La impertinencia de Trump

Por Hedelberto López Blanch/RL

Cuando se acercan aceleradamente las próximas elecciones en Estados Unidos, programadas para el venidero noviembre, el presidente Donald Trump busca desesperadamente algún motivo para tratar de levantar su deteriorada imagen por la ineficiencia y caótica forma en que su administración ha tratado la pandemia del nuevo coronavirus.

Este 22 de mayo ya suman más de 1 600 000 los contagiados con la Covid-19 y los fallecidos se acercan a los 95 000, mientras el presidente ha obligado prácticamente a los gobernadores de los Estados a levantar las restricciones de movimientos y él continua dando fórmulas desafortunadas para combatir la pandemia.

Una de sus recetas fue la de utilizar desinfectantes para eliminar del cuerpo humano al coronavirus Sars-cov-2, declaración con la que el presidente de la mayor potencia económica y militar del mundo dejó atónitos a científicos y especialistas, que las calificaron de “irresponsable”.

Ante millones de personas que lo miraban por televisión en sus acostumbradas y retóricas conferencias diarias, dijo: “Veo que el desinfectante lo noquea en un minuto. En un minuto. ¿No habría alguna forma de hacer algo así con una inyección en el interior o casi una limpieza?”.

Las criticas de científicos, doctores y especialistas llovieron, pero más de un centenar de sus seguidores le hicieron caso y pararon en las salas de urgencia de los hospitales con graves síntomas de intoxicación.

Después se le ocurrió otra brillante idea: “usar rayos ultravioletas o una luz muy potente que se podría proyectar en el interior del cuerpo para combatir el coronavirus”.

Ahora esta propagandizando la utilización de la hidroxicloroquina que según los especialistas no ha dado resultados efectivos para contrarrestar el virus y en cambio puede provocar enfermedades cardíacas.

Su obsesión por alcanzar la reelección presidencial lo vuelve peligroso y como consecuencia ha incrementado las acciones agresivas contra Venezuela, Irán y Siria, donde en cualquiera de esos escenarios puede ocurrir una guerra de incalculables consecuencias.

Y para desviar las culpas por sus errores y mala gestión en tratar de controlar la crisis sanitaria por la covid, recurre a la táctica, sin prueba alguna, de acusar a China de ser la causante de la propagación del virus por encubrir información al respecto.

Como ha ocurrido en reiteradas ocasiones en las que este mitómano se dice y se contradice, el 15 de mayo aseguró que el Instituto Nacional de Salud (NIH) comenzó a desarrollar desde el 11 de enero, una vacuna contra la covid-19.

Esa afirmación indica fehacientemente que Trump ha estado mintiendo sobre el supuesto ocultamiento de información por parte de China y a la par confirma que Estados Unidos conoció con antelación sobre la peligrosidad de la pandemia.

Las palabras textuales del presidente estadounidense fueron:

«Los científicos del NIH comenzaron a desarrollar el primer candidato a la vacuna el 11 de enero, piensen en eso, a las pocas horas de que el código genético del virus se publicó en línea».

Los científicos señalan que para desarrollar una vacuna, los datos genéticos no son suficientes pues se necesitan cepas del propio virus para comenzar los experimentos. No fue hasta el 24 de enero que China aisló por primera ocasión la cepa del covid-19. La necesaria pregunta es que ¿de dónde llegó la cepa que se necesitaba para que Estados Unidos iniciara investigaciones para encontrar una vacuna? ¿Conocía Washington sobre el virus antes de que Beijing compartiera oficialmente sobre la secuencia del genoma del virus con la OMS y por consiguiente al mundo?

Así, de esa forma, Trump tropieza una y otra vez con sus propias mentiras.

Foto de portada: Debate Plural

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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