José Martí: Corrupción y política en los Estados Unidos, 1885.

La política tiene sus púgiles. Las costumbres físicas de un pueblo se entran en su espíritu y lo forman a su semejanza. Estos hombres desconsiderados y acometedores, pies en mesa, bolsa rica, habla insolente, puño resto; estos afortunados pujantes, ayer mineros, luego nababs, luego senadores; esta gente búfaga, de rostro colorado, cuello toral, mano de maza, pie chato y ciclópeo; estos aventureros, criaturas de lo imposible, hijos ventrudos de una época gigante, vaqueros rufianes, vaqueros perpetuos; estos mercenarios, nacidos, acá como allá, de padres perdidos al viento, de generaciones de deseadores enconados, que al hallarse en una tierra que satisface sus deseos, los expelen mas que los cumplen, y se vengan con ira, se repletan, se sacian en la fortuna que viene, de aquella que esperaron generación tras generación, como siervos, como soldados, como lacayos, y nunca vino; estos tártaros nuevos, que merodean y devastan a la usanza moderna, montados en locomotoras; estos colosales rufianes, elemento temible y numeroso de esta tierra sanguínea, emprenden su política de pugilato, y, recién venidos de la selva, como en la selva viven en la política, y donde ven un débil comen de él, y veneran en sí la fuerza, acaso única ley que acatan, y se miran como sacerdotes de ella, y como una cierta superior investidura e innato derecho a tomar cuanto su fuerza alcance. […] La inmigración tumultuosa; la fantástica fortuna que la recibió en el Oeste; la fuerza y riqueza mágicas que surgieron y rebosaron con la guerra, produjeron en los Estados Unidos esas nuevas cohortes de gentes de presa, plaga de la República, que arremete y devasta como aquella. El país bueno la ve con encono, pero alguna vez, envuelto en sus redes, o deslumbrado con sus planes, va detrás de ella. Algunos presidentes, como Grant mismo, hecho a tropa y conquista, la aceptan y mantienen y comercian con ella su apoyo y la accesión de una tierra extranjera. Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencia e influencia, cercan con lazos invisibles al Congreso, sujetan de la rienda la legislación, como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y se reparten ganancias en la sombra. Son los mismos siempre; siempre con la pechera llena de diamantes; sórdidos, finchados, recios: los senadores los visitan por puertas excusadas; los secretarios los visitan en las horas silenciosas; abren y cierran las puertas a los millones; son banqueros privados.
 
Si los tiempos solo se prestan a cábalas interiores, urden una camarilla, influyen en los decretos del gobierno de manera que ayuden a sus fines, levantan por el aire una empresa, la venden mientras excita la confianza pública mantenida por medios artificiales e inmundos y luego la dejan caer a tierra. Si el gobierno no tiene más que contratos domésticos en que rapacear, caen sobre los contratos, y pagan suntuosamente a los que les auxiliaren en acapararlos. Caen sobre los gobiernos, como los buitres, cunado los creen muerto; huyen por donde no se les ve, como los buitres por las nubes arremolinadas, cuando hallan vivo el cuerpo que creyeron muerto. Tienen soluciones dispuestas para todo: periódicos, telégrafos, damas sociales, personajes floridos y rotundos, polemistas ardientes que defienden sus intereses en el Congreso con palabras de plata y magnífico acento. Todo lo tienen: se les vende todo; cuando hallan algo que no se les vende, se coaligan con todos los vendidos y lo arrollan.
 
Es un presidio ambulante, con el que bailan las damas en los saraos, y coquetean los prohombres respetuosos, que esperan en su antesala y comen a su mesa. Esta camarilla, que cuando es descubierta en una empresa, reaparece en otra, ha estudiado todas las posibilidades de la política exterior, todas las combinaciones que pueden resultar de la política interna, hasta las más problemáticas y extrañas. Como con piezas de ajedrez, estudian de antemano, con sus diversas posiciones, los acontecimientos y sus resultados, y para toda combinación posible de ellos, tienen la jugada lista. Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta gran máquina: adquirir: tierra, dinero subvenciones, el guano de Perú, los estados del norte de México.”
 
“Cartas de Martí. Los secretarios del presidente. La política de acometimiento”. La Nación, Buenos Aires, 4 de octubre de 1885. Obras Completas. Edición Crítica. Centro de Estudios Martianos. La Habana, 2008. XXII, 1885: 226, 227.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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