Cinco mentiras sobre el golpe de Estado en Bolivia

Por Edith Sánchez.

No son pocos los que se sienten desconcertados con la situación de Bolivia. Los hechos resultan un poco confusos, debido a que en el golpe de Estado confluyeron dos realidades que a primera vista son coherentes, pero que encubren una enorme contradicción.

Hay quienes creen que lo sucedido en Bolivia es fruto de una movilización popular en contra de la permanencia de Evo Morales en el poder. Por lo mismo, llegan a creer que el desafuero institucional que llevó a la renuncia del presidente es una expresión legítima. En otras palabra, que no hubo golpe de Estado, sino consolidación de la voluntad popular.

Para aclarar este y otros puntos, veamos cuáles son esas mentiras que están haciendo carrera en una franja de la opinión.

1. Hubo un fraude masivo en las elecciones

Es falso. La propia OEA, principal impulsora del llamado a nuevas elecciones, ha declarado que Evo Morales ganó las elecciones. Su duda está en si obtuvo un 10 % sobre su inmediato contendor, Carlos Mesa, o no. La OEA, en un escueto informe sin mayores datos, dice que no. Que Evo Morales ganó solo por unos 40.000 votos.

Esto muestra que en el caso de que hubiese existido fraude, este, en todo caso, no fue masivo. Sin embargo, otra cosa dice el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR, por sus siglas en inglés), una organización independiente de los Estados Unidos que analizó los datos.

Para esa organización, la OEA, que ya había anulado un resultado electoral en Haití (2011) sin ninguna evidencia estadística o fáctica, fue irresponsable al declarar que existía un fraude. A su juicio, las tendencias en la votación por Morales y Mesa fueron plenamente consistentes y no existe ninguna evidencia de que haya existido fraude. Se espera que la OEA presente un informe técnico y detallado, o que se retracte. De lo contrario, es claro que está actuando sin sustento.

2. La movilización popular condujo a la renuncia de Evo Morales

Es un hecho que una importante franja de bolivianos no quería a Evo Morales en el poder. Seguramente fueron los mismos que votaron por sus opositores y que en conjunto representan a poco menos de la mitad del país. Esto los hace un sector suficientemente representativo.

También es un hecho que tras el veloz dictamen de la OEA, señalando la existencia de un fraude, buena parte de ese sector se movilizó para rechazar los resultados de las elecciones. Sin embargo, el punto de quiebre se dio no por esas movilizaciones, sino por la decisión de las Fuerzas Armadas de retirarle el apoyo al presidente y exigir su renuncia.

Las gigantescas movilizaciones a favor de Evo Morales, que se han dado en los últimos días, son una contraevidencia indiscutible de que no todos los bolivianos estaban en contra de la permanencia del presidente en el poder.

3. Renuncia no es golpe de Estado

Las Fuerzas Armadas le exigieron la renuncia a Evo Morales. Lo hicieron después de tres días en los que los miembros del MAS, partido de gobierno, fueron víctimas de persecuciones, ante la total indolencia de las autoridades militares. Quemaron la casa de varios gobernadores y muchos miembros del gobierno fueron amenazados de diferentes maneras.

La renuncia de Evo Morales fue resultado de la presión por la fuerza de los sectores armados. Por lo mismo, se puede catalogar como un golpe de Estado clásico. Que no hayan bombardeado la casa de gobierno, o hayan sacado al presidente apuntándole con un arma no significa que no haya sido un hecho de fuerza.

Se añade a esto el hecho de que el propio Evo Morales ya había anunciado su voluntad de convocar a nuevas elecciones. En teoría, esto solucionaba el conflicto suscitado por las declaraciones de la OEA. Sin embargo, es claro que el objetivo no era exigir transparencia en los comicios, sino retirar al presidente de su cargo.

4. El nuevo gobierno es legítimo

El nuevo gobierno es totalmente ilegítimo por varias razones. Si se hubieran respetado los mecanismos constitucionales, y con base en el mismo informe cuestionable de la OEA, lo que procedía era convocar al balotaje o segunda vuelta electoral. Nada más que eso.

La OEA, sin saber por qué, pidió nuevas elecciones. Finalmente, Evo Morales aceptó. Lo que seguía entonces era hacer esa convocatoria. Como se produjo un golpe de Estado, el único organismo competente para aceptar la renuncia presionada de Evo Morales era la Asamblea Legislativa Plurinacional. Sin embargo, ni siquiera se les ha permitido reunirse.

La llamada “presidenta interina”, Jeanine Añez, se posesionó de su cargo sin que se hubiera conformado el quorum necesario para validar ese acto. De hecho, su primer “consejo de ministros” lo hizo con miembros de las Fuerzas Armadas. Es claro que se trata de una figura decorativa para reducir el impacto del golpe militar.

5. No hubo complot

Hay toda una cadena de continuidad en los hechos y esto permite presumir que sí existía un plan calculado para llevar a Bolivia al punto en el que se encuentra. Hace tiempo sabemos que la OEA no es un organismo neutral. Es claro que está en contra de todos los gobiernos de izquierda en la región.

Fue la OEA la que incendió a Bolivia, perono lo hizo sola. Se apalancó en las élites locales, que desde hace tiempo querían recuperar el poder que le fue arrebatado por el movimiento indígena liderado por Evo Morales. Hay evidencia de que los sectores evangélicos y los racistas son los que más activamente han participado en el golpe de Estado.

Tomado de La Opinión Digital / Foto de portada: M. Pérez del Carpio.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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