Camilo Cienfuegos: Cuando nace una sonrisa

Por Dailenis Guerra Pérez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Cuba.

Era el 6 de febrero de 1932 y se escuchó su llanto de vida. Nacía Camilo Cienfuegos, el muchacho de 24 años que, tras desembarcar en un pequeño yate por Los Cayuelos, llegó hasta la Sierra Maestra, el mismo que llevó a finales de la contienda su columna invasora hasta occidente y burló un 28 de octubre tempestades y caídas.

Quizás nunca imaginó  que un día sería proclamado Héroe de una guerra revolucionaria, y que una pequeña localidad de la antigua provincia de Las Villas, con el nombre indígena de Yaguajay, le serviría de apellido para siempre. Este joven guerrillero, que nació en una humilde vivienda de la barriada habanera de Lawton, emigrante en Estados Unidos, viajero en México, pasó a la posteridad como El Héroe de Yaguajay.             

Es que en Yaguajay, territorio asentado en un valle rodeado de pequeñas montañas, el habanero Comandante libraría al frente de la Columna No. 2, Antonio Maceo, una de las batallas más importantes en la recta final de la invasión que, desde la Sierra Maestra hasta el Occidente de la Isla, dirigió el líder Fidel Castro para liberar a Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959).

Camilo es una de las figuras más populares de la Revolución Cubana. En su paso desenvuelto y jovial, era la imagen de su pueblo. Alto y delgado, con un sombrero alón que devino símbolo de identidad personal, constituía la simbiosis de un carácter muy cubano: serio cuando debía serlo, pero siempre sonriente, con la broma en los labios, cariñoso y humano, solidario e intransigente.

Era un desconocido para el pueblo cubano hasta que triunfó la Revolución. La primera imagen que casi todos recuerdan de él es situado al lado de Fidel, quien pronunciaba su primer discurso en La Habana después del triunfo de la Revolución. Y la interrupción que Fidel hizo para preguntarle: «¿Voy bien, Camilo?», significando así la enorme confianza que el líder de la Revolución tenía en los criterios de su subordinado.

Luego, Camilo fue presencia obligada en toda Cuba. A mandarria limpia derrumbó los muros de un cuartel militar de los sicarios de Batista en La Habana y lo convirtió en escuela; luego, cuando la Patria estaba en peligro, pronunció en el balcón del Palacio Presidencial los memorables versos de Bonifacio Byrne, el poeta que vaticinó que los muertos, alzando los brazos, defenderían la bandera de la Patria.

Sin medir el tiempo ni sus múltiples obligaciones, Camilo detenía su vehículo en plena calle para conversar con amigos, vecinos y hasta gente desconocida que se le acercaban para saludarlo.

Mientras cumplía una tarea política, Camilo desapareció en el mar el 28 de octubre de 1959, apenas 10 meses después del triunfo revolucionario. La noticia de su pérdida en el mar entre Camagüey y La Habana trazó una estela de luto entre los cubanos, que aprendieron a quererlo y admirarlo en pocos meses.

Su desempeño en la lucha revolucionaria en la Sierra Maestra, la proeza de la invasión, en la que ganó los grados a sangre y fuego, su inteligencia natural, su aprecio por el pueblo, su personalidad y su devoción revolucionaria han hecho de Camilo una figura legendaria, venerada cada año por millones de cubanos, incluso generaciones que no lo conocieron en vida.

A Camilo no es posible ni encasillarlo ni aprisionarlo. Él vive, libre como fue su espíritu, aunque  diferente. Hoy nace entre la gente del pueblo, entre los estudiantes que pintan su sombrero alón y en la juventud que busca saber un poco más sobre quien fuera uno de los combatientes más temerarios y joviales del Ejército Rebelde.

En los centros educacionales, Camilo no solo se hace presente en cada imagen de su extraordinaria figura. Camilo es muestra de estudio de los profesores, quienes legan el  ejemplo del Señor de la Vanguardia a los educandos durante el proceso docente educativo.

Porque Camilo es como esos hombres que nunca mueren, de esos que viven todos los días, de los que  impactan, de los que se vuelven recuerdo sin olvido en  un ejemplo.

Dicen que Camilo murió en el mar, sin embargo, Camilo se multiplicó en el pueblo que hoy lo añora porque se impregnó en el espíritu de su gente, porque nos alumbra el alma con cien fuegos, como en aquel febrero, hace 88 años cuando alumbró con su sonrisa el cielo de la Patria.

Foto de portada: Perfecto Romero.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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