El país que me acusa

Por Dailenis Guerra Pérez

Desde que tengo uso de razón, hay un país que me acusa. Que si somos terroristas, que si vivíamos bajo un régimen, que si traficamos drogas; que si esto y aquello.

Ahora, en medio de una situación que se le salió de las manos, en la administración norteamericana los desempleos y muertes crecen a causa del coronavirus. En la última semana se presentaron más de 5 millones de solicitudes elevando a casi 22 millones de personas la cantidad que pidieron acceso a la cobertura de desempleo, solamente en el último mes.

En la primera potencia del mundo la covid-19 ha provocado la caída abrupta de la economía y por supuesto, eso no les conviene ni a los grandes empresarios, ni al presidente; que desea levantar las medidas de confinamiento, minimizando los riesgos.

Un líder que hace caso omiso a las declaraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que por cierto, eliminó las contribuciones económicas. La OMS advierte que es necesario controlar la expansión de la enfermedad, erradicar las cadenas de contagio en las comunidades y centros laborales, detectar los casos importados mediante los test y llama a la población a ocupar roles que garanticen la seguridad ciudadana: cumplir con las medidas higiénico-sanitarias de manera responsable para evitar la propagación de la epidemia.

Por su parte Donald Trump está loco por recuperar dinero, que en eso se ha vuelto el centro de su vida, en reactivar la economía de la nación sin reparar en la salud de su gente, porque el fin justifica los medios.

Pero varios gobernadores de Estados Unidos rechazan la medida de Trump de reaperturar el capital mediante un plan que abarca tres fases. Las autoridades han reaccionado creando una alianza en donde doce estados aún deciden cuándo reanudar la actividad económica de sus regiones.

Un trasfondo que Donald Trump quiere dar, como un escudo de cara a la realidad de la nación que hace solo unos días rompió el récord con más de 4 mil fallecimientos en 24 horas a causa del coronavirus.

La raíz de la situación en el país norteño es la irresponsabilidad e insensibilidad del gobierno, así como la incapacidad que ha manifestado para enfrentar la pandemia en un sitio donde no se prevé la distribución del material necesario para diagnosticar a los pacientes infestados.

Donald Trump delega responsabilidades en los gobernadores, por lo que las consecuencias de las medidas adoptadas serán responsabilidad de vaya usted a saber, pero no recaerá precisamente en el Presidente, que se lava las manos como Poncio Pilato.

Entonces vemos a una nación que colapsa ante el reinado de la muerte, mientras su máxima autoridad lo mismo decide por un país; que manda a dirigir. Más tristes se vuelven los días para los americanos, que entre el “dime que te diré”, pierden a sus seres queridos por montones; y el pánico se apodera de aquellos que por necesidad deben continuar trabajando entre la enfermedad.

Entonces vemos a un gobierno que valora más preservar la economía de los grandes empresarios que las vidas humanas. Una administración que arremete blasfemias contra la mayor isla del Caribe, que la acusa de tráfico de drogas, a la que le ajusta el cinto del bloqueo al cuerpo y desacredita con mentiras a su personal de salud.

Y mientras la gente inocente muere, mientras los latinos e indocumentados sufren las secuelas de una pandemia que inunda su sueño americano, esa Cuba ha demostrado su sobrada capacidad para salvaguardar las vidas de sus habitantes y las de otras tierras.

Los estadounidenses viven hoy la catástrofe y el pensar en el mañana incierto. Muchos trabajadores de los centros asistenciales reclaman las medidas de seguridad sanitarias, los implementos necesarios para detectar la covid-19 y claman también por sus vidas, al ver a sus compañeros morir a causa del contagio por estar desprotegidos en sus centros laborales.

Así es la historia, los cubanos seguimos de testarudos, rechazando cada palabra y amenaza. Descubro una vez más la grandeza de mi pueblo, su eterna convicción de un mejor mañana y su convicción solidaria. Ojalá que en el país que me acusa cese la lluvia contra su gente, que en momentos de coronavirus se ha vuelto tan heroica como la mía.

Ojalá que en el país que me acusa no caiga nieve, que el sol ilumine las almas oscuras por el dolor y la desesperación y ojalá que su presidente, ese que me acusa, algún día llore.

Foto tomada de REDH-Cuba

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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