Cuba: El Martí que llevo dentro

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Por Dailenis Guerra Pérez/ Especial para Resumen Latinoamericano/ Foto: Fernando Medina Fernández

Todavía recuerda la estatua de Bolívar a ese hombre que un día lloró frente a ella sin sacudirse el polvo del camino. Desde allí vio crecer al mejor de los cubanos, porque aquel hombre que no preguntó dónde se comía, ni se dormía, sino como se llegaba a ella fue José Martí.

Siempre pequeño de estatura, pero gigante en coraje y entrega por la tierra que lo vio nacer,  fue un ser extraordinario. Desde que crea el periódico Patria Libre durante la Guerra Grande hasta que funda el Partido Revolucionario  como el último de sus esfuerzos para unir a los cubanos.

Su grandeza se mide más allá de sus acciones, porque dedicó su vida a luchar por la independencia americana.  Fue un alma pura que se sintió unida a los seres más humildes y vivió la realidad de los más desdichados del continente.

Desde pequeña supe que debía trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermosa; “porque el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso.”

Y aprendí tanto que quise encontrármelo por la América, apretarle mucho la mano, como a un amigo viejo, y decirle donde todo el mundo me oyera: ¡Este hombre de La Edad de Oro es mi amigo!

Del Apóstol aprendí que el patriotismo es más bello cuando se muere por él, que cuando se recibe  recompensa; que necesito ser más culta para alcanzar la libertad absoluta, que aunque no he vivido en el monstruo debo conocerle las entrañas.

Conocí que los cubanos podíamos alcanzar una vida más plena  si era posible luchar de una manera decidida, valiente y abnegada. Un pueblo empeñado logró tales propósitos el primero de enero de 1959 tras el triunfo revolucionario.  

Siento que hoy soy peor que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas. Que tengo la dicha de tener decoro y dignidad gracias a Martí, que fue el autor intelectual del Moncada, de la lucha en la Sierra, de nuestra Revolución.

El Martí que yo conocí me inculcó que no se puede leer sin ternura, que no hay poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana, que para tener talento hay que tener buen corazón.

Sus pensamientos despertaron la claridad de que “el amor es el arma insustituible que unirá a los pueblos con lazos de fraternidad; una verdad que levantará a los caídos, despertará el socorro mutuo y abrirá el corazón para levantar a los más desposeídos.”

El Apóstol nos enseñó que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber. Su pensamiento predicó el amor y no el odio y se volvió guía de nuestras vidas, porque habló y pensó, con el lenguaje de ayer y de hoy y eso lo hizo grande.

A Martí lo lleva el pueblo de Cuba en las entrañas porque nos hizo pensar en la dignidad humana, porque se fundió como líder indiscutible y alcanzó su estatura universal de hombre íntegro, profundamente humano y un modelo a seguir por su querido pueblo.

En este enero  los cubanos traemos más arraigadas en el corazón las doctrinas del maestro, y en el pensamiento, las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos porque Martí vive, muy adentro.

Y ese es el Martí que llevo dentro: el que cultiva la rosa blanca para el amigo sincero; el que se alza en todas las épocas. En mi interior vive  porque su obra es nuestra guía y sus proyecciones se renuevan hoy para Cuba y el mundo, un hombre que  nos legó la idea del bien, de ser mejores personas y auténticos revolucionarios.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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