La tragedia de Chernobyl a 30 años del programa médico cubano (Parte IV)

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Por Maribel Acosta Damas y Roberto Chile.

Tomas la línea 2 del metro  de Kiev en la estación Kontraktova Ploshcha y te bajas en el centro de la ciudad, llegas hasta la calle Khoryva del barrio Podil. Allí está el edificio que hasta 1992 fue propiedad del cuerpo de bomberos.  Hoy es Museo Nacional de Chernobyl.

La entrada te lleva a diferentes salas. Impresionan los objetos, las fotografías y la disposición de lo que allí se guarda. Las luces bajas y el sonido te acompañan en el recorrido. Están los trajes de los bomberos y de los liquidadores que socorrieron la catástrofe, sus fotos, sus pertenencias. Muchos no sobrevivieron. Están los restos de lo que fue una ciudad, un poblado, una aldea, un lugar de gente común que torció su vida el 26 de abril de 1986 cuando estalló el cuarto reactor de la Central electronuclear Vladimir Ilich Lenin de Chernobyl en Ucrania.

Las salas recuerdan que en aquellos sitios vivía la vida: los vestidos de fiesta de una niña, la cuna de un bebé, la bicicleta de jugar en los parques como todos los niños del planeta… un arca lleno de peluches, tal vez como metáfora de lo vale la pena salvar en cualquier tiempo…

Un panel inmenso de rostros, de niñas y niños. Algunos vivos, otros ya no.

En esas fotos están Lena, Roman o Micha.  Son muchos y la misma historia triste o de esperanza, o de ambas cosas. La madre de Micha recuerda que él nació sin una aurícula, no tenía conducto auditivo del lado izquierdo. En el momento del accidente ella vivía en una zona que se contaminó con la catástrofe. Allí vivió mucho tiempo. Después nació Micha. Buscó muchos médicos.  Le dijeron que una operación con la prótesis costaba 84 000 euros y no pudo.

En el año 2007  Natacha y Micha llegaron a Cuba. Micha era muy pequeño. Ahí vivieron 5 años. El padre de Micha los abandonó… en los tiempos malos se sabe de la calidad de los seres humanos. Micha pasó por seis etapas de cirugías y tratamientos.  Natacha siempre recuerda que cuando Micha era niño pequeño le preguntaba: “¿por qué yo no soy  como todos los demás?”  Y ella le respondía: “Cuando tú crezcas nosotros te vamos a coser la orejita”. Pero por si fuera poco, la madre de Micha tuvo desprendimiento de retina en el ojo derecho. Y también fue operada en Cuba. Todo salió bien.

En noviembre de 2019 encontramos en Kiev a Natacha y a Micha. Él estudia en 4to año de la Universidad la especialidad de electrónica radiofónica. Natacha dice: “Cuba nos dio la posibilidad de una vida feliz”. Suficiente para la respetar la dignidad humana.

Y merecidos los aplausos a los que van de batas blancas por el mundo, con la bandera del escudo rojo y la estrella sola, y la foto de un hombre en el costado. Ese que hoy diría sí de nuevo al auxilio al otro, en el día en que el programa que él gestó para atender a más de 26 mil niños y niñas de Ucrania, Rusia, Moldavia y Bielorrusia, cumple 30 años. 

Un 29 de marzo de 1990 nació el Programa médico cubano que atendió a los niños y niñas afectadas por la catástrofe de Chernobyl y que durante veintiún años ofreció  salud gratuita, como debe ser; como es en la isla.

RL/ Foto de portada: Museo Nacional de Chernobyl/ Pripyat/ Roberto Chile.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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