EEUU: La camarilla trumpiana tras el imposible de acabar con Venezuela y Cuba

Las sanciones son un crimen”. Bajo ese lema el Gobierno venezolano inició una campaña comunicacional para darle visibilidad a las dificultades internas del país, tras las constantes sanciones impuestas por Estados Unidos (EE.UU.) que han causado pérdidas en el orden de los 40 mil millones de dólares.

La vicepresidenta ejecutiva de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, expresó que las medidas coercitivas unilaterales constituyen una violación de la Carta de las Naciones Unidas y una herramienta de agresión directa contra el pueblo.

La campaña fue anunciada luego de que Donald Trump notificara al Congreso estadounidense su decisión de extender un año más la declaración de Emergencia Nacional al país caribeño.

Las sanciones se cocinan en los hornos de la Casa Blanca desde hace cinco años, cuando el 9 de marzo del 2015, el entonces presidente Barack Obama, declaró la emergencia nacional contra Venezuela al considerar que su situación política constituía “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad y política exterior de Washington.

Una vez más EE.UU. se sentía “acorralado” por lo que desde el inicio de las imposiciones, ya estaba armado el aparataje de presiones que incluyeron la congelación de los activos venezolanos ubicados en EE.UU. con potencial de ser extendido a instituciones y personas vinculadas al Gobierno de Venezuela.

El aumento de las medidas unilaterales no sorprendieron con la llegada de Trump al poder. De acuerdo con el Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Central de Venezuela, Luis Quintana, sobre el país “han operado sanciones formales establecidas mediante instrumentos jurídicos y administrativos, así como sanciones informales o de facto con, al menos, una década de aplicación”.

Esas sanciones que no están establecidas en ningún documento oficial, se manifestaron, principalmente, según Quintana, en el sobredimensionado riesgo país, multiplicando las restricciones financieras sobre operaciones de comercio internacional vinculadas a la importación de alimentos, medicamentos y repuestos estratégicos para empresas y servicios públicos.

A partir de la promulgación de una sarta de decretos que comenzaron a anunciarse en agosto de 2017, el Emperador naranja ha endilgado a su gestión gubernamental una serie de golpes que han ido en ascenso.

En agosto de 2017, las sanciones afectaron, significativamente, las operaciones de la estatal petrolera Petróleos de Venezuela (PDVSA), impidiendo el acceso a los mercados financieros de EE.UU.

El 2018 fue el año en el que se dictaron las medidas coercitivas de carácter económico, mientras, las petroleras, más fuertes y destructivas, se aplicaron en enero de 2019, por lo que el impacto real de las restricciones aún está por verse.

El economista estadounidense Steve Hanke afirmó para la revista Forbes que EE.UU. había aprovechado las vulnerabilidades de Venezuela para iniciar una guerra subliminal, sin embargo, la agresión económica fue declarada en toda su magnitud el 28 de enero de 2019, con el bloqueo a PDVSA, que controla las mayores reservas de petróleo del mundo y produce prácticamente la totalidad de divisas del país.

Una guerra que, ciertamente, fue arreciada, luego de que el 5 de agosto de 2019, un nuevo decreto presidencial amplió el programa de sanciones a la categoría de embargo y autorizó la aplicación de sanciones secundarias contra empresas o países que tuvieran relaciones comerciales con Caracas.

El profesor de economía y asesor superior de las Naciones Unidas, Jeffrey Sachs, dijo: “estas sanciones quedarían comprendidas en la definición de castigo colectivo de la población civil, tal como describe en los convenios internacionales de Ginebra y de La Haya”.

La fuerte contracción económica por la abrupta caída del Producto Interno Bruto, ha vaciado los bolsillos de los venezolanos privándolos del acceso a servicios y productos de primera necesidad.

Más que estrangular a PDVSA y a la economía nacional, la más ferviente aspiración de Trump es un estallido social que desemboque en la caída del gobierno del presidente Nicolás Maduro y de paso, para completar el pedido histórico, reapuntar los cañones con mayor fuerza a Cuba.

La imposibilidad de materializar el éxito, se ha traducido en un acoso irracional contra la Isla que despliega las medidas persecutorias contra empresas navieras y buques que llevan el petróleo, el establecimiento de querellas judiciales y reclamaciones oportunistas para la recuperación de propiedades que no les pertenecen tras las legales nacionalizaciones revolucionarias, las restricciones de remesas y el zarpazo más reciente protagonizado con la cancelación de los vuelos chárter, exceptuando La Habana.

PGS/RL/ Foto de portada: Europa Press. 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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