Un siglo de intervencionismo de Estados Unidos en América Latina (Parte III)

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Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Transcurridas las tres primeras décadas del siglo XX, la estela de intervenciones estadounidenses en América Latina es extensa y creciendo.

Todo tipo de acciones intervencionistas se registran en la historia de los países latinoamericanos por parte de Estados Unidos, de ahí la importancia de comprender el pasado y del presente de estas.

Arribamos a 1930 y la ocupación de Nicaragua por fuerzas militares estadounidenses se mantiene, el presidente estadounidense Calvin C. Coolidge, toma partido en las difamaciones sobre la resistencia de los patriotas nicaragüenses a quienes vilipendia de “bandoleros” y gente fuera de la ley”, su lucha es tildada de “bandidos comunes”, además, instruye que las fuerzas intervencionista en ese país, responden directa y solamente a él. El secretario de Marina, Wilbur, ordena una ofensiva para exterminar a quienes se enfrentan en armas contra los ocupantes.

En Estados Unidos, grupos de exaltados como los miembros de la llamada Legión Americana, piden la expulsión del país de Sócrates Sandino, hermano del reconocido General de Hombres Libres, Augusto César Sandino.

Esta agresión fue tan brutal, que concitó la solidaridad hacia las víctimas de sectores y ciudadanos estadounidenses, un caso muy reconocido, fue el de John S. Henphil, padre de un sargento de la marina muerto durante la ocupación, quien declaró sobre la desigual persecución de los patriotas nicaragüenses: “una guerra oprobiosa contra una nación débil”.(1).

La prolongada estancia de los invasores en Nicaragua, para perseguir a los “bandidos”, según el decir presidencial, causó protestas diversas en la sociedad de Estados Unidos y la reacción en el Congreso, fue notable. El legislador demócrata Burton K. Wheeler, de Montana, fue ríspido al emitir su parecer: “Si de verdad el gobierno desea combatir a los “bandidos”, que envié los marines a Chicago y la limpie de los centenares de gánsteres que se han adueñado de la ciudad, con Al Capone a la cabeza”. Mientras el 28 de febrero de 1928, en varias ciudades de Estados Unidos se realizan manifestaciones de protesta contra la dilatada intervención.

En ese año, en Honduras, había aún miembros de la infantería de marina de Estados Unidos, incidiendo en sus asuntos internos.

El 12 de marzo de 1928,  se redefine una frase, que está perpetuada hasta el presente y que simboliza el carácter intervencionista de Estados Unidos y en particular de la llamada Doctrina Monroe (2). El entonces representante de la República Argentina en Bélgica, valoró ese día que el dogma de Monroe significaba únicamente: “América para los Estados Unidos”.

El 27 de noviembre el electo presidente de Estados Unidos, Herbert Hoover, a bordo de la nave militar “Earyland”, desembarca en el puerto de Corinto, Nicaragua, como primera prioridad de un periplo que continúa por América Latina, para promocionar la buena voluntad del intervencionismo del país que gobierna.

Al concluir 1928, el saldo de la ocupación estadounidense en Nicaragua, es desfavorable al Imperio y representa una vergonzosa derrota si se tiene en cuenta la asimetría de las fuerzas enfrentadas. Estimados incompletos de los invasores, reconocen haberse producido 73 encuentros con los sandinistas, pero valorados, por la cantidad de bajas, se calcularon en más de 200, al año siguiente se registran más de 120 enfrentamientos.

La huella de muerte de los invasores es indeleble. El empleo de la aviación de los ocupantes y sus bombardeos indiscriminados, dirigidos a dominar por medio del terror, causan víctimas entre la población civil, sin estar acuñado el término en esa época, los “daños colaterales”, son cuantiosos. La población hondureña de Las Limas, es arrasada por error de cálculo de los pilotos estadounidenses, ese hecho se sumó a los más de setenta pueblos y aldeas destruidas tras el paso del invasor.

El primero de enero de 1929, el héroe nacional de Nicaragua, Augusto César Sandino, da respuesta a la conminación de los ocupantes de deponer las armas y cesar su lucha, anuncia la continuidad de la pelea con una expresión para todos los tiempos: “La soberanía de un pueblo no se discute, sino que se defiende con las armas en la mano”.

El mismo día y como respuesta a la sentencia del líder rebelde, el electro presidente de Nicaragua, envía un pedido a su par de Estados Unidos de “no retirar a sus marines, soldados, ni medios de guerra”. La petición es aceptada de inmediato.

Es tal la fortaleza del movimiento insurreccional en las montañas de Nicaragua,  contra el ocupante extranjero, que el 28 de junio, Sandino parte hacia México, en busca de pertrechos bélicos, medicinas y alimentos y permanece en esa gestión hasta abril de 1930. El 9 de septiembre desde Mérida, Yucatán, el General de Hombres Libres, lanza un manifiesto ratificador de la lucha. La solidez de su liderazgo y el compromiso contraído de enfrentar al invasor, permiten a sus seguidores continuar la batalla contra quienes profanan el suelo patrio.

El primero de mayo de 1930, Sandino, en medio de extremas medidas de seguridad, llega en secreto a Guatemala, sigue hacia El Salvador y pasa a Honduras, donde cruza la frontera y asume la liberación contra el usurpador extranjero.

Tal y como la aplicó en Cuba en 1896, el genocida general español Valeriano Weyler Nicolau (3), los ocupantes norteamericanos en Nicaragua, crearon campos de concentración para hacinar a la población y restarle apoyo a los rebeldes. Eran extraídos por la fuerza de las montañas, apilados sin libertad de movimiento, con precaria alimentación e insalubres condiciones  de higiene, que pronto provocaron enfermedades y muertes.

El método de provocar desplazamientos forzosos de población se ha utilizado muchas veces en las campañas contrainsurgencia, casi siempre con éxito, pero a costa de inmensos sufrimientos y sacrificios humanos, que se han convertido en daños colaterales sin más trascendencia. Entonces, hacía más de un cuarto de siglo que esa estrategia había sido ensayada en Cuba, un archipiélago irredento caribeño colonizado entonces por España.

El canallesco oficial español, llegó en el momento álgido de la definitiva lucha independentista, practicó la denominada guerra total, la genocida política de concentración de las poblaciones campesinas en las ciudades provocó un estimado de muertos por hambre y epidemias de entre 300 mil y 750 mil en una Cuba cuya población no pasaba entonces de un millón 600 mil habitantes.

Cuando España comprendió que su ejército no podía superar a los combatientes mambises del Ejército Libertador cubano, buscó otros procedimientos, aunque significaran un verdadero genocidio. Como lo hizo Estados Unidos en Nicaragua en 1930, derrotado por los sandinistas y treinta años después en Vietnam, Laos y Camboya, ante la resistencia nacional de esos pueblos.

Este proceder delictivo fue ratificado el 17 de junio de ese año, cuando se hizo un recuento de los estragos del invasor. Se evaluó que el general Sandino, se había posesionado en región selvática de Las Segovias, para continuar la liberación. También que la parte norte de esa zona y el sur de Honduras, habían sido arrasadas por los bombardeos de los aviones de la marina estadounidense, que incompetentes para vencer a los sandinistas había recurrido a los medios más “más inhumanos”.

Al concluir el año, el recuento de los combates entre los patriotas y los ocupantes, ofrecía la cifra de 141, la mayor desde el inicio de la contienda. Una y otra vez los marines derramarían su sangre en una guerra ajena y al servicio de los intereses expansionistas de sus promotores.

Las amenazas se ciernen una vez más sobre la tierra de Augusto César Sandino, pero su legado ejemplar está presente y convoca a la lucha antiimperialista.

Continuará…

 Notas

(1) Para más información se puede consultar El Heraldo de Cuba, La Habana, 5 de enero de 1928.

(2) Sintetizada en la frase “América para los americanos”, fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe en el año 1823. Establecía que cualquier intervención de los Estados europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de Estados Unidos.

(3) Nació en Palma de Mallorca en 1838 y murió en 1930.

Foto de portada: Sputnik.

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cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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