Cuba: El Mayor Ignacio Agramonte

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Por Dailenis Guerra Pérez/RL

Los cubanos homenajeamos hoy al camagüeyano Ignacio Agramonte y Loynaz desde El Mayor de Silvio Rodríguez, inspirada por el centenario de la caída en combate del mambí en los campos de Jimagüayú.

Sería Ignacio el abogado que levantaría el puño contra el yugo, el que apoyó el levantamiento armado, el que enérgicamente expresó: “Cuba no tiene más camino que conquistar su redención, arrancándosela a España por la fuerza de las armas.»

Fue el abogado que combatió con entereza patriótica los criterios reformistas expresados en la reunión de Minas, donde demostró su elevado patriotismo al combatir con energía los intentos no independentistas de algunos de los presentes líderes militares.

Agramonte fue vital en la Asamblea de Guáimaro y el que redactó la Constitución, fue el jefe militar del Camagüey y promotor intransigente de la unidad revolucionaria.

Humano y amigo, marcó la historia patria con hazañas como el rescate de Julio Sanguily, efectuado el 8 de octubre de 1871, donde demostró el sentido de la amistad y sus capacidades como líder militar.

Durante una de sus más brillantes campañas, luego de reconstruir las fuerzas del centro de la Isla, preparando la invasión de la provincia de Las Villas que tanto había sido propuesta por Máximo Gómez, cae en combate el 11 de mayo de 1873, en los potreros de Jimagüayú.

Una emboscada lo sorprende con pocos ayudantes y una bala en una sien lo derriba.

Para los revolucionarios fue un golpe irremediable la muerte en combate de Agramonte, ocurrida el 11 de mayo de 1873 en Jimagüayú. El Mayor dejó un vacío muy difícil de llenar por sus excepcionales virtudes cívicas, sus capacidades militares y su lucha en favor de la unidad.

El Apóstol lo definió como “un diamante con alma de beso” y, comentando el valor cívico y la preclaridad política de Agramonte, expresó:

«Pero jamás fue tan grande, ni aun cuando profanaron su cadáver sus enemigos, como cuando al oír la censura que hacían del gobierno lento sus oficiales, deseosos de verlo rey por el poder como lo era por la virtud, se puso de pie, alarmado y soberbio, con estatura que no se ha visto hasta entonces, dijo estas palabras: Nunca permitiré que se murmure en mi presencia del Presidente de La República.»

Hace 147 años que su rostro fue manchado con su propia sangre. Ignacio Agramonte no es de mármol; está vivo, lleno de emociones en las páginas de la historia, donde vuelve al combate desde el estudio, desde las melodías que le rinden tributo, desde el Camagüey legendario que no teme a una pandemia para rendirle homenaje a su oratoria patriótica, a su mano que erguía un machete y a su corazón valiente que anhelaba la libertad de todos los cubanos.

Foto de portada tomada de ACN

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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