Nefasto currículo

  

Texto Francisco Arias Fernández.

Bolton inició su carrera política junto al senador de extrema derecha Jesse Helms, copatrocinador de la anticubana Ley Helms Burton, que arreció el bloqueo contra Cuba en 1996; aboga por mantener una amplia presencia militar por el mundo y se opone al cierre de las bases militares y sus centros de tortura, especialmente el enclave de Guantánamo.

En síntesis, viene a ser el “encajillo” o el comodín, la ficha o la carta ideal en el gabinete de guerra que conforma Trump para el “nuevo momento americano”, el de las mentiras, el teatro, las operaciones encubiertas, las sanciones, la guerra económica y comercial, el show imperial, las agresiones y amenazas de exterminio nuclear.

Sin tener que consultar al Congreso, lugar donde ya una vez había sido rechazado por su macabro perfil biográfico, Trump escogió el “modelo ideal”, con el elemento adicional de que el elegido fue asesor en el legislativo de otro nuevo integrante de la cúpula decisoria, el secretario de Estado Mike Pompeo, hasta hace poco director de la Agencia Central de Inteligencia, experto en guerra sucia y torturas, totalmente afín a Bolton e íntimo amigo de los mafiosos de origen cubano en la Cámara y el Senado.

Trump necesitaba alguien aún más retrógrado que él para que le hablara al oído; quizá Bolton lo hacía desde antes de ser nombrado en el cargo y gustó más que el aparentemente decepcionante Herbert Raymond McMaster, a quien de nada le sirvió la academia, la experiencia militar, los libros ni las posiciones camaleónicas en el Consejo de Seguridad Nacional para poder sobrevivir.

Quienes conocieron a Bolton durante su efímera temporada en la ONU y otros lares recuerdan su imagen entre el detective calculador y el mafioso intrigante, de bigotes largos, cachimba y zapatos de dos tonos, como salido de una película de los años 30, que al interactuar con él resultaba el americano anticuado, autosuficiente, prepotente… el mismo alienígena de la Universidad de Yale durante la guerra de Vietnam.

A pesar del corto período como embajador en Naciones Unidas, la prensa occidental lo ha calificado como el más antipático de los funcionarios estadounidenses que hayan ocupado esa responsabilidad.

Y parece que es una persona que gusta aprovechar los momentos y hacer en corto tiempo cosas muy impactantes. En los pocos días en el actual cargo, cada acción de Bolton ha generado críticas inmediatas a EE.UU. en todo el mundo, por posiciones contrarias a la paz, al diálogo y el entendimiento entre los países, poniendo en riesgo procesos clave como la desnuclearización de la península Coreana, el diálogo entre las dos Coreas, el acuerdo nuclear de Irán, y las relaciones estratégicas con la Unión Europea.

Todos sus consejos al mandatario y las declaraciones públicas que le sucedieron no hicieron más que crear ronchas y disgustos planetarios, con la consiguiente repulsa a la Casa Blanca, al tiempo que crecen o empeoran los conflictos, junto a los muertos y heridos.

La sugerencia de Bolton de aplicar a la República Popular de Corea el modelo de desarme nuclear en Libia generó el repudio inmediato del país afectado: “Si Estados Unidos nos acorrala y exige que dejemos nuestras armas nucleares unilateralmente, ya no tendremos interés en ese diálogo”, manifestó el vicecanciller Kim Kye-gwan.

Kim comparó la estrategia de desnuclearización planteada por EE.UU. con la utilizada con Irak y Libia, que derivó en la invasión del primero y la intervención del segundo, pero aseguró que “el mundo sabe bastante bien que nuestro país no es ni Libia ni Irak, que corrieron una suerte miserable”. “No ocultamos nuestra sensación de repugnancia hacia (Bolton)”, sentenció el alto funcionario norcoreano, quien calificó sus declaraciones como “una manifestación de movimientos terriblemente siniestros”.

Días después, en medio de la señal positiva del desmantelamiento de las instalaciones norcoreanas asociadas a su programa nuclear, el magnate presidente canceló abruptamente su asistencia al encuentro con su homólogo asiático, argumentando que no era el momento adecuado, lanzando entonces una señal aún más preocupante y en sintonía con los consejos de Bolton, algo que congresistas y militares estadounidenses pronosticaron al conocer la designación de ese alto funcionario.

Muchos auguraron que con sus susurros o ruidos, Bolton podría “ayudar” a Trump a tomar esa decisión. No obstante, el impredecible magnate en corto tiempo cambió de opinión, desoyó a sus asesores y asistió a la que hoy se considera una histórica cumbre, en la que dice haber establecido muy buena empatía con su homólogo norcoreano; dio garantías de seguridad a su contraparte, a la vez que reconoció que los asiáticos hablaban en serio acerca de la desnuclearización.

 
 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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