Parques tecnológicos en Cuba: Innovación e independencia

Aunque casual, parece una intencionalidad histórica que en 2020 pueda comenzar una nueva era tecnológica para Cuba, justo cuando se cumplen 60 años de que el entonces primer ministro Fidel Castro Ruz, el 15 de enero de 1960, vislumbrara que el futuro de Cuba sería el de una sociedad de hombres y mujeres de ciencia.

Entonces era una actividad realmente exclusivista y atomizada. Seis décadas después, más de 86 mil 400 personas -que no son pocas- se dedican a esta actividad, sin contar a otros afines: los que indirectamente contribuyen con la innovación, los docentes creativos, aquellos que simplemente aportan su ingenio para solucionar problemas o los que son esclavos del saber para luego domesticar los avances producidos por la materia gris universal.

Aun así, el sistema de ciencias pide a gritos nuevas formas de organización que no ralenticen la invención ni vean menguar las fuentes de financiamiento.

Numerosas cartas suelen barajarse como causas del relativo retroceso de la actividad de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), cuando la más consistente explicación es la necesidad de la reorganización de ese sistema, que, dicho sea de paso, resulta la más compleja de las soluciones posibles.

Luego de prolongados estudios para lograr aires renovadores, el Gobierno cubano aprobó un paquete de políticas, 12 en total, que incluye desde el perfeccionamiento funcional y estructural del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), hasta la creación de estructuras dinamizadoras de la innovación.

Desde comienzos de noviembre pasado, la letra de un decreto ley ya precisa cómo regular la creación y funcionamiento de parques científicos y tecnológicos, así como de empresas de ciencia y tecnología que funcionen como interfaces entre las universidades y las entidades productivas y de servicios.

Entiéndase por parque, una organización gestionada por profesionales especializados cuyo fin fundamental es incrementar la riqueza de su comunidad al promover la cultura de la innovación y la competitividad de las empresas e instituciones generadoras de saber instaladas en sus predios o asociadas a él.

Esas organizaciones estimulan y gestionan el flujo de conocimiento y tecnología entre universidades, instituciones de investigación, empresas y mercados; impulsan la creación y el crecimiento de empresas innovadoras mediante mecanismos de incubación y proporcionan otros servicios de valor añadido, espacio e instalaciones de gran calidad.

Los cuatro parques científicos y tecnológicos aprobados para experimentar la nueva modalidad -ligados estos a centros de altos estudios en las provincias de La Habana, Villa Clara y Mayabeque-, están relacionados con el empleo de las tecnologías de la informática, en particular de software, a fin de lograr la independencia de las comunicaciones nacionales, de las plataformas monopólicas predominantes hoy.

Para estimular este propósito, los parques tendrán incentivos fiscales y en cinco años no tendrán que erogar dinero de sus utilidades por concepto de impuestos. Tampoco pagarán aranceles por las necesarias importaciones de partes, piezas y equipos durante igual período. También los investigadores – institucionales o por cuenta propia- tendrán ganancias correspondientes con las producciones y hasta la comercialización de estas, incluso regalías.

A primera vista, la fórmula promete ser efectiva debido el dinamismo que puede alcanzar de frente al mercado nacional e internacional, en particular cuando se trata del universo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Más complicado se le pudiera presentar, a los estrategas, cuando las investigaciones –biotecnológicas, por ejemplo- se hacen mercancías más dilatadamente.

De momento, ha nacido en el municipio capitalino de Cerro el Palacio Tecnológico y Parque Recreativo La Finca de los Monos, un prometedor sitio donde la tecnología se mezcla con la historia, la recreación y el aprendizaje. No huelga recordar que gran parte de nuestros admirados investigadores de hoy contaron durante su infancia con círculos de interés científicos, con laboratorios muy bien pertrechados en antológicos palacios e pioneros.

Y es que, sin cultura y vocaciones científicas, difícilmente conseguiremos un futuro de hombres y mujeres de ciencias.

Tomado de Juventud Técnica/ Imagen de portada: advaneo.de.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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