Los imperialistas no pueden perdonarnos la dignidad

El gobierno estadounidense contaba para abril de 1961 con alrededor de 1500 mercenarios, organizados y entrenados por la CIA y el Pentágono en 20 bases ubicadas en territorios de Estados Unidos y de América Central.

Su propósito radicaba en atacar a la Isla, en el contexto del desarrollo del Programa de acciones encubiertas contra la Revolución, que se desarrollaba desde marzo de 1960.  Resultaba inminente  una invasión mercenaria  como parte de la gran conjura iniciada en 1959 por el Gobierno norteamericano y sus aliados contra Cuba.

Al amanecer del 15 de abril, tres escuadras de aviones estadounidenses tripulados por mercenarios, sin previa declaración de guerra y con insignias cubanas para simular una rebelión interna, atacaron sorpresivamente al país.

Provenientes de Puerto Cabezas en Nicaragua, una de ellas, integradas por tres B-26, nombrada Puma, bombardeó y ametralló el aeropuerto y base militar de la fuerza aérea de Ciudad Libertad. La segunda  escuadra  integrada también por tres aviones, nombrada Linda, atacó  la base de San Antonio de los Baños; mientras que una tercera llamada Gorila, con dos aviones, todos B-26, impactaban bombas contra el aeropuerto de Santiago de Cuba.

Un noveno avión  voló directamente de Nicaragua a Miami y daría la versión pública de deserción y rebeldía de los pilotos de la Fuerza Aérea Cubana. El objetivo de esta agresión militar además de provocar miedo y confusión, era destruir en tierra los escasos y viejos aviones que conformaban la aviación revolucionaria. Pretendían obstaculizar la respuesta aérea a la invasión programada.

El ataque ocurrió de forma simultánea minutos antes de las seis de la mañana. La escuadra que atacó Ciudad Libertad encontró un fuego antiaéreo nutrido porque algunos pilotos descargaron sus ametralladores en áreas cercanas a la base.

Pero la protección previa de esos aparatos y la valiente defensa antiaérea cubana, impidieron la completa destrucción de los aviones revolucionarios. Sin embargo, los resultados de esa vandálica acción dejaron daños materiales considerables con la avería total o parcial de algunas aeronaves, además de 53 heridos y 7 muertos.

Moría entre ellos el joven artillero Eduardo García Delgado, que ya moribundo escribió en una puerta con su sangre el nombre de Fidel, expresando a las los pinos nuevos las profundas convicciones de aquella juventud cubana dispuesta a todo en defensa de la Revolución.

Mientras tanto, ese mismo día, frente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el canciller de la dignidad, Raúl Roa, dejó perplejos a los delegados estadounidenses al denunciar ante el mundo los bombardeos a los aeropuertos cubanos por parte de aviones norteamericanos procedentes de países centroamericanos a los pies de EE.UU.

El presidente de la Asamblea General advirtió al representante cubano que lo que tocaba no era una cuestión de orden, sino de fondo y que por tanto no podía hacerlo de esa forma. Roa le dio las gracias y agregó que no le era posible retirarse sin acusar al gobierno imperialista de Estados Unidos y los hechos que “ponen en riesgo la paz y la seguridad internacionales”. Ante un nuevo llamado de atención, Roa exclamó: “Ya lo he dicho y me retiro.”

Mientras tanto, en Cuba, el 16 de abril de 1961, en acto multitudinario por el sepelio de las víctimas de ese ataque, y en vísperas de la invasión mercenaria, nuestro Comandante en Jefe proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y declaró al país en estado de alerta:

“(…) Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! (…) ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles!; ¡y esa Revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! (…)”

Una vez más el pueblo cubano ejercía sus derechos democráticos ante la consulta pública realizada por Fidel y levantando sus fusiles de forma masiva y entusiasta apoyó la trascendente proclamación y su decisión de defender una obra que ya se había hecho realidad. Los cubanos confirmaron que esa gran conquista popular, esa revolución que tantos beneficios trajo para Cuba, era una Revolución Socialista.

El 17 de abril, cuando se reanudaron los debates en la ONU donde Roa hace recuento del número de veces que Cuba denunciaba las agresiones por parte de Estados Unidos, numerosos países apoyaron la causa cubana, lo que llevó a expresar al representante estadounidense a su gobierno su incómoda posición en los debates.

Mientras tanto en Cuba se libraba otra batalla  por la defensa de la patria y del socialismo. Con una profunda convicción,  los combatientes revolucionarios vencieron en el ataque a Playa Girón; un acto de reafirmación revolucionaria que los imperialistas no perdonan, como tampoco asumen nuestra dignidad.

Por Especialista Dailenis Guerra Pérez

Foto de portada tomada de Vanguardia

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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