Diplomacia a palos

Por Nestor Nuñez

Llega el fin de año y Donald Trump insiste en la parálisis de las conversaciones con Pyongyang acerca de establecer bases justas para solucionar el diferendo bilateral generado por la conversión de Corea del Norte en un nuevo Estado nuclear.

El líder norcoreano, Kim Jong-un dio justo a la Oficina Oval un plazo hasta el cierre de 2019 para volver a las negociaciones con propuestas sensatas, serias y responsables, o su país se verá entonces obligado a retomar los programas defensivos nacionales, en una región donde la hostilidad derivada de la guerra de agresión estadounidense contra el Norte en la quinta década del pasado siglo, se ha mantenido ininterrumpidamente por más de sesenta años.

Vale recordar que a raíz de las primeras pruebas nucleares y de misiles de medio y largo alcance realizadas por Pyongyang, escenificó Donald Trump su ridículo explote ante el plenario de Naciones Unidas donde dijo que “incendiaría a Corea Democrática de punta a punta” si no abandonaba su programa nuclear.

No obstante, semanas después acudiría displicente a su primera reunión con Kim Jong-un, para luego sabotear la segunda cita cumbre programada en Vietnam al exigirle a su contraparte la total desnuclearización a cambio de promesas de “flexibilización” de las sanciones económicas y comerciales impuestas de antemano a Pyongyang.

Era como demandar de un combatiente que depusiera las armas y todo medio defensivo bajo la presunción de que tal vez el enemigo reconsideraría no degollarlo de inmediato.

Con más razón, cuando es precisamente la conversión de Corea del Norte en Estado nuclear lo que obligó a la primera potencia capitalista a volver a la mesa de conversaciones en busca de una rebaja de tensiones que, eso sí, debe ser justa, equitativa, sensata y mutuamente ventajosa, tal como reclama Corea del Norte.

Solo que —lo hemos dicho más de una vez— Donald Trump no cree en el equilibrio, y solo se adentra a negociar en busca de imponerse a su interlocutor para luego llenar sus mensajes electrónicos con auto alabanzas a su “firmeza y guapería” como el gran e imbatible presidente de los norteamericanos.

De ahí el hecho de intentar que Corea del Norte se deshaga de la fuerza disuasoria que ha llevado al hegemonismo gringo a conversaciones al más alto nivel con uno de los países históricamente más denostados por la política y el universo mediático gringos.

La repuesta de Pyongyang ha sido contundente. Mientras lleva a cabo un prometedor entendimiento con las autoridades de Corea del Sur como corresponde a compatriotas serados artificialmente por intereses imperiales ajenos, aseguró a Washington que, de no asumir compromisos realmente objetivos y sensatos, retomará sus pruebas defensivas de misiles, con más razón cuando Estados Unidos es poseedor de un formidable arsenal nuclear desde 1945, y se convirtió incluso en el único país del orbe en usar sus bombas atómicas contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki bajo el pretexto de rendir al imperio japonés en las postrimería de la Segunda Guerra Mundial.

Polvorín nuclear que, por demás, Washington no ha dudado en desplegar más de una vez en el sur de la Península de Corea para intentar amedrentar al Norte.

La posición de Corea Democrática fue reiterada recientemente por su embajador en la ONU, Kim Song, quien en un comunicado dijo que “la desnuclearización de su país es un tema que ya va quedando fuera de la mesa de negociaciones con los Estados Unidos”.

Según medios de prensa, el diplomático acusó al gobierno de Donald Trump de “aplicar de forma persistente una actuación hostil” hacia Corea del Norte “en su intento por sofocarla”, y enfatizó que el presidente gringo “solo prioriza su propia agenda interna y sus ambiciones políticas personales” cuando afirma estar comprometido con Pyongyang en un “diálogo sostenido y sustancial”.

Tomado de Cubahora

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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