Cuba: No habrá música para los oídos del Imperio

Por Dailenis Guerra Pérez / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Cuba.

Quizás por bendición o fatalismo geográfico, en el documento que me identifica como cubana queda bien clarito que soy de un apartado lugar de la provincia Artemisa, donde solo existen tres calles, las pocas personas que lo habitan no se conocen por sus verdaderos nombres, sino por dicharachos, pero todos son como una familia.

Dedicados a la labranza de la tierra, parte de mi linaje emigró de Oriente a Occidente y se instaló en esa fracción de la geografía. Y aunque vivo en La Habana, un pedazo de mis raíces se encuentra allí, en Las Cañas, un barrio rural del municipio Artemisa.

Por asares del destino tuve que viajar con prontitud a esa tierra, cuando los cubanos nos enfrentamos a una situación energética difícil y que ha golpeado la transportación masiva de una nación, a causa de las acciones perversas de la administración imperialista.

Sangre de mi sangre, mi tío me aconsejó coger el trillo para llegar a la carretera temprano, pues “después del mediodía no hay quien salga de aquí.” Y obedecí con el temor de no poder llegar a casa ese mismo día. Con el sol que nos quemaba hasta las palabras llegamos a la parada habitada ya por cuatro o cinco viajeros. Y aunque no es costumbre en mí, comencé a hacerle seña de parada a cualquier artefacto con ruedas.

Mi tío, con una vergüenza que caracteriza a muchos guajiros me miraba y sonreía. “Aquí no te va a parar nada, no seas boba”. Y yo empeñada que sí: “Esto yo no lo hago en La Habana porque el tránsito es a millón, pero aquí casi no circulan vehículos, voy a sacarle la mano a esa moto que viene libre y veo el casco del pasajero. Hay que sacarle la mano a todo”. Y efectivamente, la moto paró.

No conozco mucho de tipos de vehículos, menos de motos. Venía llena de tierra color ‘a. La dominaba un cincuentón con botas chispeadas también, que usaba ropa de trabajar en el campo. Y ante los ojos asombrados de mis derrotados inquilinos que se adueñaban ya de la parada, y entre el “¡Gracias, compadre! ” de mi tío agradeciendo el gesto a aquel señor; agarré mis bultos y con agilidad me monté en la moto.

– ¡Ay, muchas gracias! – comencé aquel diálogo.

– No, no hay de qué niña, es extraño ver que hacen botella a las motos, pero el transporte está pasando por un mal momento ahora. –Miró los bultos que estropeados iban enganchados – ¿Vas para La Habana?

– Sí.

– A bueno, no me hace camino, pero te voy a dejar frente a la terminal, ahí siempre hay carros para allá.

Y yo, pensando en la bondad de aquel samaritano que se ofrecía a realizar más de una buena acción aquel día, volví a dar las gracias y mantuvimos silencio durante el viaje, pues la velocidad del viento no nos permitía escucharnos uno al otro.

Al llegar a Artemisa parqueó frente a la terminal de ómnibus y me indicó, como un padre hace a una hija, el camino que debía coger para tomar los carros hacia mi destino, cuál tenía mejor confort y hasta los del precio más asequible. “Bueno, que llegues rápido” -replicó mientras arrancaba aquel valioso tesoro de dos ruedas.

Volví a dar las gracias y vi como se alejaba mi benefactor. Fue ahí cuando se me encendió la chispa periodística, un poco tarde, por supuesto, y no me dio tiempo a cogerle ni la chapa. Me consoló al instante el pensamiento: Hoy he sido más cubana viajera que periodista; y me dirigí al auto que casi marchaba hacia la capital.

Nunca supe el nombre de aquel hombre, ni de dónde venía, ni para qué lugar de la ciudad iba, solo sé que su bondad, afecto y conciencia, desbordó en mí la confirmación de que los cubanos estamos pensando como país, ante una maniobra de asfixia provocada en vano por el gobierno de Trump para socavarnos.

La solidaridad, conciencia y humanismo que han demostrado los choferes de los más disímiles vehículos es válida de reconocimiento, pero más allá, hay que dar a conocer la capacidad de resistencia que tiene el pueblo cubano y el apoyo sostenido que ha recibido del Estado para poder continuar con la labor diaria de producir desde cada puesto de trabajo, evidenciando una vez más que nuestro país no abandona a sus hijos.

Me pareció muy adecuada y con excelentes resultados la idea de nuestro Presidente donde convocaba al trabajo a distancia, en uso de las nuevas tecnologías que contamos, al igual que la posibilidad de cumplir con nuestro deber donde somos más útil.

De igual manera las medidas adoptadas por las entidades han sido muy pertinentes en busca del aprovechamiento de la jornada laboral, priorizando las labores externas y el trabajo más importante desde las oficinas. Muchos trabajadores cambiaron sus planes laborales para apoyar a sus organismos desde otra cantera, pero siempre produciendo.

El apoyo y la ayuda internacional que recibimos en estos momentos también es válido reconocer. Las palabras de muchos dirigentes mundiales exigiendo ante la ONU el fin del absurdo bloqueo perpetrado por el vecino del norte ante sus nuevas medidas arbitrarias nos confirman el rechazo que la humanidad le confiere al bloqueo económico, comercial y financiero.

Desde casi seis décadas el bloqueo representa un freno para el desarrollo de todas las potencialidades de la economía cubana. Según el informe de Cuba contra el bloqueo, desde abril de 2018 hasta marzo de 2019, esta política agresiva ha causado pérdidas a Cuba en el orden de los 4 mil 343,6 millones de dólares. Si valoramos los daños acumulados la cifra asciende a 138 mil 843 millones 400 mil dólares (*).

Cuando las leyes y resoluciones que sustentan la política del bloqueo se mantienen vigentes y son aplicadas con estricto rigor por las agencias gubernamentales norteamericanas, cuando no hay una familia cubana ni sector en el país que no haya sido víctima de sus efectos, perdura en la Isla un pueblo batallador, incansable y resistente que crece.

Cuando palpamos la estabilidad gradual del transporte en la nación, podemos decir que no fue un mito la situación difícil que vivimos a mediados del último mes, sin embargo, las estrategias pensadas y tomadas por las autoridades cubanas fueron tan oportunas, que no hay música para los oídos del imperio.

Si pensaron de manera absurda que Cuba se volvería un caos, si pensaron asfixiarnos al privatizar la entrada de combustible desde varios mercados a la nación. ¡Se volvieron a equivocar! Hoy en Cuba andamos unidos, apretados, como la plata en las raíces de los Andes.

 

(*) Nota: Según datos del Informe de Cuba sobre la Resolución 73/8 de la Asamblea General de las Naciones Unidas «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba».

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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