Los que se van en tiempos de pandemia: A la memoria de los padres

Por Graciela Ramírez/ Resumen Latinoamericano Cuba

Entre tantos dolores que padece el mundo, están los íntimos, los de nuestros amigos y amigas, compañeros de trabajo y de batallas. Partidas que no son por contagio del Covid-19, pero que ocurren y nos golpean.

La pérdida de un ser querido, la de los padres, siempre es sumamente dolorosa. Por mayores que sean, o por enfermos que estén, nunca estamos suficientemente preparados para despedirlos.

Más aún en tiempos de pandemia, en los que la familia y los amigos no pueden abrazarse.

Así ocurrió el 29 de abril ante la partida de la madre del fotógrafo y realizador Roberto Chile.

Este domingo 3 de mayo hablaba con la querida Maribel Acosta, destacada periodista cubana, colaboradora de Resumen Latinoamericano. Queria saber cómo se encontraban sus padres.

Su mamá padece Alzheimer desde hace tiempo y su papá había sufrido un ACV en noviembre pasado que lo dejó muy mal.

Maribel y sus dos hermanos se turnaban en la semana para ir desde La Habana hasta La novia del Mediodía, una localidad apacible y alejada de la ciudad.

Este domingo fueron los tres. «Mary, yo veo a tu papá muy mal» le dijo su mamá.

El deterioro de su cuerpo a pesar de los cuidados de enfermeras y fisiatra era muy grande y él se daba cuenta. Había luchado durante meses, pero las fuerzas se agotaban. Abel, músico y hermano de Maribel hasta tocó guitarra y le cantó las canciones que a él le gustaban para animarlo.

Otro hermano que es médico, advirtió el estado crítico en que se encontraba.

«Con Alzheimer y todo, mi mamá se dio cuenta de la gravedad». Me dijo Maribel. Pasadas las 11 y media de la noche escribió: «Se acaba de morir mi papá».

Con su hijo y sus hermanos regresó para la casa de sus padres, y allí lo despidió.

«Fue duro verlo vestir, parecía dormido. Fue duro ver que se lo llevaran».

Se fue en silencio mientras el amor de su vida, con la que compartió 65 años de matrimonio y tanto había cuidado, soñaba.

«Todo fue en sigilo, tratando de contenernos y no hacer ruido para que mi mamá no se despertara. No habría resistido perder al hombre que adoraba.
Habrá que prepararla poco a poco»

A modo de una caricia que jamás alcanza le digo a Maribel todo lo que había luchado por sus padres…pasar con él la noche del 31 de diciembre en la tristeza de un hospital.. «Sí. He guapeado duro, a veces con el alma a rastras, pero siempre ahí. Me queda el consuelo de que los cuidamos mucho, con todo lo que llevaba y necesitaba».

Y yo me imaginaba aquella casa donde acababa de salir su padre y los ojos de cristal verde-claro de Maribel repletos de lágrimas, sin poder pegar el grito que tantas veces necesitamos para desahogarnos, para no despertar a su mamá.

Su padre se llamaba Efrén Acosta Izquierdo, en junio cumpliría 83 años. Fue un campesino que trabajó y luchó toda su vida. Orgulloso de sus hijos, médico, músico y periodista, grandes profesionales los tres. Ellos nacieron en Revolución, con todas las seguridades que no tuvo Efrén.

«Ahorita estaba releyendo algo que escribí sobre él que publicó Cubadebate hace 1 año y algo«.

Por un segundo la imaginé como una niña grande buscando entre papeles, recuerdos y fotos a su querido papá.

Compartimos con ustedes el Artículo, en homenaje a la memoria del padre de Maribel, a su enamorada mamá y a todos los que en estos días durísimos se nos fueron.

Lo que me cuenta mi padre

Mi padre tiene 81 años. Él dice 81 y medio porque en junio cumplirá 82. Mi padre era un niño del campo. Su padre era desmochador de palmas y un día se cayó de una palma y murió. Mi padre tenía 9 años. Era el mayor de 5 hermanos en una escalera de desamparo a partir de ese día. Pero un amigo de la familia que tenía una finca le dijo aquel día triste del entierro de mi abuelo Amado, que tenía trabajo a su disposición para que sus hermanitos no pasaran hambre.

Mi padre me cuenta que al día siguiente estaba en pie a las 4 de la madrugada y fue para el campo a trabajar. Al mediodía llevaba almuerzos al campo… caminaba 6, 8 km. En las tardes vendía agua… en un palo largo colgaba las latas y las llevaba del pozo a las casas campesinas… A la vez, iba a la escuela cuando podía… cursaba varios grados al mismo tiempo…

Después vino el ciclón del 44 y se cayó la escuelita. Nunca nadie fue a arreglarla y entonces un campesino bueno prestó su casa de tabacos para que la escuela funcionara, pero un día la necesitó y se acabó la escuela. De todas formas, del municipio un día fueron a examinarlos. Mi padre hizo las pruebas de 5to y 6to grados. Y aprobó con 100 cada una. Cada día llevaba a casa lo que podía: ayudar a su mamá, mi abuela Lucía, y alimentar a tantas bocas era su sueño. No se podía aspirar a más.

Mi padre me cuenta que cuando triunfó la Revolución y empezaron las campañas de que si aquello era comunismo o no, su abuelo canario, mi bisabuelo Secundino, le dijo: Oye mijo… yo no sé si es comunismo o no. Pero si comunismo es todo esto que están haciendo, ¡pues yo estoy con esto!

Mi padre se incorporó a la Revolución, hizo muchas cosas, estudió en la Facultad Obrero Campesina y se jubiló hace un año solamente porque mi madre tiene Alzheimer y ahora él la cuida y la acompaña.

Mi padre siempre dice que si él hubiera nacido en la Revolución hubiera sido médico. Uno de mis hermanos lo es.

Para mi padre la Revolución es intocable y por duras que sean las circunstancias él siempre tiene una solucion original.

A menudo habla de su infancia… y yo lo escucho con emoción. Sin palabras inventadas para impresionar, mi padre habla de una Cuba que yo no conocí, ni mi hijo. Y cuando él habla yo pienso en esta Cuba. Y entiendo… y de él aprendí que para mí también la Revolución es intocable… en mi tiempo, en mis batallas, en mis empeños… pero sin ninguna escalera de desesperanza como aquella en la que mi padre creció, sin más porvenir que ese que se hizo cierto el 1ro de enero de 1959. ¡Por eso cuenta conmigo siempre Revolución Cubana!

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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