Los motivos que Trump oculta tras la COVID-19 y China

Mientras el diario The Washington Post desnuda la mentira de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no advirtió a tiempo a Estados Unidos sobre el peligro de la COVID-19, ese Gobierno enfila su línea de ataque hacia China.

Este lunes la publicación estadounidense señalaba en un artículo que más de una docena de investigadores, médicos y expertos en salud pública de ese país estaban trabajando a tiempo completo en la sede de la OMS cuando surgió el SARS-CoV-2 y, por tanto, enviaron información desde finales de 2019 a la administración de Donald Trump.

Entre ellos se encontraban varios miembros del personal de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de la nación norteamericana y, además, de acuerdo con fuentes citadas por el Post, se mantenía una consulta permanente con la OMS al más alto nivel de los cargos de salud designados por Trump.

Sin embargo, la pasada semana el presidente estadounidense, que conoce todo esto, anunció la decisión de no continuar contribuyendo con los fondos para la organización internacional. La acusa de no brindar suficiente información sobre el nuevo coronavirus y la gravedad de la situación y, sobre todo, de encubrir a China y sus supuestas mentiras acerca de la pandemia.

No se trata del acto de un loco, aun cuando pudiera parecerlo, sino de una maniobra que, aunque arriesgada, puede darle más ganancias que pérdidas al inquilino de la Casa Blanca.

Porque si bien por un lado desvía la atención de las críticas que ha recibido por la forma de afrontar la emergencia epidemiológica generada por la Covid-19 en su país, por el otro adopta una postura muy favorable a la idea que vende a sus bases electorales.

Cortar los fondos de la OMS significa también poner los recursos en función de Estados Unidos, una acción que respondería al America first que promueve su campaña, o por lo menos eso quieren hacer ver.

Al mismo tiempo, apunta al enemigo: China, resquebrajando la credibilidad de ese Estado y su eficiente respuesta ante la propagación de la enfermedad, que no solo le ha permitido sobrepasar el peor momento de la epidemia sin la misma cantidad de fallecidos que las naciones europeas o que el propio EE.UU.; sino también ofrecer asesoramiento y ayuda material a otros gobiernos.

Pero lo más importante para Estados Unidos es que, mientras el Viejo Continente lucha aún por bajar el número de muertes y contagios, al igual que ellos, el gigante asiático poco a poco retorna a la normalidad, con lo que eso entraña para la economía mundial, de la cual eran ya la segunda potencia antes de este colapso.

Ralentizar a China en su regreso es imprescindible para la estrategia de dominación de Washington, de ahí que la culpabilización de Beijing por la actual crisis sanitaria y económica, y las acusaciones sobre el ocultamiento de datos y hasta sobre la posible creación del virus, comiencen a tomar otra dimensión: las demandas legales.

Ya están en curso dos reclamaciones presentadas por Berman Law Group, un despacho de abogados con sede en Florida, que en nombre de individuos y dueños de negocios en Estados Unidos responsabiliza al gobierno chino y sus agencias por la expansión de la enfermedad, y les exige una compensación para las “víctimas”.

China “sabía que la COVID-19 era peligrosa y capaz de causar una pandemia, pero actuó lentamente, escondió la cabeza bajo el ala o lo cubrió por su propio interés económico”, dijo recientemente a Fox News el jefe y portavoz del despacho de abogados, Jeremy Alters.

Mas lo que pudiera ser una acción legal sin muchas posibilidades de éxito, dada la inmunidad que tienen los países dentro de la legislación norteamericana, podría convertirse en un capítulo intenso dentro de los enfrentamientos entre las dos potencias.

El Senado estadounidense recibió un proyecto de ley, presentado por el senador republicano Josh Hawley, muy cercano a Trump, en el que se propone levantar dicha inmunidad soberana, de manera que si se comprueba que realmente hubo ocultamiento de información por parte del gobierno chino, este pague a los afectados.

Denominada Ley de Justicia para víctimas de la Covid-19, la iniciativa va ganando simpatizantes, aunque deberá ser aprobada por el Congreso, cuestión que ya tiene un antecedente en el 2016, cuando se le permitió a las víctimas y sobrevivientes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, demandar a Arabia Saudí por complicidad en los ataques.

Por lo pronto, se hablaba de la creación de un grupo de trabajo del Departamento de Estado para investigar la gestión del brote realizada por Xi Jinping y su gabinete, con el propósito de demostrar que mintieron y asegurar el pago a las “víctimas”.

Téngase en cuenta que, si el Congreso estadounidense acordara levantar la inmunidad de China, esta no podría ignorar las reclamaciones, pues como explicara a The Washington Post el exfuncionario del Departamento de Justicia norteamericano, David Rivkin, una sentencia condenatoria podría llevar a medidas comerciales por parte de la Administración de Trump.

Las sentencias por defecto pueden utilizarse para confiscar cualquier activo comercial chino, incluido cualquier producto de sus exportaciones en cualquier parte del mundo, añade Rivkin, y entonces se comprende mejor la preocupación del gobierno norteamericano por apoyar con leyes a sus ciudadanos.

Actuar contra China es, además de una movida en el tablero económico, una jugada estratégica de cara a las elecciones, pensada para trasmitir la idea de un hombre fuerte en la Casa Blanca, que no teme a enemigos poderosos con tal de cumplir con el Make America great again.

Mientras el diario The Washington Post desnuda la mentira de que la OMS no advirtió a tiempo sobre el peligro de la COVID-19, y otros medios como Axios publican informes a los que no atendió el presidente sobre la gravedad del asunto; mientras el colapso de hospitales en New York deja más que claro que Estados Unidos se rezagó en la adquisición oportuna de insumos médicos; Trump miente, y lo hace porque la mentira puede ser el camino hacia el poder, por otros cuatro años.

KMG/RL

Foto de portada tomada de Time Magazine 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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