Covid-19 en Cuba: Los hombres del puerto de La Habana

Por Thalía Fuentes Puebla.

Muchas veces se habla del trinomio Puerto-Transporte-Economía Interna. Cada eslabón de esa cadena es imprescindible para mantener con vitalidad el funcionamiento del país.

Detrás de este encadenamiento, solo en la Empresa de Servicios Portuarios de Occidente, hay más de 1.500 trabajadores que dan lo mejor de sí para buscar la eficiencia y ahorrar dinero al país en el pago de la sobreestadía de los barcos. Y, tras ellos, un grupo de valientes e historias que valen la pena contar.

Se acerca el Primero de Mayo y la aspiración de la Terminal Portuaria Andrés González Lines para ese día es sobrecumplir el plan asignado. Diariamente descargan entre 1.200 y 1.300 toneladas de productos. Ahora, trabajan en un barco de maíz que arribó hace poco al país.

El puerto es el termómetro de la economía, ya que Cuba es un país que depende las importaciones. Se dividen en tres turnos de trabajos para que esta entidad no pare en los 365 días del años, mientras exista mercancía.

Historias detrás de los barcos

Roberto Pérez Ramírez tiene 78 años de edad; hace 50 llegó a los servicios portuarios para fortalecer el personal. Fue estibador y ahora se desempeña en las labores de higienización.

Toda la cara la tiene cubierta, entre el nasobuco y la protección para el sol. Trabaja todos los días, no solo en el chapeo y el embellecimiento de la terminal, sino en “todo lo que se le encomiende”.

La situación actual que atraviesa Cuba requiere extremar las medidas de protección, y aunque Roberto se encuentra en la edad de riesgo, no tiene miedo y está dispuesto a seguir trabajando.

Terminamos la pequeña entrevista y al momento tomó la guataca y siguió en sus labores. “Esto es lo que me toca, y yo feliz”.

A los pocos minutos se acerca un hombre alto, cincuentón. Aunque apenas se le reconoce el rostro, las gotas de sudor sobresalen a la vista. Raúl Fernández Guisac lleva 24 años trabajando en la Terminal Portuaria y el paso del tiempo se le nota en la mirada.

Ha sido estibador, jefe de brigada y por la experiencia y trabajo acumulado, hoy se desempeña como jefe de turno. Le gusta cumplir con su deber y exigir a sus subordinados la eficiencia en el trabajo. Nadie mejor que él para conocer las inquietudes y problemáticas de los obreros del puerto.

Ellos me conocen bien. Saben de la entrega a mi trabajo. Siempre busco una solución para que todo salga como debe ser, pese a las dificultades”.

Según Fernández Guisac, si ellos bajan la guardia y el trabajo no sale como tiene que salir, la economía pierde. “A nosotros nos pagan por tiempo, y minutos que perdamos aquí, los pierde también el país. Ese tiempo cuesta dinero”.

Todos los hombres que salen y entran del buque se desinfectan las manos, además usan los nasobucos, excepto los que trabajan dentro del barco, porque las temperaturas son altas y es humanamente imposible usar ahí estos medios de protección.

Si le preguntas si teme al contagio responde: “Si tienes miedo no trabajas y tenemos que trabajar. ¿Te imaginas qué los médicos tengan miedo? No somos médicos, pero cumplimos con otra tarea esencial. Hay que echar pa´ adelante todo el tiempo”.

Nadie es capaz de saber con exactitud el esfuerzo físico que realizan estos hombres. Llevan en sus hombros diariamente decenas de toneladas. A veces es más fácil, porque los productos son a granel y el proceso se apoya en las maquinarias.

Con la convivencia han pasado a ser familias más que amigos. Tienen y se reconocen entre ellos por apodos. Rompe Muelles es uno de ellos, un trabajador intachable.

Era el niño más joven de un piquetico; fuerte y saludable y siempre echaba competencia con ellos mañana, tarde y madrugada, de ahí viene el sobrenombre”.

Alberto Moré Bell tiene 55 años, y 34 se los ha dedicado a este oficio. Ha navegado, cargado y estribado.  Lo que más le gusta es ser activista en el trabajo, dar aliento y ayudar a todo el que lo necesite. “Soy un trabajador incansable. Ni la vida ni el tiempo me pueden detener”, asegura.

Siempre pide al Sindicato y al Partido que estimulen y apoyen a esos trabajadores que llevan muchos años entregados al puerto, “en la caliente, como decimos en buen cubano”.

Tomado de Cubadebate/ Foto de portada: Gites / Fotos interiores: Thalía Fuentes.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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