Alicia Alonso: Danza en Revolución

Por María Torrellas / Resumen Latinoamericano.

Alicia Alonso, esa bailarina extraordinaria cubana, agita sus alas  como una cisne en su partida definitiva.

«Estoy enseñando todo lo que sé, no me guardo nada. Y me siento muy bien con ello, porque vivo cada vez que entrego lo que sé».

Syara Salado, documentalista cubana, nos reseña lo que le ha emocionado de Alicia: «Era la primera bailarina del Ballet Theatre of New York en el año 1948 , funda, junto a Fernando y Alberto Alonso, el Ballet Nacional de Cuba y en 1950 la Academia de Ballet Alicia Alonso. A ella le impulsaba el estímulo de un largo batallar por la difusión del ballet en el país y con la certeza de que el arte debía de ser patrimonio y reflejo de todo un pueblo y no un privilegio de una minoría pudiente. Llevan sus espectáculos a sectores populares con las llamadas funciones públicas y establecen un sistema de becas para las y los alumnos talentosos y con escasos recursos».

En 1956 la tiranía de Batista le retira la asignación de dinero que el Estado le daba a la compañía, todo porque Alicia se niega al pedido de apoyarla políticamente y ser la representante artística de la cruel dictadura.

A esta agresión se enfrenta valientemente y su voz de protesta se hace oír en distintas actividades públicas. Apoyada por la FEU y sus dirigentes estudiantiles de pensamiento independentista de izquierda, ofrece funciones gratuitas en el Estadio de la Universidad de La Habana y posteriormente en varias ciudades del país.  Luego la insigne bailarina se niega continuar su labor teatral en Cuba como repudio a la injusta opresión que existía en su país y al derramamiento de sangre de tantos jóvenes patriotas.

El primero de enero de 1959 Fidel Castro y el Ejército Rebelde derrotan a la tiranía y a los pocos días Alicia saca pasaje y vuelve a su patria, con un saco de sueños y miles de planes en pos del arte y la cultura nacional.

El Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos en cuanto se entera de la decisión de la bailarina de permanecer en su patria e impulsar el desarrollo del ballet en Cuba le niega el permiso de entrada a los Estados Unidos (negación que duró 15 años). Fue entonces que hubo otra revolución dentro de la Revolución y gracias a ésta, desarrolla un sistemático y efectivo trabajo de divulgación masiva del arte del ballet.

Recorre  fábricas, talleres, escuelas,  lleva su danza a apartadas zonas campesinas, ese era su sueño, que el Lago de los Cisnes  se bailara en todo el pueblo cubano. Alicia es una cubana en Revolución.

Lo que decía Alicia de cómo surge su amor a la danza en la infancia: «¿Que cómo me hice bailarina? Tal vez contribuyó el ambiente donde me crié. Mi madre era muy sensible, le gustaba tocar el piano, y en las noches nos reuníamos alrededor de ella mientras uno de mis hermanos cantaba… Mira, creo que definitivamente yo bailaba desde que me hallaba en el vientre de mi madre».

Continúa Alicia: «Después de regresar de un viaje a España, donde por petición de mi abuelo me aprendí todas las danzas de la Península, mi madre me llevó a Pro-Arte Musical. Llegué tarde a mi primera clase con el maestro Nicolai Yavorsky quien, con un movimiento ágil de su picante toallita, me dio ahí donde duele, y me hizo colocarme en la punta de la barra. Creo que ese día cogí tortícolis intentando mirar a todas partes, buscando captarlo todo. Cuando regresé a la casa me acerqué a mi mamá y le aseguré: “Esto es lo que más me gusta en el mundo”.

«La perfección no existe, pero las cosas se pueden hacer invariablemente mejor. Esa convicción ha signado la vida de los hombres. Es por eso que se han logrado tantos avances en las ciencias, en la tecnología… Bueno, también hemos inventado la bomba atómica, algo que me entristece, porque no consigo explicarme por qué en lugar de inventar cómo matar, no inventamos cómo vivir; cómo disfrutar de la belleza de la vida…»

«Trabajé muy duro. Y jamás me he dado por vencida, gracias a ello nació una Escuela Cubana de Ballet. Juro que no lo hice adrede… Pero, bueno, no lo puedo negar… Soy la base. Y me siento orgullosa por eso, porque es la historia de mi vida».

«Si bien es cierto que en aquellos primeros años de la Revolución la compañía actuaba por doquier en escenarios improvisados (hasta en la cama de un camión), lo cual nos facilitó ir atrayendo poco a poco a un público que aseguraba que no le gustaba el ballet, también los festivales fueron jugando un rol muy importante a la hora de enamorar a miles de espectadores, como los que hoy hacen casi estallar las salas donde nos presentamos».

Cuando dejó los escenarios fue un momento duro para ella: «Sí, resultó una decisión difícil. De hecho, aún no se me quitan los deseos de bailar… Y lo sigo haciendo a través de mis enseñanzas. Estoy enseñando todo lo que sé, no me guardo nada. Y me siento muy bien con ello, porque vivo cada vez que entrego lo que sé».

Con textos de José Luis Estrada Betancourt / Juventud Rebelde.

Video: María Torrellas.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: