Los tentáculos del Pentágono se expanden en América Latina (Parte III)

Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Al comentado intento disfrazado en el 2012 de instalar en la provincia del Chaco-Argentina, una base militar del Comando Sur, le siguió la inauguración en Chile de una base estadounidense en Fuerte Aguayo, ubicada a unos 20 km al norte de Valparaíso que, según la versión oficial, “se especializaría en el entrenamiento de soldados para las Fuerzas de Paz de Naciones Unidas”.

El disfraz fue diferente, pero para encubrir lo mismo en la base chilena, que fue presentada como apoyo a la capacitación de personal encargado de ejecutar operaciones de mantenimiento de la paz o de estabilidad civil. ¿Dónde, quién las convoca, en qué situaciones?

Estados Unidos diseña sus intromisiones y pretende imponerlas a pueblos supuestamente ignorantes de la larga tradición intervencionista que le acompaña, recordar como en el siglo XIX, los marines estadounidenses invadieron Buenos Aires, igualmente invocando nobles propósitos y esta es una historia real para no ser olvidada, está estampada de forma indeleble en la memoria de las generaciones de porteños, que han precedido a las presentes. Por lo general no se enseña en los colegios y muchos lo niegan rotundamente, otros quieren ignorarla.

El 3 de febrero de 2020 se cumplió el 168 aniversario de una de las primeras invasiones directas de Estados Unidos a Argentina, al desembarcar un grupo de marines en igual fecha del año 1852 en Buenos Aires, con el pretexto de “proteger sus intereses”. Ese mismo día se había producido la derrota de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros.

Argentina, como se conoce hoy, alcanzó su independencia de España en 1816. El 9 de julio proclamaron la independencia de la metrópoli española  y constituyeron las Provincias Unidas de América del Sur, que más tarde se denominarían Provincias Unidas del Río de la Plata. El 6 de noviembre de ese año es izada por primera vez en las Islas Malvinas, la bandera argentina para comenzar a ejercer allí la soberanía nacional.

El 11 de diciembre de ese año, Thomas Lloyd Halsey, agente comercial de Estados Unidos ante las autoridades del Río de la plata, promueve y gestiona un empréstito de dos millones de pesos, destinados a armar un ejército paralelo al que combatirá en Chile y Perú a las órdenes de San Martín. El gobierno de Washington se mueve en las sombras de esta gestión y la cara pública de la misma es un grupo de capitalistas privados encabezados por un coronel norteamericano.

Desde entonces un llamado director supremo fue nombrado para encabezar el nuevo Estado y una Constitución intentó organizarlo, pero no tuvo vigencia. El proceso político regional se movía al influyo de las ideas federalistas en auge enfrentadas a las unitarias, que derivó en enfrentamientos verbales y armados como la llamada primera batalla de Cepeda en 1820.

Las tropas  federales se impusieron a las del gobierno nacional, también conocido como Directorio. Se impuso un federalismo unigénito con la integración de trece provincias, que en 1834 serían catorce al separarse Jujuy de Salta.

Este proceso fue tortuoso, en 1820, se logró una paz débil, pero no se logró consolidar el gobierno. La anarquía y el desorden político erosionaron a las Provincias Unidas durante toda esa década del veinte. El 13 de junio de 1822, Estados Unidos reconoce al gobierno de Buenos Aires y con ello se adjudica el derecho a intervenir en sus asuntos internos según su entender y parecer.

Un factor externo irrumpió en el escenario argentino: la guerra con Brasil, que logró una precaria unidad de acción para enfrentarla y las provincias se reunieron en 1824. Con predominio de los unitarios, se consiguió elegir a Bernardino Rivadavia como presidente.

En 1828 Manuel Dorrego, gobernador federal, quien contaba con el respaldo del resto de los gobernadores  fue depuesto y fusilado por el general unitario Juan Lavalle, dando lugar a una guerra civil. En Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas fue el encargado de resistir a los golpistas y en 1829 fue elegido gobernador, restituyendo la cámara legislativa.

En agosto de 1830, se creó la llamada Liga Unitaria o Liga del Interior, que se enfrentó y derrocó a los gobiernos federales y  desafió al poder de Buenos Aires, dando origen, como respuesta, al Pacto Federal en enero de 1831, integrado por Buenos Aires, Corrientes y Santa Fe. La aspiración máxima fue que se erigiría en el futuro un gobierno federal. Un compromiso colectivo de defensa militar firmado contra posibles ataques unitarios, permitió vencer al general José María Paz y terminar con la etapa anárquica.

De Rosas logró  poner en orden y pacificar la provincia de Buenos Aires, se le negaron facultades omnímodas para continuar su gestión, por ese motivo se sucedieron algunos gobernadores en el cargo.

El 28 de diciembre de 1832, la corbeta de la marina de guerra norteamericana “Lexington”, al mando de Silas Duncan, atacó las Islas Malvinas. Como pretexto el agresor esgrimió el apresamiento de tres barcos norteamericanos que depredaban sin autorización del gobierno isleño del gobernador Luis Vernet la fauna local. Se dedicaban,  en la zona, a la caza no controlada de lobos marinos

Esta fue la agresión, que originó el conflicto que dura hasta nuestros días, al ocupar posteriormente Inglaterra las Islas Malvinas, que las retiene hasta hoy contra la voluntad soberana de la Argentina, sin que jamás fuese alegada la “doctrina” Monroe. Inglaterra tenía fundadas dudas sobre los verdaderos objetivos expansionistas de Estados Unidos con relación a las Islas Malvinas, por ello aceleró la ocupación y retención de ese territorio argentino.

El gobierno de Estados Unidos urgió a su par de Inglaterra para que ocupara las Islas, así lo dejó claro el representante de Inglaterra al comunicar que: “Estados Unidos y su representante en Argentina están listos a reconocer los derechos soberanos de S.M. Británica en las Islas Malvinas.”  “El gobierno inglés debe notificar al de Estados Unidos sus derechos a la soberanía de las Islas e impedir que una “horda de piratas” moleste al comercio de los Estados Unidos. Así me lo ha prometido.”

Cuando hablaba de “hordas” se refería sin dudas a los argentinos con el gobernador Vernet al frente, o al gesto digno posterior del gaucho Antonio Rivero, quien con solo siete argentinos arrió la bandera inglesa y colocó la nacional el 26 de agosto de 1833, como una expresión de rebeldía contra el invasor, que apenas duró unos pocos meses, pero dejó un legado de patriotismo. Rivero fue llevado a Londres y exhibido como trofeo de guerra, tras ser derrotado por medio de la represión de los conquistadores.

El primero de octubre de 1833, se produjo el desembarco de marines norteamericanos en el puerto de Buenos Aires, con el pretexto de proteger intereses de ciudadanos estadounidenses. El contingente permaneció en territorio argentino dos semanas.

En 1834 se produjo una guerra entre las provincias de Tucumán y Salta; Rosas ordenó a Juan Facundo Quiroga, caudillo riojano y delegado de Buenos Aires, mediar en el conflicto, pero fue asesinado en Barranca Yaco, dejando al país bajo la poderosa y única influencia de Rosas, que asumió la gobernación de Buenos Aires entre 1835 y 1852.

El 2 de marzo de 1839, el gobierno argentino renueva sus relaciones con Estados Unidos y pide explicaciones a ese gobierno por el bombardeo de Puerto Soledad por el barco de guerra norteamericano “Lexington”. Estados Unidos responde al gobierno argentino, que cualquier decisión está en espera de la solución del conflicto entre Argentina e Inglaterra sobre la soberanía de las Islas Malvinas.

Tiempo después Estados Unidos, además de no dar satisfacción diplomática al gobierno argentino por la agresión, se negó a pagar indemnización por los daños causados. Alegó que esas islas estaban abandonadas.

En 1852, Justo José de Urquiza, caudillo de la provincia de Entre Ríos, quien defendía la opción de una Constitución central, encabezó una revolución en contra de De Rosas, cuyo momento culminante fue la batalla de Caseros el 3 de febrero, en la que las tropas de De Rosas fueron derrotadas, como se mencionó.  Ese mismo día se produce el citado desembarco de marines en Buenos Aires con el pretexto de “proteger intereses  norteamericanos”. Permanecen en esa ciudad hasta el doce de ese mes. La presencia indeseada de marines norteamericanos en Buenos Aires, fue breve, empero estableció un precedente. Este no sería un hecho aislado ni único, después se sucederían otros similares.

Así sucedió nuevamente el 17 de septiembre de 1852 cuando los marines desembarcaron en Buenos Aires, esgrimiendo el manido pretexto de defender sus intereses. Esta vez la presencia de tropas norteamericanas en esa ciudad se extendió hasta el 1 de julio de 1853, con un contingente militar mayor.

En 1859 se firmó el Pacto de San José de Flores por el cual el Estado de Buenos Aires pasaba a integrar la Confederación, pero hicieron falta dos batallas, una en Cepeda, en octubre de 1859, y otra en Pavón, en septiembre de 1861, para finalizar con la división que afectaba al territorio argentino. En 1862 se celebraron elecciones mediante las que Mitre fue elegido presidente de la Confederación Argentina, con su capital en Buenos Aires.

La persistencia de un conflicto de poderes entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires y el presidente de la Nación, la ciudad de Buenos Aires fue proclamada Capital Federal y Dardo Rocha, gobernador de Buenos Aires, quien fundó en 1882 la ciudad de La Plata con el fin de establecer una capital provincial diferenciada.

A pesar de los adelantos alcanzados en la Argentina, la clase media y los sectores populares quedaron postergados durante muchos años, lo que provocó el estallido de numerosos levantamientos de diversa índole como los que tuvieron lugar en 1890.

Esta situación fue una oportunidad más utilizada por Estados Unidos para intervenir e invadir a la ciudad de Buenos Aires. El 3 de julio de 1890 durante los acontecimientos políticos ocurridos en la República Argentina, tropas del barco de guerra norteamericano “Tallapoosa” desembarcaron en Buenos Aires, con el socorrido pretexto de proteger el Consulado y la Legación de Estados Unidos en esa ciudad. Fue la tercera vez en treinta y ocho años, que Buenos Aires, era invadida por tropas norteamericanas.

Cerraba así el siglo XIX, en el siguiente otras historias de intervenciones de todo tipo se sucederían en las relaciones entre Estados Unidos y Argentina.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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