El mundo vive en emergencia

Por Flor de Paz.

Haití vive en emergencia. Fue esta la primera oración que escribí hace 21 años en una crónica que me salió de un tirón, luego de pasar la frontera entre República Dominicana y la otra mitad de la isla La Española. Tras el punto policial, un sinfín de motociclistas se abalanzaron sobre quienes íbamos pasando, y sin tiempo a reaccionar ya habían tirado de nuestros equipajes y hasta de nosotros mismos para, por diez dólares, trasladarnos un kilómetro, un cierto terreno de nadie que separa, por la parte sur, ambos límites nacionales.

No fue menos violenta la entrada al otro punto fronterizo. Los motoristas, a toda velocidad, traspasaron la reja divisoria sin detenerse y, por tanto, sin darnos la oportunidad de mostrar nuestros pasaportes. Cuando lo hicieron, hombres vestidos de civil nos lo pedían, mientras casi todos los que habíamos entrado a Haití de aquella manera recordábamos que los dominicanos nos habían dicho que tuviéramos mucho cuidado a quien le entregabamos nuestros documentos. Así que fuimos conducidos a un local en cuyas paredes había infinidad de fotos de gentes que se buscaban.

A nuestro auxilio llegó el funcionario que nos atendería en nuestra semana de estancia en Haití. Y una vez en su auto, nos adentramos en un país donde geografía y pobreza se contrastan con agudeza. Ya en Puerto Príncipe, una urbe con pocas calles asfaltadas y escasas estructuras albañales, las personas transitaban a la par que los carros, el calor quemaba como el picante de las comidas y el polvo blanco y seco de las vías sin asfalto se levantaba en torbellinos tras el paso de cualquier vehículo.

Allí habían llegado meses antes las brigadas médicas cubanas, tras las intensas lluvias en las que habían perecido miles de haitianos; especialmente aquellos que vivían (o sobreviven aun) en pequeñas “casitas” que no superaban los tres metros levantadas con bloques, en terrenos pendientes y con tejas de fibrocemento.

Lejos de la capital, en una localidad llamada Jacmel, un pequeño hospital era atendido por los médicos cubanos. Llegamos mientras asistían a un niño muy desnutrido que estaba deshidratado, al cual le habían comprado de su propio bolsillo los medicamentos que necesitaba, porque aun con la atención gratuita de los colaboradores de la mayor isla de Las Antillas, el centro asistencial exigía que los pacientes pagaran dichos suministros. Esa escena, que solo había visto en imágenes audiovisuales, está en la primera página de un pequeño album de fotos que conservo desde aquellos días.

No fue esta la única localidad que visitamos en Haití, ni la única donde había una brigada médica cubana. Las condiciones en que estas trabajaban allí, incluso en el hospital de Puerto Príncipe, cuya entrada estaba custodiada por un hombre armado, eran muy difíciles.

La historia de la colaboración médica cubana en el mundo no carece de anécdotas como estas. Hay muchas más dolorosas, hay otras heroicas. Pero casi todas transparentan el humanismo que las sustenta, más allá de terceras intenciones que pretenden desvirtuar la presencia de la medicina cubana allí donde se necesita, como en estos días que el mundo vive en emergencia.

RL/ Foto de portada: @MINSAPCuba/ Twitter. 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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