Ecuador: El disfraz de Lenín Moreno

Por Hedelberto López Blanch.

Lenín Moreno quedará registrado en la historia de su país como el Presidente ecuatoriano que con disfraz de progresista y de trabajar a favor de los pobres, cambió completamente cuando llegó al poder y se alineó con las fuerzas derechistas de dentro y afuera del país.

Moreno hace tres años salió electo con el voto de los simpatizantes de la Alianza País, organización en la que se basó el anterior presidente de la República, Rafael Correa para realizar una enorme labor a favor del bienestar de su pueblo.

Muy caro le ha costado a la gran mayoría de los ecuatorianos la traición del hombre en que confiaron y que debía continuar el derrotero seguido por Correa.

Alianzas con los sectores adinerados de la nación, la entrega de la economía al Fondo Monetario Internacional y la cesión de las decisiones políticas al gobierno de Estados Unidos han sido sus principales directrices.

Sus primeros actos fueron acusar y condenar sin pruebas al entonces vicepresidente (su compañero de fórmula) Jorge Glas; seguidamente sacó del exilio de la embajada de Ecuador en Gran Bretaña al director de Wikileak, Julian Assange, y después comenzó, con la ayuda de tribunales amañados, una pertinaz persecución contra Rafael Correa (fue condenado en ausencia sin causa justificada) para que no pudiera presentarse a una futura elección presidencial.

Como se conoce, en octubre de 2019 ocurrieron en el país multitudinarias protestas debido a que Moreno anunció drásticas medidas económicas y un paquete de reformas acorde a las exigencias impuestas por el FMI con el cual había firmado en marzo de ese año un empréstito por 4 200 millones de dólares.

Los ajustes económicos provocaron masivas protestas. Moreno decretó el estado de excepción y trasladó la sede del gobierno a Guayaquil, pero al final tuvo de derogar el Decreto Ejecutivo 883 causantes del malestar social.

El saldo final por la represión fue de 11 ciudadanos muertos, 1 240 heridos (11 perdieron la visión de un ojo) y 1 192 fueron detenidos.

Las tenazas del FMI se han aferrado a Ecuador desde la firma del acuerdo que exige una reforma fiscal, la flexibilización laboral, la disminución del aparato estatal y el retiro del subsidio a los combustibles.

A la par de las ataduras con el FMI, las relaciones con el gobierno de Estados Unidos se incrementaban en grado superlativo. A principios de 2019, visitaban Quito, Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos: David Hale, viceministro para Asuntos Políticos, y Mike Pence, vicepresidente del país.

Le siguió en julio de ese año el secretario de Estado, Mike Pompeo, y todo se coronó con la visita de Lenin Moreno a Washington en febrero de este año donde fue recibido con todos los honores por el presidente Donald Trump. 

Durante su estadía en la Casa Blanca se acordó incluir a Ecuador en la iniciativa “América Crece”, un programa que canaliza las grandes inversiones privadas, se pactó la creación del Centro de Inteligencia Criminal en Ecuador con asesoramiento directo de Estados Unidos y que Washington  brindara tecnología y capacitación para protección general en temas de ciberseguridad.

Al pasar varios meses de las grandes protestas de octubre, así como obviando la pandemia de coronavirus que se ha extendido por todo el territorio, el presidente ecuatoriano volvió a la carga con nuevos ajustes económicos con los cuales desea agradar al FMI y a Washington.

Las nuevas normativas establecen modificar las condiciones económicas de la relación laboral, tras “común acuerdo” entre los trabajadores y empleadores; contrato especial emergente de solo media jornada laboral y las horas distribuirlas en seis días de la semana.

Además, reducción de un 50 % de la jornada laboral, disminución de un 45 % de los salarios, y rebajar el aporte de la empresa a la seguridad social del empleado.

Antes de la aprobación de estas leyes, el gobierno había decretado recortes por más de 98.200 .000 dólares a los presupuestos de 32 universidades y escuelas politécnicas.

Fiel a la política neoliberal de Moreno, se eliminan 10  empresas públicas, se prescinde de la Secretaría Anticorrupción de la Presidencia; se cierran las embajadas en Malasia, Irán, Nicaragua y las oficinas ante la OASI y la Secretaría del Parlamento Andino.

Todo esto sucede cuando la nación padece una grave crisis sanitaria por la desatención del gobierno ante la pandemia de coronavirus y los casos de corrupción que han estallado, en los que están envueltos el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), hospitales públicos de varias provincias y el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (SNGRE).

El 26 de mayo ya se reportaban oficialmente en Ecuador, 35 500 contagiados con la Covid-19 y más de 3 000 muertos, pero organizaciones gremiales aseguran que la cifra de fallecidos ronda las 9.000.

Mientras esto sucede, el presidente lanza nuevas leyes neoliberales contra trabajadores, campesinos y estudiantes lo que predice que las protestas proliferarán porque no se sabe quien es peor, la Covid-19 o la política de Lenín Moreno cuya aceptación es de solo el 18,7 % según una encuesta de  Cedatos-Gallup.

RL/ Foto de portada: Freddy Constante / EFE.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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