Un siglo de intervencionismo de Estados Unidos en América Latina (Parte IV y final)

Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 Llega el año 1931 y las bajas de los marines estadounidenses enfrentados a las tropas de Augusto César Sandino (1) en Nicaragua, aumentan, lo cual incrementa la preocupación en el Congreso de Estados Unidos.

La prensa estadounidense se sumó a la inquietud y deslizaba en editoriales algunos comentarios: “Estamos interviniendo demasiado en los asuntos internos de otros países. Esto es lo que da lugar a la mala voluntad que prevalece en América Latina hacia nosotros”.

El 3 de enero se reportaban enfrentamientos contra los sandinistas, con la pérdida de “muchos soldados invasores”. Tres días después, en la zona de El Chipote, fuerzas de la Guardia Nacional al mando del teniente estadounidense J. MacDonald, son diezmadas por los sandinistas, tras tres horas de combate. El 24 del propio mes, en la zona de Carbonal en el poblado Telpaneca, se enfrentan lar partes y las bajas de los interventores crecen. El 5 de febrero, Estados Unidos, anuncia la retirada de sus tropas de Nicaragua, después de celebradas las prometidas elecciones para noviembre de 1932. La debacle es inminente.

Años atrás, en 1927, el secretario de Estado Henry L. Stimson, minimizaba el peligro de los patriotas enfrentados a la intervención, calificados por él como “bandidos”, aseguraba que no pasaban de 150 y en desbandada. El 4 de mayo de ese año se cumplieron los primeros cuatro años de la ocupación sin éxito.

La repulsa al conquistador extranjero aumenta. El título de un artículo de la prensa local, en respuesta a un publicado por el New York Times, daba la medida de la tensión: “Mejor la lepra que marinos yanquis”. Su contenido resumía: “Los marinos no pueden hacer el bien. Están inhibidos para hacer el bien por razón de su condición de marinos. Ser a U.S.A. marine, es haber perdido el concepto de que el trabajo es un aspecto de la vida; es haber desconocido o traicionado el hogar y los amigos, y el sentimiento de la solidaridad humana…”.

El 11 de octubre el consorcio Standard Fruir Company, pide a Estados Unidos protección militar por las acciones de los sandinistas y en diciembre el presidente Herbert Hoover, da seguridades sobre la retirada de los ocupantes en enero de 1933. El 22 de ese mes ocupa la jefatura de la policía nicaragüense el capitán Evans F. Carlson de la marina estadounidense. Los usurpadores anuncian que ese año se han producido 176 encuentros con los “bandidos”.

A mediados de enero de 1932, el Departamento de Estado, en una declaración sobre la evacuación de los marines de Nicaragua: “En agosto de 1926 se enviaron fuerzas para proteger las vidas norteamericanas…Debido al estallido del bandidaje, su número fue aumentado en 1928, hasta la cifra de 5 480 hombres. El febrero de 1931, ascendían a 1 500. La fuerza de aviación fue aumentada cuando se produjo un brote en la costa atlántica”. Lo cierto es que en junio de ese año, el candidato liberal a las elecciones Juan B. Sacasa, solicita a Estados Unidos, que en caso de ser electo, que los marines no se retiren de Nicaragua.

En noviembre se producen las elecciones bajo la vigilancia del almirante Clark Howell Woodward, jefe de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos en el país, quien declara que en enero de 1933, no quedarán marines en el país, más que lo necesario. Resulta triunfante la fórmula Sacasa-Espinosa, del Partido Liberal Nacionalista.

Este sufragio fue controlado, en su totalidad, acorde con los intereses de la administración de turno en Estados Unidos. Con anticipación se había nombrado el personaje a cargo del Tribunal Electoral; dado el beneplácito a los postulantes y finalmente el seguimiento del proceso electivo al pie de urnas a cargo del mencionado militar. Los resultados no podían ser distintos a los planeados.

¿Qué ha sucedido para darle continuidad a la ocupación, cuando los marines no estén? En el mismo mes electoral, Mathew E. Hanna, representante del gobierno de Estados Unidos en el país invadido, estructura a la Guardia Nacional, como un ejército colonial de ocupación. Para dirigirla es nombrado el general Anastasio Somoza García, quien jamás estuvo en combate alguno e inicia una dinastía que se extendió hasta el 19 de julio de 1979, cuando los seguidores de la lucha de Augusto César Sandino, derrocan a su dictadura. Fue una familia de dictadores, los cuales mandaron Nicaragua, con el apoyo de Estados Unidos, durante más de cuatro décadas, a través de presidentes propicios designados por ellos.

El ejército insurrecto de Sandino, tiene dominado parte del territorio nacional y los invasores se empantanan, solo tienen bajas, no pueden someterlos, tampoco admitir que son derrotados y optan por la salida de las urnas, para instaurar un régimen títere que les garantice el dominio.

El líder nicaragüense da un paso que demuestra su fuerza, anuncia el establecimiento de un gobierno autónomo en el territorio que dominan los insurgentes bajo su mando. Mientras se producen elecciones en Estados Unidos, donde vence el candidato demócrata Franklin Delano Roosevelt, quien obligado por problemas domésticos de mayor importancia como la gran depresión económica, proclamó la «política de buena vecindad«, lo que significaba la retirada de todas las fuerzas militares que Estados Unidos tenía dislocada en varios países y abandona de momento su habitual política de estar omnipresente en América Latina, esto no significo respetar los asuntos internos de las naciones, el intervencionismo continuó, incluso aumentó con otros métodos ya en curso.

Llega enero y en lugar de retirada se produce una rebelión de oficiales estadounidenses en la dirección de la “Academia Militar”, la única en el país, que es sofocada. El 2 de enero, ante la incontenible victoria de los miembros del Ejército defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua,  los soldados estadounidenses se ven obligados a abandonar de manera ignominiosa la tierra que hollaron durante años y cuyos hijos le propinaron una soberana derrota la primera en América Latina, después vendría la propinada por los cubanos en Playa Girón en abril de 1961.

Un mes después de la salida de los ocupantes, llega a Managua el general Augusto César Sandino, para formalizar la paz con el presidente electo. Ya la conspiración para asesinarlo está en curso, con la asesoría estadounidense en la Guardia Nacional.

El 3 de febrero se firma un acuerdo de paz, según el cual el general Sandino, se compromete al desarme gradual de su ejército y retornar a sus ocupaciones agrícolas junto a sus compañeros. La traición ronda al hombre que derrotó al Imperio. Su visión honrada del futuro favoreció su muerte.

Envía un mensaje de paz a toda la América Latina; “Envío un cordial mensaje de buena voluntad y agradecimiento a todos los que moralmente apoyaron nuestra causa en los últimos años, sobre todo a México y Argentina”.

El 21 de febrero de 1934,  el general Sandino en compañía de su padre, Gregorio Sandino y los generales Estrada y Umanzor fueron invitados a una cena por el presidente Sacasa. Terminada, el auto que los conducía fue detenido por un mayor de la Guardia Nacional disfrazado de cabo, que  los conduce a la entonces cárcel de El Hormiguero. Los retenidos exigen la presencia de Somoza, el jefe de la Guardia para aclarar el ultraje, alegan no estar localizado, por otro lado la hija de Sacasa, quien había sido testigo del hecho, se lo comunica a su padre y éste se pone en contacto con la embajada de EE.UU. en apariencias para intentar impedir el asesinato.

La decisión está tomada, los generales Sandino, Estrada y Umanzor fueron llevados al monte llamado La Calavera en el campo de Larreynaga y allí, a la señal del mayor, que dirigió la operación de exterminio,  el batallón que custodiaba a los prisioneros abrió fuego asesinándolos. Eso ocurría a las 11 de la noche.

Mientras, el coronel Sócrates, el hermano menor de Sandino,  muere en desigual combate con efectivos de la Guardia Nacional, en el encuentro resultó herido el coronel Santos López, quien logra huir a Honduras.  Al día siguiente, el plan para destruir la huella insurgente se consuma, los genocidas arruinan la cooperativa que Sandino estableció en el poblado de Wiwili, matando o haciendo prisioneros a sus integrantes.

Este es un método imperialista,  que se repite en la historia, así sucede hoy en Colombia y Bolivia, donde se extermina a líderes sociales, a ex guerrilleros, como antes sucedió en Honduras, Guatemala y el Salvador, tras los acuerdos de paz en esos procesos insurgentes.

La saga intervencionista de Estados Unidos, sigue hoy en Nicaragua, amenaza a Venezuela y a Cuba, naciones que pretende doblegar por hambre, asfixiar sus economías, borrar sus ejemplos, colonizarlas nuevamente para apropiarse de sus recursos y someterlas.

Notas

(1) Augusto Nicolás Calderón Sandino, nació en Niquinohomo en 1895, fue asesinado junto a su hermano en Managua el 21 de febrero de 1934, por miembros de la Guardia Nacional. Mejor conocido como Augusto César Sandino, fue un campesino, patriota y revolucionario nicaragüense. Inmortalizado como el General de los Hombres Libres. Sus acciones y valores fueron la base ideológica para la fundación, años más tarde, del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Vea también

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: