Vivir en Cuba

Por Dailenis Guerra Pérez.

Ante su naturaleza, su cultura exótica y posición geográfica, a Cuba la hace auténtica su gente, que guarda en sus entrañas el ofrecer cariño. Somos los seres más afables del mundo, los que brindamos todo a los demás, sin miramientos.

No solo somos así cuando otras naciones nos necesitan. No, no; en esta Isla las personas se saludan sin conocimiento previo, entablan conversaciones y hasta consolidan amistades duraderas.

Pero desde hace unos meses acudimos a nuevas prácticas. En Cuba vivimos en tiempos de pandemia como en un hormiguero; donde la mayoría permanece en resguardo y los más necesarios mantienen en orden la estabilidad del país.

Y me encanta vivir entre bravas hormigas. Un amigo me decía que estaba cada vez más convencido de que no emigraba a otro laberinto bajo tierra, que el nuestro era pequeño, pero tenía el corazón más enorme del planeta.

Entonces me maravillaba escucharlo, porque concuerdo con él. Ante la Covid-19 mi país no se puede comparar con nadie; aunque los números demuestren tantos hechos, nuestras acciones nos hacen grandes.

Mientras unos daban la espalda, Cuba ofreció toda la ayuda posible a otras naciones. Hoy alrededor de 1200 profesionales de la salud intentan salvar vidas en otros territorios.

En la Isla las autoridades, fieles seguidoras del legado de Fidel e involucradas en la prevención, han puesto en la cúspide la salud de un pueblo, entre tanto en los alrededores, grades potencias minimizaron los riesgos de una enfermedad que ha arrebatado más de 145 mil vidas en todo el mundo.

La protección sanitaria y epidemiológica es lo primero para enfrentar una pandemia ya global que ha contagiado a más de 2 millones de personas en el planeta. Constituye una misión que llegó para unir a los cubanos e involucra a varios sectores de servicios públicos como es la salud, los profesionales de la educación, el transporte, el comercio y la gastronomía, los estudiantes de carreras afines a las ciencias médicas y los que han tenido que mantenerse en sus puestos laborales, con el sentido de asumir un momento histórico que amerita responsabilidad y cuidado.

Vivir en Cuba es llegar al final del día y agradecer a los que arriesgan sus suspiros por garantizar oxígeno a los que no pueden respirar. A los galenos valientes y humanistas; que se vuelven héroes una y otra vez. Que están allí, de cara a una enfermedad, con la mente y el corazón dividido entre el amor a los hijos y la familia y la efusión por el gesto solidario de salvar humanos.

A las nueve también se aplaude por los amigos que están aislados; por la recuperación de los enfermos; por la nueva existencia que tendrá el universo cuando el coronavirus sea solo una triste historia; se aplaude por la vida.

Entonces vivir en Cuba se vuelve la razón inmediata de COLABORAR y CUMPLIR con lo que se orienta, y lo escribo en mayúsculas para sugerirle a usted, que me lee; se mantenga dentro de su morada y salga a solo a lo imprescindible, para luego, llenarnos de orgullo y satisfacción. En mayúsculas, para lamentar menos muertes, volvernos artistas y hacer caso a Liz Alfonso y bailar un son, cuando pase todo.

Vivir en Cuba representa la convicción de vencer, de sonreír, de sentir cómo el sol penetra por el cuerpo y arde, como mismo arden las buenas ideas en prodigiosas mentes. Vivir en Cuba se vuelve pasión, resistencia, alegría, carisma; porque Vivir en Cuba es un privilegio, una seguridad de buen futuro y verde esperanza.

Foto de portada tomada de  

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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