Semana Mundial de Inmunización deja en evidencia desigualdades en el acceso a las vacunas

El mundo desarrolla otra Semana de la Inmunización (24 al 30 de abril) en medio de la demanda internacional por una vacuna contra la COVID-19, que ha generado incluso competencias, pirateo y otra clase de negocios turbios con tal de obtenerla.

Sea por sanar a la gente o por alcanzar el poder que se deriva de tener la clave para contrarrestar una pandemia que afecta a casi todos los países, lo cierto es que hoy existen alrededor de 70 candidatos vacunales para prevenir la enfermedad causada por el SARS CoV-2.

Científicos de distintas latitudes hacen grandes esfuerzos contra reloj para alcanzar el tan esperado resultado, pero la posibilidad de que esta pueda usarse no se encuentra a la vuelta de la esquina.

Lo contradictorio es que, aun cuando ya estuviera lista, una buena parte del planeta se quedaría fuera de su alcance, como mismo sucede con otras tantas creadas años atrás contra otros padecimientos.

La Semana Mundial de Inmunización, que promueve la Organización Mundial de la Salud con el propósito de potenciar la vacunación para proteger contra las enfermedades, pone en evidencia la triste realidad de que, incluso contando con los fármacos para prevenir algunas dolencias, cerca de 20 millones de niños no los reciben.

Datos de la OMS apuntan a que cada año la inmunización evita entre 2 y 3 millones de muertes por difteria, tétanos, tos ferina y sarampión; sin embargo, otros 1,5 millones continúan ocurriendo, porque las personas no tienen acceso a esas vacunas.

Un ejemplo palpable es el mortífero brote de sarampión que vivió en 2019 la República Democrática del Congo, que se cobró más de 6000 vidas en un país que ya se enfrentaba a su mayor brote de ébola. La diferencia está en que el sarampión desde hace mucho tiempo es una dolencia prevenible.

“Los brotes de enfermedades no deben seguir siendo una amenaza cuando disponemos de vacunas seguras y eficaces para protegernos”, ha dicho el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, pero las desigualdades sociales y los sistemas de salud ineficientes, con buena parte de sus estructuras en manos privadas, sabotean esa intención.

Aproximadamente 13 millones de niños nunca han recibido una vacuna, precisa ese organismo internacional y llama la atención sobre el riesgo que representa para ellos y sus comunidades.

La mayoría de estos infantes viven en países con sistemas de salud ya frágiles, lo que limita aún más su acceso a los servicios esenciales de salud cuando enferman”, añade la OMS, que en esta Semana insiste en que a pesar de la pandemia de COVID-19, no se detengan los programas de inmunización.

Cuando se interrumpen estos servicios, explica la agencia de Naciones Unidas, aunque sea por breves periodos de tiempo, aumenta el peligro de que se produzcan brotes de enfermedades prevenibles como el sarampión, la poliomielitis, la difteria, la hepatitis B, la paroditis, la tos ferina, la neumonía, las enfermedades diarreicas por rotavirus, la rubéola y el tétanos. Algunas de ellas son mortales, otras dejan secuelas como diferentes tipos de discapacidad.

Cuba ha respondido al llamado de la OMS con la continuación de sus esquemas de vacunación, con excepción de dos de ellas. La Isla administra actualmemte, de forma gratuita, 12 vacunas, con un promedio de 4 millones 800 000 dosis anuales de inmunógenos simples o combinados, según dijeron al periódico Granma autoridades del Ministerio de Salud.

El programa protege contra 13 enfermedades y tiene una cobertura que sobrepasa el 98 por ciento en un país que, antes de 1959, solo daba con regularidad la vacuna contra las formas graves de la tuberculosis, y la cobertura a nivel nacional no superaba el 5 por ciento.

Un aporte relevante a ese logro es que desde el 2004 –con la excepción de la vacuna triple viral (PRS), la BCG (contra las formas graves de tuberculosis) y la antipoliomielítica oral y la inyectable, que se importan– las otras ocho vacunas se fabrican en Cuba, sin duda  un resultado del desarrollo científico y técnico alcanzado.

Esos mismos científicos hoy también se unen a la búsqueda de un fármaco contra la COVID-19. Como el resto de los investigadores, harán progresos, sufrirán decepciones y perseverarán para encontrar la respuesta.

La diferencia con sus colegas de otras partes del mundo estriba en que, al final de la jornada, los cubanos tienen la certeza de que nadie usará la esperanza como moneda de cambio, porque la vacuna estará disponible para todos en su tierra, libre de costo.

KGM/RL

Foto de portada tomada de Pequelia

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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