USA: El gran embrollo

Por Nestor Nuñez

Mohamed Hassan, ex diplomático etíope y especialista en Africa y Medio Oriente, afirmó hace pocos años atrás al evaluar la llegada de Donald Trump a la presidencia norteamericana, que lo mejor que puede hacer un mandatario gringo es el imposible de “retirarse de las guerras iniciadas por Washington a través del mundo, ocuparse de reconstruir la economía nacional, y privilegiar el diálogo con todas las naciones del planeta respetando sus respectivas soberanías.”

“El mundo mejoraría, habrá menos conflictos, los países se desarrollarían y eso sería beneficioso para los Estados Unidos, que podría dialogar tranquilamente con los demás”, concluyó el estudioso.

Desde luego, Hassan sabía que hablaba de una  quimera que no está  ni remotamente en los planes de los círculos hegemonistas de poder, entre los cuales la espina de la prevalencia norteamericana en el terreno universal hace siglos que no toma siquiera unas cortas vacaciones.

Y en apenas unos meses, los Estados Unidos volverá a estar de elecciones, de manera que otra vez la pendencia entre  quienes aspiran el control nacional ya se hace sentir.

Trump, recuerdan analistas, llegó al gobierno hace casi cuatro años no porque fuese un “oponente al sistema”, como se presentó y muchos le creyeron a partir de sus “innovadoras” diatribas políticas.

En todo caso ha sido un exponente más de las vivas contradicciones dentro de la cúpula de poder sustentadas en el capricho de ensayar cada quien sus propias vías en la pretendida escalada al trono global.

Y es que ningún presidente en la historia norteamericana, más allá de tendencias, declamaciones y hasta colores de la piel, ha funcionado jamás lejos de la intención de realizar al país como místico ombligo del planeta y modelo inviolable de orden económico, político y social…y Trump no fue ni es la excepción.

Ello sin obviar, por supuesto, la aplastante influencia de un poder mediático que dibuja y desdibuja realidades a partir de las urgencias de los segmentos privilegiados que representa, y que puede convertir en “radical transformador” a quien prefiere matar con pistola y no con puñal…pero matar.

Y para los cercanos nuevos cuatro años de gobierno, una meta en la que el magnate inmobiliario confiesa que no puede imaginarse “ausente”, mucho de lo ya expuesto está moviéndose ahora mismo en la palestra.

De todas formas, la vida evoluciona, y resulta interesante que del lado demócrata, por ejemplo, el “legado Clinton-Obama” (nunca alejado de las habituales y estratégicas metas hegemónicas), parecería enfrentar una nueva hornada de políticos liberales que apuntan a mayor realismo en sus interpretaciones, y no sin un visible arraigo entre grupos de votantes.

De manera que, al parecer, puede darse una importante batalla en el partido azul por la nominación a la candidatura partidista, algo que de hecho ya empieza a reflejarse.

La presencia del ex presidente Joe Biden como uno de los aspirantes, el de mayor aceptación por el momento, supone una acción de los sectores tradicionales del Partido Demócrata para llevar a un candidato moderado y maleable a la vieja usanza, y sortear los riesgos que puede suponer que políticos como el “viejo radical” Bernie Sanders o las nuevas y más jóvenes figuras incorporadas a la lidia como Kamala Harris o Elizabeth Warren, entre otras con buen puntaje, logren colocarse a la cabeza de la boleta eleccionaria.

Desde luego, que los demócratas tengan a más de una veintena de postulados a la candidatura presidencial impone asimismo una alta probabilidad de fragmentación interna y la posibilidad de fuertes y hasta irreconciliables pugnas que terminen por debilitar el pretendido “frente anti Trump” al que todos aspiran, incluso a partir de sus diferencias de motivaciones, interpretación y maneras de actuar.

Por lo pronto, lo que queda a los observadores es, precisamente… observar, en el entendido de hasta hoy la intención predominante entre las esferas decisorias en el sistema bipartidista norteamericano sigue reducida a cambios en la forma y el camino, y no en las metas, sin obviar que “los milagros existen” y que siempre existe la posibilidad de ver abrirse un pensamiento y un actuar políticos realmente decentes, equilibrados, lógicos y sensatos a pesar de los altísimos y gruesos muros que deben sortear.

Tomado de Cubahora

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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