John Bolton, “un testaferro del traidor de los aplausos, un servidor de pasado en copa nueva”

En lo que pareciera una pésima reposición de puesta en escena de un clásico de la Política Exterior estadounidense, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, John Bolton, discursó en Miami sobre “las prioridades de la administración del presidente Donald Trump para Latinoamérica, calificando a Venezuela, Cuba y Nicaragua como una “troika de tiranía”, el pasado 31 de Octubre.

John R. Bolton, fue conocido por el pueblo cubano, cuando en mayo del 2002, siendo entonces subsecretario de Control de Armas y Seguridad Internacional, acuso a Cuba de desarrollar armas biológicas, en discurso que título “Más allá del eje del Mal”.

La inescrupulosa acusación fue desmentida al conocerse que el funcionario estadounidense había manipulado un informe de Estimación de Inteligencia Nacional de 1999, omitiendo la advertencia dada por ese centro de investigación de que “en la comunidad de inteligencia no había certeza sobre el supuesto programa de Cuba”, pocos días después del pérfido discurso de Bolton,el ex presidente Jimmy Carter,en visita realizada a la Habana declaraba a la prensa internacional, “… en los informes de inteligencia que recibí antes de viajar a la Habana, ninguno hizo referencias o mención alguna a programas o apoyo cubano al terrorismo…”

En su discurso de ese jueves desde la Torre de la Libertad, edificio vinculado al lobby de presión anticubano de la Florida, Bolton refirió que “trasmitía un mensaje claro del presidente de los Estados Unidos” y agrego, “…Bajo esta administración ya no apaciguaremos a los dictadores y déspotas cercas de nuestras costas”.

Curiosamente, Bolton continuaba su discurso “… la administración está trabajando arduamente para fortalecer los lazos y profundizar vínculos con varios gobiernos responsables, con los que estamos encantados de asociarnos, como Colombia, Argentina y Brasil…”, calificando las elecciones recientes de Iván Duque y Jair Bolsonaro como “signos positivos para el futuro de la región”.

Para el asesor de Seguridad Nacional estadounidense y su gobierno, la retórica de la “Guerra Fría” cobra total vigencia; según Bolton,  los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela representan a “dictaduras brutales”, “socavan las instituciones democráticas”, deben realizar “reformas necesarias, tangibles” y realizar elecciones “libres, justas y anticipadas”; en tanto los ultraderechistas y facistoides, Duque, Macri y  Bolsonaro, son gobiernos responsables con los que les place asociarse.

Pertinentes son entonces las denuncias del canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, minutos antes de la aplastante derrota que la comunidad de naciones propino el 1ro de noviembre, en la sede de las Naciones Unidas al prepotente gobierno estadounidense, “…Las palabras y el discurso político sí importan. Al demonizar y convertir en enemigos, mediante la propaganda, a opositores políticos, instituciones, grupos sociales y naciones, se alimentan y enraízan la división, la violencia, los crímenes de odio y las guerras…”, apuntaba el jefe de la diplomacia cubana.

Es preciso entonces, para entender  el recrudecimiento y dinámica de la retórica estadounidense, que parecía desaparecer en el “ocaso de la Guerra Fría”, volver a la génesis imperialista de su “bíblica” Doctrina Monroe como base fundamental de la política latinoamericana de Estados Unidos, así como escudriñar en la letra y espíritu de los Documentos Sata Fe I y II como guión inviolable de la estrategia estadounidense para la América toda.

El Documento Santa Fe I, publicado en 1980,  en su quinta parte, “Relaciones Interamericanas” exponía “…Estados Unidos reafirmara el principio fundamental de la Doctrina Monroe…Estados Unidos ya no puede aceptar el estatus de Cuba…hay que calificar a la subversión cubana claramente como tal y hay que resistirla. El precio que la Habana debe pagar por tales actividades no debe ser un precio bajo…”

Por otra parte el Documento Santa Fe II constituía una estrategia para “promover la democracia, la libertad  y la oportunidad económica para toda la región”; para esa época ya la administración norteamericana de turno consideraba a Cuba y Nicaragua como “un problema en el horizonte”.

Santa Fe II ratificaba los planes de subversión que Estados Unidos debía concebir contra la izquierda latinoamericana y los gobiernos de orientación socialista ya existentes; la estimulación de programas públicos y privados para la privatización de las economías, el aumento del presupuesto de la USIA (entonces agencia de Información de Estados Unidos) y la “educación” de los medios de difusión y la opinión pública, se convirtieron en elementos de la doctrina del conflicto de baja intensidad o lo que es lo mismo, operaciones sicológicas, desinformación y noticias falsas, el terrorismo y la subversión cultural contra nuestros pueblos.

El documento Santa Fe II, como instrumento de la política exterior estadounidense prestó especial atención a la Organización de Estados  Americanos, según reza en el informe, “La OEA es un foro donde Estados Unidos puede lograr que sus puntos de vista se comprendan siempre con claridad en toda la región”.

En resumen, en el anuncio de Jonh R. Bolton nada resulta novedoso para la izquierda Latinoamericana; la presentación del asesor de seguridad nacional estuvo a cargo de lo más retrogrado de la política anticubana en la florida, la republicana de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen; el escenario fue el mismo que recibió a esbirros de la dictadura, torturadores y ladrones que fueron acogidos en Estados Unidos a los pocos días del triunfo de la Revolución Cubana.

Para nuestros pueblos no resultan “nuevos anuncios”, la guerra económica, la utilización de pretextos difamatorios, las amenazas de intervenciones militares, la utilización de gobiernos títeres, la utilización de organizaciones e instituciones regionales y de la comunidad de naciones para la presión internacional, el financiamiento de operaciones de diplomacia pública y acciones encubiertas, no son más que la continuidad de una política genocida, aberrante y de desprecio al Derecho Internacional.

De trascendental importancia para sobrevivir ante un enemigo inescrupuloso y de tal magnitud es armarse de la historia de nuestros pueblos como escudos, los pueblos que no dominan su historia son vulnerables a que los poderosos se las transformen a su antojo.

Las armas que hoy utiliza la derecha internacional, encabezada por el imperialismo estadounidense, enmascaradas en retoricas, símbolos, dinero, tecnologías y estéticas ajenas a nuestras realidades y raíces, están dirigidas a enrarecer, quebrantar y despojar la voluntad de los pueblos.

Texto de Jorge Félix.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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