Un siglo de intervencionismo de Estados Unidos en América Latina (Parte II)

Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

La saga de intervenciones militares de Estados Unidos en América Latina, sigue su curso durante el siglo XX. El 19 de abril de 1925, tropas de ese país, ocupan La Ceiba, Honduras para “proteger intereses estadounidenses” durante una revuelta. El mismo día, en Nicaragua, los marines acantonados en Managua desde 1912 comienzan a regresar a sus bases en Estados Unidos, pero no ha concluido ese año cuando vuelven para no reintegrarse más hasta 1933. El 22 de diciembre se instaura la genocida Guardia Nacional de Nicaragua, con los auspicios y entrenamiento de los marines sembrados en el país. La primera misión fue combatir al líder nacional Augusto César Sandino, que los derrocaría años después. (1)

Antes, del 12 hasta el 23 de octubre de ese año, una vez más tropas estadounidenses ocupan la ciudad de Panamá, desembarcan 600 marines que participan en la represión, que ocasiona varios muertos y gran cantidad de heridos. El 26, el entonces Canciller Horacio F. Alfaro, agradeció al gobierno de Estados Unidos, la intervención militar para someter a la población.

A principios de 1926, Lawrence Denis, representante de Estados Unidos en Nicaragua, fija de forma diáfana el verdadero objetivo de la intervención militar en el país: “Aquí se piensa…que nosotros venimos a servir a los intereses de unos contra otros, pero se equivocan, nosotros servimos a los intereses de nosotros mismos”.

El 2 de mayo tropas estadounidenses desembarcan y toman Bluefields, Nicaragua, para “proteger” vidas y bienes estadounidenses en esa zona atlántica. El 5 de mayo se generaliza la intervención de los marines en el país y se mantienen hasta un mes después.

El 19 de mayo, se legaliza de manera oficial la intervención militar estadounidense en América Latina.

El Congreso de Estados Unidos aprueba la Ley en que se autoriza al presidente para destacar oficiales y hombres alistados en el ejército, la marina  y el cuerpo de marina de los Estados Unidos para que asistan a los gobiernos latinoamericanos en asuntos militares y navales.

El 18 de noviembre el presidente espurio de Nicaragua, Adolfo Díaz, tal y como lo ha intentado ahora hacer el impresentable Juan Guaidó, en Venezuela, solicita la intervención de las tropas de Estados Unidos, para poner orden en el conflicto interno. El día 26, intervienen las tropas estadounidenses e imponen por la fuerza el cese del litigio político. El secretario de Estado Frank B. Kellog, invoca el fantasma del comunismo en la región y alega que la intervención en Nicaragua es de importancia militar y estratégica para su país.

En diciembre se generaliza la ocupación de ese país, al entrar los marines en las zonas de Puerto Cabezas y Bluefields, en la costa del Atlántico nicaragüense, actúan de manera parcial a favor de una de las partes involucradas en el diferendo político interno. Estos sucesos se convierten en el germen del movimiento, que encabeza Sandino contra los ocupantes extranjeros.

El mes es convulso y los interventores no logran imponerse, por ese motivo el 24 de diciembre, otros contingentes de marines a bordo de los cruceros “Denver” y “Cleveland”, toman Puerto Cabezas por orden del almirante Julian Latimer.

Como sucede en los tiempos que corren, donde los modernos medios de comunicación imponen las matrices de opinión y fabrican las fake news, hace un siglo, la cadena de diarios del magnate de prensa estadounidense, Williams R. Hearst, se suma a la acción intervencionista de su país al promover una intensa campaña dirigida a desvirtuar la resistencia en Nicaragua al ocupante y traza los mensajes publicados dirigidos a presentar la legítima repulsa contra la intervención como: “la resistencia armada de Nicaragua, dirigida por liberales, obedece a un plan comunista “bolchevique”.

Las ocupación se extiende a lo largo y ancho del país, el mencionado almirante Latimer, procede a emplear los marines, no para establecer el orden y garantizar las vidas humanas de los ciudadanos del país, lo hace con prioridad: “donde las vidas y propiedades extranjeras pudieran estar seguras”.

A la ocupación se suma el barco de guerra “Trenton”, mientras que los gobiernos de Italia, Bélgica e Inglaterra, exigen a Estados Unidos, la protección de sus nacionales y los bienes de estos en Nicaragua.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado, Harry Stimson, (2) viajó al país ocupado y explicó contenidos de su doctrina, además de denostar al patriota Augusto César Sandino, al afirmar: “Sandino participa en la resistencia, con el fin de disfrutar de las oportunidades del pillaje y la violencia”. Es calificado, además, de bandolero y delincuente común, tratan de destruirlo en política, para eliminarlo después.

Como colofón, que sustenta su urticante repugnancia por los indígenas, declaró Stimson con enfado: “Uno de los errores de España fue no haber suprimido a todos los indios”.

Como resultado colateral de la humillante ocupación el gobierno de Estados Unidos, hizo reclamaciones millonarias para la reparación económica de las pérdidas de los ciudadanos estadounidenses derivados del conflicto, que era fruto de ellos. Lo más leonino era que los tribunales instituidos tenían que estar integrado por dos estadounidenses y un nicaragüense, según los ocupantes, así se garantiza la imparcialidad de los reclamos.

Las protestas de los ocupados no se hizo esperar, pero para silenciar las protestas, la respuesta estadounidense fue contundente tanto por el nivel, como por su contenido draconiano. El presidente estadounidense Calvin Coolidge anunció para todos los tiempos: “Nuestro gobierno posee ciertos derechos y obligaciones hacia nuestros propios ciudadanos y sus propiedades, dondequiera que se encuentren localizados. La persona y propiedades de un ciudadano son parte del dominio general de la Nación, aun en el extranjero”.

El 6 de enero de 1927, por enésima vez ocupantes estadounidenses ocupan el puerto de Corinto, Nicaragua. El 7 de febrero, el conflicto entre seguidores liberales y conservadores se enfrentan en la provincia de Chinandega al norte de Nicaragua y aviones estadounidenses participan en acciones combativas contra los beligerantes. El daño es colosal y la capital homónima de la provincia, queda en ruinas. Historiadores, como el argentino Gregorio Selser, sustentan que esta participación originó un precedente peligroso y fue la primera vez que Estados Unidos participó en una acción bélica en América Latina.

El 31 de marzo, el presidente Calvin Coolidge, nombra a Henry L. Stimson, para que represente a los Estados Unidos en Nicaragua. En mayo la iglesia católica toma partido en la tensa situación nacional de Nicaragua, ocupada por los marines y no a favor de sus ciudadanos. En un comunicado, el obispo de la ciudad de Granada, al sur del país, establece que serán excomulgados quienes peleen contra la intervención de Estados Unidos. Los feligreses quedan perplejos ante tal anuncio.

A los invasores no les bastaba con dirigir a la Guardia Nacional de Nicaragua, el 1 de julio de 1927, el presidente Coolidge, nombra al general McCoy, presidente del Consejo Nacional de Elecciones del país. El Héroe Nacional Augusto César Sandino, rechaza deponer las armas, anuncia que continuará su lucha contra el invasor y emite su primer manifiesto político. Su muerte es ordenada por el mencionado almirante Latimer y envía tropas con la misión de eliminarlo.

16 de julio, se produce un combate en la ciudad de Ocotal, al norte, la fuerza aérea de Estados Unidos, la bombardea durante horas, provoca no menos de 300 muertos, cientos de heridos, miles de desplazados y el terror generalizado de la población civil local y de comarcas cercanas. Fuerzas sandinistas, en desventaja, resisten al ocupante. La noticia trasciende al mundo por su crudeza, algunos comparan el hecho al genocidio nazi a Guernica (3), España, diez años después.

En premio a este genocidio, el presidente de turno en Nicaragua, José María Moncada, entregó la medalla del mérito nicaragüense y la medalla de honor a treinta y siete oficiales y miembros de la flota norteamericana. En la argumentación del otorgamiento se precisaba: “como premio por la ayuda que ofrecieron al país, para restablecer la ley y el orden”. Además recibieron homenaje póstumo siete oficiales y treinta y dos marines que murieron en los combates con los patriotas que defendían la soberanía nacional. Otro insulto al país.

Termina apenas el año 1928 y el intervencionismo militar de los Estados Unidos pulula por Latinoamérica, los patriotas nicaragüenses en los próximos años le dieron una rotunda derrota hasta expulsarlos de la patria agredida.

Esta lección y el legado que dejaron los sandinistas de entonces debería ser estudiado por quienes hoy amenazan a los continuadores de esa gesta en ese país, empeñados en construir una Nicaragua libre y soberana, como la soñó Sandino.

Continuará…

 

Notas

(1) Hasta el año 1932, cuatro oficiales estadounidenses, ocupan el cargo de director de la Guardia Nacional de Nicaragua.

(2) La doctrina toma su nombre de Henry L. Stimson, Secretario de Estado de EE.UU., durante la administración de Herbert Clark Hoover desde 1929 a 1933.

(3) La población vizcaína de Guernica, fue intensamente bombardeada en abril de 1937, quedó virtualmente en ruinas. Este acto de terror fue ejecutado por la Legión Cóndor alemana. Fue uno de los episodios más horrendos de la Guerra Civil española, hecho que inmortalizó el pintor español Pablo Picasso, en una de sus obras.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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