Perú: Nada que celebrar de las elecciones 2020

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Por Paul Maquet.

A una semana de las elecciones y con los resultados más claros, ya es posible hacernos un panorama con mayor perspectiva. Y lo cierto es que, ya con la cabeza fría, los resultados contrastan muy fuertemente con las imágenes de victoria y celebración de diversos partidos que llenaron las pantallas de la televisión el domingo pasado. No hay nada que celebrar: nadie ganó.

En estos días, todo el mundo ha estado preguntándose por qué Acción Popular ha tenido tanto éxito en estas elecciones. Han pasado de tener una mini bancada de 5 curules en el Congreso disuelto, a tener la primera bancada con 25 representantes. ¿Cuál ha sido la estrategia, qué ha sido lo que han visto los electores en este viejo partido? ¿Ha sido la historia e institucionalidad de un partido con experiencia? ¿El hecho de que no tengan mayores escándalos de corrupción? ¿Un premio a su rol en el Congreso en los últimos años?

Se ha dicho todo esto, pero todo resulta de un análisis exagerado. AP ha pasado de 7.2% de votos válidos en las elecciones pasadas, a 10.3% en las últimas. Apenas 3 puntos de “crecimiento”. Apenas ha captado 3 puntos del descalabro de los otros partidos. ¿Ese es un ‘éxito’? Lo cierto es que AP ha recibido el respaldo del 8% de los votos emitidos, lo que además representa no más del 6% del total del electorado. Los cuatro señores limeños y mayores que aparecieron el domingo “celebrando” en el local de Paseo Colón deberían pisar tierra.

¿Por qué su bancada ha crecido tanto, entonces? Simple: han ganado por “walk over”; es como si los primeros puestos se hubieran declarado “desiertos”. En unas elecciones “normales”, con 10% un partido hubiera quedado en el pelotón de bancadas chicas, pero como nadie ha sacado más, les corresponde ocupar la primera minoría.

Lo mismo ocurre con APP, que pasa de tener 9 curules a 22, siendo ahora la segunda bancada del Congreso. Pero su voto incluso ha retrocedido respecto de las elecciones anteriores: ahora obtiene el 8.1% de los votos válidos, cuando el 2016 habían obtenido el 9.2%. Sus 22 congresistas representarán solo el 6.5% de los votos emitidos y al 4.9% del total de electores.

Si AP ha crecido marginalmente y APP apenas se ha mantenido, el Frente Amplio ha perdido claramente. Pierde curules y pierde votos: pasa del 13.9% al 6.2%, lo que en realidad es tan solo el 5% de los votos emitidos y el 3.7% de los electores. Pese al buen papel jugado, en los hechos, en el proceso que culminó con el cierre del Congreso, a las izquierdas les pasa factura su enésima división, pues los votos sumados del FA y de JPP hubieran podido -teóricamente- convertirlas en la primera bancada. Se ha dicho mucho sobre esto, y no voy a abordar en este artículo un análisis específico sobre la izquierda. Pero es notable cómo se ha licuado la fuerza emergente que representó el FA en las elecciones anteriores: por un lado, quedará una bancada disminuida que casi no pasa la valla; y por el otro lado, la lista apoyada por la mejor candidata presidencial de la izquierda en décadas obtiene resultados paupérrimos, luego de idas y venidas en torno a sus alianzas y estrategia.

Los tres principales partidos que quedan del Congreso anterior, pues, no han ganado nada. Otro partido que apareció entre los “ganadores” en la foto inicial fue Somos Perú, pero su bancada de 11 curules también es producto de la misma “inflada” que beneficia a AP y APP: como no hay nadie con más de 10%, basta sacar 6% para sacar 11 congresistas. En cualquier otra circunstancia normal, SP apenas hubiera logrado tener una mini bancada. Lo cierto es que representan apenas 4.9% de los votos emitidos y únicamente 3.7% del total del electorado.

La gran irrupción de estas elecciones han sido, sin duda, las bancadas de UPP, el FREPAP y PODEMOS. El voto por estos partidos ha sido interpretado como un “voto de protesta”, una crítica a los partidos tradicionales, una búsqueda de opciones más radicales, una muestra de la crisis del sistema político. Todo esto puede ser cierto, y cabe un análisis caso por caso. Sin embargo, el gran logro de estos partidos ha sido el solo hecho de postular: como no postularon en las elecciones anteriores, no hay manera de estimar el real crecimiento de su potencialidad electoral, es decir, del número de electores dispuestos a votar por opciones como estas.

Por ejemplo, en el caso de UPP, se ha hablado de un desplazamiento del voto que el Frente Amplio y Verónika Mendoza obtuvieron el 2016 en el sur andino, en términos de una radicalización del electorado. Pero mirando las cifras regionales, ocurre con UPP lo mismo que con los demás partidos: su mayor logro es ser la primera minoría, y sus cifras son modestas en comparación a las que obtuvo la izquierda el 2016. En Puno, Tacna, Huancavelica, Cusco y Apurímac, UPP obtiene entre 11 y 19%, cuando en esas mismas regiones el FA había sacado entre 32 y 39%. Si bien hay un tercio del voto izquierdista que parece haber sido capitalizado por UPP, no es claro que haya habido una radicalización de los votantes: es posible que, de postular un partido antaurista el 2016, también hubiera captado una proporción parecida del voto.

A nivel nacional, a Antauro y Virgilio Acuña no debería subírseles el poder a la cabeza: representan apenas el 5.6% del voto emitido y apenas el 4.1% del electorado total, algo muy marginal como para que pretendan imponer su sed de sangre y su fascismo demagógico. Por supuesto, lo que más preocupa de estas elecciones es la aparición electoral de una opción fascista popular, sin ningún compromiso por los derechos humanos ni la democracia. Cabe estar atento y hacerles frente. Sin embargo, en este momento, no se puede sobredimensionar su representatividad.

En el caso de PODEMOS, su presencia se ha concentrado principalmente en Lima, y alrededor de la figura de Urresti. Sin embargo, a nivel nacional sus resultados son, en términos generales, bastante modestos. Urresti como persona, por otro lado, obtuvo un 19% de votos válidos cuando postuló a la alcaldía de Lima hace menos de dos años; esta vez, la lista que encabeza ha obtenido solo un 15%. Si bien no se puede comparar automáticamente una elección municipal y una legislativa, tampoco es que las cifras den como para hablar de un crecimiento electoral de la figura del acusado por el crimen de Hugo Bustíos.

Por su parte, el FREPAP está en circunstancias muy parecidas a todos los demás partidos que hemos mencionado aquí. Si bien tienen por primera vez una presencia electoral importante, tampoco se debe sobreestimar: representan al 6.7% de votos emitidos y el 4.9% del electorado total.

Los partidos representados en el nuevo Congreso sumarán en total un 68% del voto válido, apenas un 55% del voto emitido y un modesto 41% del electorado hábil. El Congreso anterior, que fue un fiasco, tenía fuerzas que representaban un 90% del voto válido. Así pues, este nuevo Parlamento será aún menos representativo, aunque sea más diverso.

El verdadero dato no es, pues, “quién ganó”, porque nadie ganó. El verdadero dato es el descrédito del sistema político. Mal harían los nuevos congresistas en sobreestimar su representatividad: por el contrario, les toca asumir con humildad y cumplir con las exigencias de la ciudadanía, poniendo en marcha las reformas electorales, políticas y anticorrupción que están pendientes.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina/ Fuente: Waykape.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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