La perversión de la no prevención

Esta crisis pandémica del covid-19 puede considerarse el resultado de una no prevención intencionada. Es lo que se tratará de desvelar en el presente artículo.

Los zelotes neoliberales de mente ultraderecha no han visto, o más bien  no han querido ver, el desenlace hacia esta gravísima crisis pandémica a causa de su comportamiento fundamentalista de la obsesión por el crecimiento oligárquico del PIB.

Mandatarios ultraneoliberales globales como pueden ser Boris Johnson, Donal Trump y otros, se encontraban empecinados en quitar toda la importancia al coronavirus para no paralizar su obsesiva economía productivista-consumista poniendo machaconamente la economía por encima de la vida de las personas una vez más.

Pero de repente, al ver la orejas al lobo de la gravedad de la pandemia, de forma generalizada todos estos negacionistas dieron un giro de 180º y, aunque tarde, ordenaron el enclaustramiento de la población aun a sabiendas que ello iba a tener consecuencias en la disminución de la productividad económica. El giro no fue por humanidad, sino porque veían que si seguían avanzando las bajas laborales por el virus ello podía tener más repercusión económica que si persistían en su posición de no hacer caso del problema. Veamos algunos de estos cambios repentinos e insospechados en los más representativos mandatarios ultraneoliberales globales.

Boris Johnson esgrimía la argumentación nazi del darwinismo social, según explicaba, decía que ni la producción ni la economía podían parar. Y que el crecimiento económico funcionaría con los más fuertes, quienes se harían inmunes al virus y que los débiles tenían que asumir que debían morir bajo la pandemia. Pero, sorpresivamente, un buen día se soltó retractándose de su darwinismo. De repente resultaba que era indispensable un enclaustramiento generalizado y urgente de la población.

Donald Trump se reía públicamente y con gran alarde, como es su forma de ser, diciendo que no había que temer al virus, que solo era cosa de chinos. Un buen día, de la noche a la mañana, adoptó la misma posición de su homologo británico: era urgente el enclaustramiento. Pero para que se produjera este cambio en el mandatario gringo tuvo que percatarse de que “América iba camino de ser la  primera”, pero en el número de infectados por el covid-19. Sería plausible que, de manera similar, Donald girara también 180º en cuanto su posición negacionista del cambio climático.   

Por su parte Angela Merkel, también ha dejado, en alguna medida, su obsesión por el mantenimiento del sagrado déficit cero (“por encima de todo”) en la UE. Y resulta que Alemania misma, (la “Locomotora de Europa”) ha admitido, a causa de la crisis del corona-virus, entrar en deuda y en déficit económico con el fin de reservar un gran presupuesto económico para combatir la pandemia.

También el capitalista-comunista-thatcherista, Xi Jinpin presidente de una China líder mundial en crecimiento económico (durante décadas), pese a estar en plena guerra con los EEUU, no ha dudado en destinar ingentes reservas económicas para luchar en contra la pandemia. Hay que decir también que aunque muriera infectado el médico que dio la alarma de virus, quien fue acusado de alarmista, China fue bastante diligente y efectiva en su acción de ordenar el enclaustramiento de las personas.

Y por fin dentro de los grandes mandatarios mundiales también cabe mencionar a Bolsonaro presidente de Brasil, el país gigante de Sur América. Se trata de un presidente netamente nazi y necro-político, que predica fanáticamente que debe reducirse drásticamente la población del mundo y de Brasil. Sobre todo la indígena amazónica puesto que significa un estorbo para poder realizar un intenso extractivismo que necesita Brasil para que su economía crezca cada vez más. Pues bien, el 30 de marzo del este año 2020, cuando los ya referidos mandatarios habían dado su brazo a torcer en lo referente del enclaustramiento como medida anti-virus, Bolsonaro, en una postura parecida pero más hondamente necro-política que Johnson, no deja de insistir tozudamente en que: “la economía no se puede parar, los trabajadores han de ir a trabajar pese a que sean conscientes que morirán muchos, pero hay que salvar la economía”. Ya empieza a tener ciertas resistencias interiores dentro del país, como el ministro de sanidad y algunos gobernadores.

El panorama mundial de los principales países “democráticos” es que están dominados por unos presidentes que son “casi todopoderosos” y ultras, países que más que de democráticos merecen el calificativo de “regímenes” dictatoriales.  Esto no puede ir peor, el colapso parece inevitable o parece que  ya estamos entrando en él.

Y toda esta tragedia pándemica (junto con otras tragedias ya existentes o latentes pero que serán inmediatas), que tan intensa y tristemente estamos sufriendo, no es un hecho “casual”, es un fenómeno “causal”. Un fenómeno que obedece a una serie de “causas” desastrosas que generan una serie de “efectos” también desastrosos. Ambos ocasionados por los planteamientos del neoliberalismo global que lleva decenios golpeando, como consecuencia de ellos, a la biosfera e inevitablemente, dentro de ella, a la humanidad.

“Causas”

En cuanto las “causas” podemos decir que las dos básicas son dos pandemias o enfermedades casi universales: la “obsesión por la acumulación” y la “manía de la hegemonía”. Son dos dañinas enfermedades mentales, muy dañinas porque se ven aún menos que el corona-virus, al ser enfermedades mentales. Y no es sólo que no se vean, sino que lo peor es que las tenemos instaladas en lo más central de nuestro cerebro y nos hacen creer que, en efecto, el único sentido de la vida son la acumulación y la competitividad hacia la hegemonía.

Especificando un poco más, podemos decir que la mencionada “obsesión por la acumulación” es una obsesión por el crecimiento oligárquico de la acumulación de beneficios económicos y financieros representados en el producto interior bruto o PIB. Y “la manía de la hegemonía” es la madre de la competitividad que frecuentemente deriva en guerras, tanto militares como económicas.

Estas dos “causas” madres tiene diversos instrumentos para desarrollarse y tratar de hacerse hegemónicas:

Por una parte, el saqueo del Tercer Mundo, el productivismo-consumismo (que genera el trabajo enajenado y el consumismo enajenado). Y por otra parte, actúa el poder mediático con sus instrumentos auxiliares supereficientes (el marketing, la moda, la obsolescencia programada…). Todo esto redunda en que el planeta y sus habitantes quedan atacados por los “efectos” que se describen a continuación

“Efectos”

Todo lo expuesto en el apartado de causas, como he dicho, termina por ocasionar una serie de “efectos” completamente catastróficos que nos empujan inevitablemente al colapso, al no ser que salgamos de este nefasto sistema capitalista y de su fase terminal, el neoliberalismo global. Veamos algunos de los “efectos” más destacables.

El cambio climático ocasionado fundamentalmente por el productivismo, con sus combustiones, generación de contaminación, efecto invernadero y el consecuente ascenso de la temperatura global, huracanes, agotamiento de recursos no renovables y renovables, desastres económicos, aniquilación de la biodiversidad, pandemias como la del coronavirus, en la que ha influido la deforestación, puesto que al destruir los habitat de los animales salvajes empuja a estos a acercarse a los territorios más habitados por personas y ya que algunos de estos animales han influido en el primer contagio del coronavirus.

Y se produce todo este desolador panorama también porque nos preocupamos más por las seudonecesidades acumulativas de unos oligarcas que en crear unas condiciones favorables para un buen vivir de todas las personas, animales y ecosistemas. Ecosistemas que son vitales para que podamos conservar la vida. Está claro que ha llegado el momento de dar un paso histórico, geológico más que histórico, un paso que signifique la transición desde el “holoceno-antropoceno-capitaloceno” al “ecoceno”. Esto es, llegar a una era en la que se recomponga definitivamente la biosfera de todos los malos tratos que le ha propinado el “capitaloceno”.

En conclusión, estas dos enfermedades mentales mencionadas son los motores de todo este caos colapsante, debido a sus actos de extractivismo incesante y a su voracidad, realizada con ojos ciegos y oídos sordos que no quieren ver situaciones de emergencia ni ha escuchado clamorosas voces de alarma. Estos enfermos mentales están cayendo en la gran perversión que supone rechazar sistemáticamente toda prevención sanitaria y medioambiental de la biosfera y de la humanidad, que está quedando en una situación de cataclismo climático y social y abriendo la puerta a un colapso económico planetario.

Estamos muy asustados con esta pandemia que parece que nos pilló de improviso. Aunque no fue así, pues los avisos del peligro de pandemia ya estuvieron anunciados, pero, en actitud muy perversa, los intereses crematísticos de la acumulación no querían escuchar que era urgente una previsión de la pandemia.

Los crecentistas han desoído las alarmas de emergencia de la pandemia y todo viene a indicar que también seguirán desoyendo otra a alarma de una emergencia que ya hace medio siglo viene siendo anunciada, la emergencia del cambio climático.

Pues bien, ya hace más de medio siglo que está anunciada la necesidad de una prevención de emergencia para evitar el cambio climático. Una alarma de emergencia climática que a nivel de Cumbres llanadas COP se viene repitiendo todos los años, pero que también todos los años repite de forma perversa y reticente la negación de frenar sus causas: el productivismo-consumismo y el crecimiento económico. Es decir, ver la urgencia de iniciar un proceso de decrecimiento económico como única solución para no caer en un apocalíptico cambio climático. Solución algo paralela y similar a como fue la del enclaustramiento, anunciado como única solución para atajar a covid-19, ya que  ello también ha supuesto indirectamente entrar en un decrecimiento económico.

Y digo, sin exagerar, demasiado apocalíptico porque entre otros muchos desastres que provocará este cambio climático, en el que lo peor será el ascenso de la temperatura global. Si no empezamos a decrecer. No están nada lejos los veranos en los que se empiecen a registrar temperaturas persistentes por encima de los 70 ºC, temperaturas que no hay ser humano ni ser viviente que resistan. Entonces no habrán médicos ni centros hospitalarios ni vacunas que remedien esta pandemia del exceso de temperatura, tampoco habrá remedio para la definitiva recesión financiera (mono-obsesión de no pocos) evidentemente este momento dará paso un verdadero apocalipsis planetario.

Por Julio García Camarero

Tomado de Rebelion

Foto de portada tomada de Enredacciòn

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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