Las “Revoluciones de colores”: Una información necesaria

Por Raúl Capote Fernández. Especial para Cuba en Resumen

Mi propuesta es: Luchar contra el poder ignorándolo

Gene Sharp

Las Revoluciones de Colores un mecanismo de intervención extranjera indirecta. Es la vieja política de “cambio régimen” mediante la cual las grandes potencias occidentales han buscado, en aquellos países que revisten algún objetivo estratégico, cambiar los interlocutores hostiles o poco cooperantes por contrapartes más dóciles y complacientes a sus intereses: el mismo contenido con diferente fachada.

El laboratorio de esta nueva estrategia intervencionista disfrazada de revuelta popular pacífica, fue el derrocamiento de Slobodan Milosevic, (en Yugoslavia), en el año 2000.

Milosevic contaba con respaldo suficiente para mantenerse en el poder a pesar de las presiones de EE.UU. y la Unión Europea, que veían en él una figura incómoda para el avance del capital y de los mercados en los Balcanes. Para las potencias occidentales era necesario encontrar la forma efectiva de sacarlo del juego. Estas, con Estados Unidos al frente y valiéndose del creciente descontento en la población serbia, sumida en una aguda crisis económica y ante un panorama político compuesto por figuras tradicionales desprestigiadas y sin liderazgo, optaron por estimular y financiar entre los círculos estudiantiles la aparición de un grupo de activistas, que se daría a conocer como el Movimiento OTPOR (cuyo significado en serbio es resistencia).

Los miembros de OTPOR eran jóvenes universitarios a los que se les construyó una imagen de personas sin aspiraciones políticas. Aparecían ante los medios como un movimiento sin vinculación política alguna, dando una imagen limpia, inmaculada, incorrupta y libertaria. Contaban con una elaborada estrategia de reclutamiento, se identificaban con un puño cerrado en alto y su color era el negro. Una vez Milosevic fuera del gobierno, los jóvenes de OTPOR protagonistas de las revueltas pasaron a un segundo plano y las fuerzas políticas de viejo cuño asaltaron el poder e impusieron una agenda conveniente a las potencias europeas y a los Estados Unidos.

Según la estrategia del golpe suave, los jóvenes, bajo la bandera de la “no violencia” y empleando logotipos y tácticas de marketing que atraen a la juventud, fomentan pequeños disturbios en la calle para crear un ámbito permanente de inestabilidad y caos. Luego, atrayendo la atención de los medios internacionales, y guiados por las agencias de Washington, provocan la represión de las fuerzas de seguridad (a través de actos violentos o ilegales), imagen que luego es proyectada a través de la prensa como una violación de los derechos humanos y utilizada para justificar cualquier acción contra el gobierno.

Posteriormente este esquema se perfeccionó con las llamadas Revoluciones de Colores, que proliferaron con éxito en el antiguo espacio ex soviético. Allí se han sucedido tres casos de gran resonancia: la primera tuvo lugar en la región del Cáucaso: fue la Revolución Rosa en Georgia a finales del año 2003; luego sobrevinieron la Revolución Naranja en Ucrania a finales del año 2004, la Revolución de los Tulipanes en Kirguistán, en la primavera de 2005, 2013-2014 Kiev, Ucrania, etc.

Los resultados de estas operaciones se repiten en cada país “beneficiado” con esa estrategia. A las Revoluciones de Colores les suceden gobiernos de “conciliación y apertura”, de los cuales se excluye a las fuerzas políticas que apoyaron al gobierno derrocado. Se aplican medidas económicas neoliberales, se fragmenta la sociedad civil, implosionan los partidos políticos, se balcaniza el país y se establece el caos y la ingobernabilidad por largos períodos en que afloran la xenofobia, las rivalidades internas, los nacionalismos y las viejas disputas territoriales.

¿Cómo fabrican los Servicios Especiales norteamericanos, en especial la Agencia y sus aliados en Europa una “Revolución de Colores”?

Los factores externos crean, organizan, contactan, proveen de dinero y formación a grupos opositores con la finalidad de que estos generen un efecto multiplicador. Luego se inicia una serie de acciones que incluyen:

  1. La activación de nuevos actores ajenos a la política convencional, especialmente de jóvenes y estudiantes sin afinidad ideológica alguna, identificados con los patrones y valores de la sociedad de consumo (música, moda, estilo de vida).
  2. La utilización de simbologías y consignas que ayuden a masificar el movimiento más que por convicción política, por moda (ropas de un determinado color, banderas, signos, etc.).
  3. La construcción de una vanguardia del movimiento que se gane la simpatía y la solidaridad de la población.
  4. La implementación de un discurso de la no violencia y de desobediencia pacifica, acompañado de repetidas movilizaciones de calle hasta conseguir un hecho detonante que lleve al colapso del estado.
  5. La utilización de medios de difusión y comunicación electrónicos, teléfonos celulares y otros, para generar concentraciones rápidas y presencia inmediata de los medios internacionales.
  6. El uso de medios propagandísticos no convencionales, con el fin de banalizar, ridiculizar y mofarse de la investidura presidencial y de las altas autoridades.
  7. La presión internacional mediante la exhortación al respeto de los derechos humanos de los manifestantes.
  8. La generación de espirales inflacionarios, escasez de alimentos e inseguridad económica para asfixiar al gobierno y arrastrar a otros sectores a las acciones de calle.
  9. La negación de la naturaleza democrática del gobierno, denunciando internacionalmente que se origina en un fraude electoral, sin consenso, y que por lo tanto es ilegítimo, represivo, antipopular: en fin, una dictadura.

10- Amplia ofensiva de los grandes medios que construyen una falsa realidad del país víctima de la “revolución”, manipulación mediática a gran escala presentando a la opinión pública internacional una situación de ingobernabilidad y caos, de violaciones de los derechos humanos, de represión extrema que hace necesaria la intervención internacional.

Las Revoluciones de Colores han demostrado ser una estrategia de injerencia externa muy efectiva en aquellos países en los cuales un gobierno no goza del apoyo del pueblo, está cuestionada su legitimidad o no cuenta con la fuerza necesaria para salir victorioso en un proceso electoral, por haber perdido prestigio entre los habitantes del país, haberse apartado de las masas, y existir entre el pueblo y sus líderes una comunicación escasa o nula.

Un cable confidencial publicado por WikiLeaks revela que, en noviembre de 2006, la SINA organizó una reunión con “jóvenes opositores” de toda Cuba para exhibirles un documental sobre el derrocamiento de Slobodan Milosevic. El objetivo de esta actividad era promover un movimiento similar contra el gobierno cubano, una labor en la que estaban empeñados sin resultados desde el año 2004, cuando varios miembros y colaboradores de OPTOR visitaron La Habana y contactaron con miembros de la contrarrevolución.

El documental Derrocando a un dictador, producido bajo auspicio de la CIA y el Departamento de Estado de los Estados Unidos, trata de cómo un grupo de jóvenes financiados y entrenados por las agencias de Washington y otros organismos internacionales, logran poner fin al gobierno de Milosevic. Es en realidad un material didáctico, bien elaborado, con el fin de trasmitir la experiencia del golpe suave.

En 2003 funcionarios del Instituto Albert Einstein, impartieron un taller a la oposición contra el Presidente Hugo Chávez Frías en Venezuela. Poco después de esta preparación, en la que participó el coronel Robert Helvey, hombre de confianza de  Gene Sharp y experto en golpes suaves (y duros, si hiciera falta), los sectores de la oposición en Venezuela organizaron las llamadas  “guarimbas” , en las que  quemaron neumáticos, arrojaron piedras y bombas molotov a las fuerzas de seguridad, buscando de cualquier manera generar un estado de caos y la consecuente represión del gobierno, para justificar la intervención de los Estados Unidos y poner fin a la revolución.

El objetivo no fue logrado, pero la labor continuó durante los años 2005, 2006, 2007 y 2014 Las agencias de Washington enviaron a grupos de jóvenes venezolanos —principalmente estudiantes que incluso viajaban con sus profesores— a Belgrado, Washington y Boston con el fin de recibir talleres de formación y capacitación directamente de los antiguos fundadores de OTPOR y de funcionarios y contratistas del Instituto Albert Einstein y el Centro Internacional para el Conflicto No-Violento.

Como parte de la estrategia diseñada para Venezuela la USAID y la NED aumentaron el financiamiento a organizaciones y movimientos juveniles contra el gobierno del presidente Chávez. El mismo documental que fue proyectado en La Habana por la misión estadounidense, Derrocando a un dictador, fue utilizado en Venezuela para la formación y el entrenamiento de jóvenes opositores

La labor realizada por Washington consiguió que a partir de 2007 grupos juveniles antichavistas llevaran a cabo una serie de acciones contra la Revolución Bolivariana. Aunque no han logrado su objetivo, siguen recibiendo financiamiento multimillonario de las agencias internacionales para alimentar al conflicto en Venezuela.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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