Covid-19: La guerra mundial que no se ganará con bombas atómicas

Por Orlando Oramas León.

En medio del azote y la batalla global contra la Covid-19, el mundo no debe olvidar el aniversario 75 de la derrota del fascismo, que para Rusia, heredera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), resultó singular protagonista.

Los rusos denominan aquella contienda como la Guerra Patria (1941-1945), y también es recordada por aquellas naciones que hoy no forman parte de la URSS, pero igualmente aportaron vidas y esfuerzos para vencer a la pandemia del odio y xenofobia encabezada por la Alemania  de Adolfo Hitler.

No por gusto el embajador de Rusia en Cuba, AndreiA.Gusko, reconoce que aquella contienda se ganó “en gran medida gracias a la valentía y el heroísmo del pueblo soviético”.

Así lo suscribió en artículo publicado en La Habana, en el cual subrayó la contribución del Ejército Rojo en la derrota de la Alemania nazi y la salvación de la civilización europea y mundial.

El diplomático suscribió que el triunfo le costó mucha sangre a numerosas naciones, pero sobre todo a la URSS, que perdió la vida de 27 millones de sus ciudadanos.

Los fascistas destruyeron y quemaron mil 710 de sus  ciudades, 70 mil aldeas y poblados, causaron daños incalculables a la industria y agricultura, rememora Gusko.

La Segunda Guerra Mundial resultó un hito histórico cuyo desenlace prometió un mundo mejor para la humanidad.

Estados Unidos, que interesadamente demoró su intervención, también resultó decisivo, sobre todo en la apertura del llamado segundo frente tras el desembarco en Normandía, y para poner fin al conflicto al derrotar a Japón, cuyas tropas de ocupación fueron responsables de crímenes de lesa humanidad en China, Corea y otras naciones asiáticas.

Pero la victoria estadounidense fue opacada por el lanzamiento de sendas bombas nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear denominada por Washington como “Little Boy” fue soltada sobre Hiroshima el lunes​ 6 de agosto de 1945. El 9 de agosto la bomba “FatMan” pulverizó la ciudad de Nagasaki.

Se estima que a fines de aquel año los únicos ataques nucleares de la historia mataron a unas 246 mil personas.

En ambas ciudades la mayoría de las víctimas fueron civiles, y después de aquel año siguieron muriendo, tras largos sufrimientos, por las fatales secuelas de un hecho que desató la carrera armamentista nuclear y hoy sigue manteniendo en vilo la supervivencia de la humanidad.

Aquellos crímenes no pueden ser soslayados, a despecho de reconocer que la cohesión de fuerzas y recursos de los estados que luchaban contra el fascismo consiguió, pese a las diferencias políticas, doblegar a quienes pretendían sumir a la humanidad en una era de oscuridad.

Quizás de ese espíritu falte mucho hoy cuando la Covid-19 suma miles de víctimas en diversas latitudes, en particular en naciones que fueron protagonistas de la Segunda Guerra Mundial.

La pandemia es global y su enfrentamiento demanda de una coalición entre países ricos y pobres, del Norte y del Sur, del Este y el Oeste, ,que más que puntos cardinales resultan geopolíticos en el mundo de hoy.

Al final, esta guerra sanitaria no se resuelve con bombas atómicas.

RL/ Foto de portada: Sergio Pérez/ Reuters. 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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