Los terroristas contra la Nación y la emigración (Parte IV)

Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El periodista de origen cubano Manuel de Dios Unanue, nació en la provincia de Camagüey, Cuba,  el 4 de enero de 1943.Junto con su familia se estableció primero España en 1967, después se trasladó a Puerto Rico.Hizo una maestría en Criminología de la Universidad Interamericana en esa isla, antes de mudarse a la ciudad de Nueva York en 1973.

Allí ejerció el periodismo de investigación, fue presentador de radio, editor del tema antidroga de las revistas Cambio XXI y Crimeny editor en jefe de El Diario La Prensa, el periódico en español más prominente de la ciudad de Nueva York a cual se unió en 1977.

En noviembre de 1978, De Dios formó parte de un grupo de emigrados que participaron en el diálogo entre la Nación y la emigración y se convirtió en miembro de su Comité de 75. Conversó con el líder cubano, a quien entrevistó durante las sesiones del encuentro y a su regreso recibió varias amenazas de muerte por parte de organizaciones terroristas en Nueva York, como el archí criminal Omega-7, desde entonces estaba sentenciado.

En el mencionado diario fue primero reportero, luego, hasta llegar a editor en jefe de 1984-1989.Después fue despedido en ese último año, debido a sus críticas del entonces alcalde de la ciudad de Nueva York, Ed Koch.

Después de abandonar El Diario-La Prensa, de Dios presentó un programa de radio llamado «Lo que otros intentan silenciar», y dio a conocer en el aire los nombres de presuntos narcotraficantes, esto lo colocó en el campo visual de los sicarios de Cali.

Fue asesinado en el Condado de Queens,  por el sicario colombiano Alejandro Wilson Mejía-Vélez. Su asesinato fue el primero ejecutado por un cártel colombiano en territorio estadounidense contra un periodista.»Fue absolutamente el periodista estadounidense más destacado en exponer a los carteles», dijo Rossana Rosado, editora deEl Diario-La Prensa.En 1988, de Dios publicó un libro, Los secretos del cartel de Medellín.

El 11 de marzo de 1992, de Dios estaba sentado en el bar del restaurante Mesón Asturias, en Queens, Nueva York, cuando su asesino se le acercó por la espalda y le disparó dos veces en la cabeza.De Dios murió al instante.Su muerte había sido decidida por el jefe del cártel de Cali, José Santacruz Londoño. Sus restos fueron enterrados el 14 de marzo de 1992, en Puerto Rico.

El 5 de mayo de 1993, los fiscales federales del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en Brooklyn acusaron a John Mena, de 24 años, de organizar el asesinato en nombre del cartel de Cali;también acusaron a Alejandro Wilson Mejía-Vélez, de 18 años, de ser el ejecutor.

Otros conspiradores arrestados por el asesinato fueron Juan Velasco, quien se convirtió en informante y recibió 15 años junto con su esposa Elizabeth Castaño, quien también cooperó y recibió una sentencia de 18 años.Otro conspirador, Guillermo Gaviria, permaneció prófugo hasta su arresto en Colombia el 18 de abril de 1999.

El 9 de marzo de 1994, Mejía-Vélez, el único de los conspiradores que compareció ante un jurado, fue declarado culpable.Su condena se basó en gran parte en el testimonio de Mena y otros dos conspiradores, Elkin Farley Salazar y José James Benítez, quienes recibieron sentencias de 18 años a cambio de su testimonio contra Mejía-Vélez. En el juicio de Mejía-Vélez, los testigos de cargo identificaron al mencionado jefe del cartel de Cali, como el instigador principal del complot, quien fue asesinado por la policía colombiana el 5 de marzo de 1996.

Hay historias poco conocidas, que se mezclan y ofrecen alternativas sobre el mismo hecho, esta es una de ellas. El 3 de enero de 2011, el converso y mimético político republicano norteamericano de origen cubano Lincoln Rafael Díaz-Balart Caballero, dejó su escaño en el Congreso de Estados Unidos a donde había llegado dieciocho años antes, como representante por el estado de la Florida. Algunos suspicaces conocedores del medio político de los norteamericanos de origen cubano se preguntaron, cómo era posible que con la obsesión y el excesivo afán de protagonismo de este congresista federal, haya renunciado a ese puesto

Político de ética elástica dice haber recibido una iluminación divina en abril de 1985, que le indicaba cambiar de casaca partidista. Proviene de una familia que ha utilizado la política para escalar posiciones económicas por más de ochenta años, primero en la Cuba natal y después en Estados Unidos, afiliados todos al Partido Demócrata hasta el 24 de ese mes cuando Lincoln, su esposa Cristina Fernández y su hermano Mario dijeron adiós a los elefantes demócratas, y más por oportunismo que por convicción, se pasaron a los burros republicanos.

Lincoln Rafael no era un simple militante de filas, ocupaba relevantes cargos dentro del Partido Demócrata en la Florida, había sido líder de los jóvenes demócratas en el condado Dade y después, de todo el Estado. También había sido elegido miembro del selecto Comité Ejecutivo de ese partido en el mencionado Condado, era entonces una estrella rutilante en ascenso, pero en 1982 se postuló como demócrata para ocupar un escaño en la Cámara de Representantes del Estado por el Distrito 113 y en las elecciones perdió frente al republicano Humberto Cortina. Ese fracaso en la carpa demócrata lo inspiró a dejar a sus correligionarios y pasarse a la competencia  partidista. Le fue bien como republicano, entre 1986 y 1989 estuvo en la Cámara de Representantes estadual y después fue senador al mismo nivel hasta 1992.

Durante sus años como congresista, fue controvertido, hizo las mismas triquiñuelas de otros políticos para evadir los controles de las contribuciones a sus campañas electorales. Mañoso de cuna y fullero de formación, no evitó relaciones de alto riesgo como coquetear con figuras relacionadas con el narcotráfico en Colombia.

Las andanzas mafiosas de Rafael Lincoln Díaz-Balart y su hijo Lincoln, en Colombia, han trascendido durante años a la prensa en  artículos que denunciaron cómo ese binomio familiar intercedió en 1984 para evitar la deportación a Estados Unidos desde España del jefe del cártel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela, entonces detenido en ese país y reclamado por la justicia norteamericana, quien corría el riesgo de ser deportado a los Estados Unidos, para ser juzgado.

Al padre de Lincoln le quedaban accesos a figuras políticas de derecha en España desde sus andanzas por ese país, más la presencia en ese país de su hermano Waldo, convertido en afamado pintor. A punto de travestirse de demócrata en republicano, a Lincoln Rafael le sobraban los contactos políticos para apoyar una gestión de ese tipo y su padre no vaciló en acudir a él. Era un problema de familia.

Se asegura que en este escenario sirvió de mediador un personaje controversial de la farándula política cubana antes del triunfo de la Revolución, el político, periodista y comentarista radial José Pardo Llada, quien a principios de 1958 lideraba un jocoso partido político de oposición denominado Partido Nacionalista Revolucionario o “partido del meneíto”, como el pueblo lo llamaba.

Pocos años después del triunfo revolucionario,  Pardo Llada se estableció en Cali, Colombia, se naturalizó y llegó a ser senador en ese país, además de embajador colombiano en Noruega y República Dominicana.

Durante el mandato como senador por Cali, tuvo lugar la muerte del capo narcotraficante Pablo Escobar Gaviria y la desaparición del Cartel de Medellín. Para ese entonces, los hermanos Rodríguez Orejuela  (1) controlaban todo el narcotráfico de Colombia. Gilberto uno de los ellos es arrestado en Madrid, entonces su  hermano Miguel, le pide a su senador de Cali, que medie para sacar a su hermano de España. Pardo Llada, se comunica, con su amigo de la infancia Rafael Díaz-Balart Gutiérrez, para que medie en esta gestión.

En la operación puesta en marcha con varios millones de narcodólares, se crea una corporación en Puerto Rico destinada a “blanquear” el movimiento del efectivo. Para ello entra en el ruedo el congresista federal Lincoln Díaz-Balart. Las secuelas colaterales de esta conjura tienen relación directa años después con el anuncio de la salida del político republicano, al quedar evidenciado el nexo de Rafael Díaz-Balart con los hermanos del narcotraficante colombiano.

En la saga del negocio de la familia, Lincoln realizó una visita oficial a Colombia, con vistas a ser condecorado a propuesta del senador Germán Vargas Lleras, presidente del Congreso colombiano, y luego poder entrevistarse con el presidente Álvaro Uribe y el ministro de Defensa Jorge Alberto Uribe. El bochornoso hecho ocurrió el 13 de abril de 2004.

El Congreso de la República, quienes invitaron y recibieron al legislador republicano de origen cubano deben responder al país por otras delicadas y peligrosas iniciativas propuestas por el señor Díaz-Balart, quien como mensajero de la administración George W. Bush fue a Colombia a promover a través de un sector del Senado, para que se solicitara a la OEA aplicar la “Carta Democrática” al gobierno legítimo y democrático de la República Bolivariana de Venezuela, objetivo cumplido a pie juntillas por un minoritario grupo de senadores encabezados por Enrique Gómez Hurtado.

Dirigentes sociales y políticos de oposición al gobierno de Álvaro Uribe, en Colombia, denunciaron supuestos planes del mandatario para atacar Venezuela. En una declaración, afirmaron que la condecoración del congresista estadounidense, Lincoln Díaz-Balart, fue parte de una campaña para provocar la guerra entre los países vecinos.

El mimético Díaz-Balart fue uno de los promotores de una intervención militar para derrocar al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. Este gesto «conforma una estrategia que no obedece a los intereses del pueblo colombiano, sino a la estrategia de Estados Unidos que busca crear conflictos y guerras entre pueblos hermanos para sacar provecho en los intereses petroleros y geopolíticos», así declararon varias organizaciones sociales y políticas colombianas en protesta por la artera gestión.

Los enlaces de los Díaz Balart en Colombia se hicieron mucho más claras cuando la mafia de origen cubano a través de los representantes federales Lincoln Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, exigieron a George W. Bush, reinstalar en el cargo de SubSecretario para América Latina a Otto Juan Reich y si no era posible, destinarlo a otro de mayor nivel e importancia. Para ello alegaron el “magnífico trabajo” que este “guerrero de la democracia” había desarrollado con su “experiencia, eficacia y lealtad” en su política contraria a Fidel Castro Ruz y la influencia positiva para Estados Unidos ejercida sobre el presidente de Colombia Álvaro Uribe.

El caso del asesinato del periodista Manuel de dios Unanue, víctima de sicarios del cártel de Cali y los manejos de Lincoln Díaz Balart Caballero con esa mafia, tienen conexiones no esclarecidas.

 

Nota: (1) Gilberto Rodríguez Orejuela, junto a su hermano Miguel y José Santacruz Londoño formaron el cártel de Cali en los años setenta del siglo XX.

Foto de portada: Yaimi Ravelo/ Resumen Latinoamericano Cuba.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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