundamentalmente por un filtro militar en función de la prioridad absoluta que en Estados Unidos se le ha asignado, luego del 11-S, a las cuestiones de la mal llamada `seguridad nacional´. Y esto explica que, en el momento actual, el número total del personal civil del Comando Sur –entiéndase: excluyendo a oficiales, suboficiales y soldados-, cuya sede se encuentra en Miami, asciende a 1600 funcionarios, lo que duplica el número total de servidores públicos destinados a monitorear o intervenir en las relaciones con América Latina de todas las demás agencias y secretarías del gobierno federal, incluyendo los departamentos de Estado, Agricultura y Comercio. Se trata de una situación que no tiene precedentes en la historia de las relaciones interamericanas pero que, sin duda, constituye un signo ominoso de los nuevos tiempos”.  Atilio Boron: América Latina en la geopolítica imperial, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015, pp. 76-77.

[8] En una ponencia presentada apenas unas semanas atrás, como parte del I Taller Nacional Virtual “El ideal socialista en la sociedad cubana: ayer y hoy”,  Gilberto Valdés señaló, refiriéndose a estos asuntos en la región: “Estamos viviendo el tiempo político de los movimientos sociales populares. La emergencia de estos movimientos desde los años 90 del pasado siglo se presenta como respuesta a las relaciones de dominación neoliberal, pero en confrontación a un patrón de poder de más largo alcance. No olvidemos que la conquista (y las sucesivas recolonizaciones que hoy imponen el imperio y las transnacionales) no fue solo de territorios y recursos, también fue y sigue siendo una conquista de los cuerpos, las subjetividades y las identidades. Ello ha condicionado esa radicalidad de lo antisistémico, entendido como perspectiva anticolonial y anticapitalista, antipatriarcal y por relaciones de producción y reproducción de la vida, no depredadoras. Más no se trata solo de un horizonte de transformación utópico, sino de prácticas cotidianas que intentan vivir por anticipado la emancipación. La dirección anticapitalista está ligada en su razonamiento al avance de las emancipaciones, mas no de la noche a la mañana, ya que no se puede vivir una mutación genética sociopolítica y cultural-civilizatoria de manera inmediata, espontánea y radicalmente distinta al sistema hegemónico capitalista, sino como parte de un desprendimiento de la vieja piel para cubrirse de otra alternativa. Esta transición implica por tanto incoherencias, contradicciones, pero con una direccionalidad por medio del desprendimiento para dar origen y parir otros mundos”. Gilberto Valdés Gutiérrez: “Los movimientos sociales populares y el perfil del socialismo latinoamericano”, en: El ideal socialista en la sociedad cubana: ayer y hoy, Colectivo de autores, (Jorge Luis Santana Pérez y Concepción Nieves Ayús, compiladores), Sello Editorial filosofia@.cu, La Habana, 2016, p. 56.

 

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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