Nuevo estudio determinará pacientes más proclives a desarrollar secuelas tras recuperarse de la COVID-19

De los casi 1,7 millones de personas que se han recuperado de la COVID-19 en todo el mundo, una buena parte sufre efectos secundarios, de los que muy poco se sabe. Pero, ¿quiénes son los que pueden presentar alteraciones funcionales respiratorias a corto y medio plazo? A esa pregunta pretende responder un proyecto de investigación, liderado por Jaime Signes-Costa, jefe del servicio de Neumología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, informó agenciasinc.es.

Antecedentes registrados en la epidemia del síndrome agudo respiratorio severo de 2003, causado por el SARS-CoV-1, revelan la presencia de diferentes grados de fibrosis pulmonares residuales en los pacientes que sobrevivieron a la enfermedad, a través de pruebas de imagen y test de función pulmonar. Por lo que es sabido que, a diferencia de otras infecciones virales respiratorias, las provocadas por coronavirus pueden dejar secuelas en este órgano.

Pero, sobre los efectos secundarios del SARS-CoV-2 existe poca literatura científica —añade el texto. Sin embargo, la hipótesis de los investigadores es que teniendo en cuenta la experiencia con el SARS-CoV-1, alrededor de un tercio de los pacientes que ingresará por neumonía COVID-19 presentará alteraciones fibróticas pulmonares.

Confirmar este porcentaje está entre los propósitos que persigue el proyecto liderado por Jaime Signes-Costa Miñana, el también coordinador del Grupo de Investigación en Enfermedades Respiratorias del Instituto de Investigación Sanitaria (INCLIVA). En el empeño, que cuenta con el financiamiento del Instituto de Salud Carlos III, participarán 10 hospitales valencianos, uno madrileño, dos murcianos y uno andaluz.

Cualquier virus —afirma Signes-Costa—, como el de la gripe, puede provocar una neumonía bilateral o severa, pero parece que estos virus ponen en marcha algunos mecanismos inflamatorios que no ponen otros virus.

Por eso, los científicos pretenden averiguar si los pacientes que han tenido neumonía y que han ingresado por este motivo en los hospitales españoles van a desarrollar una fibrosis pulmonar a medio y largo plazo.

El fin es controlar a esos pacientes en consultas externas como se está haciendo, pero también medir los test de capacidad pulmonar para ver si ha habido alguna merma en la capacidad funcional de estas personas y si quedan alteraciones radiográficas después de curarse. En ese caso se solicita un TAC torácico de alta resolución para comprobar si hay cambios fibróticos”, explicó el jefe del grupo.

Porque durante la pandemia los facultativos han visto que cuando los pacientes son dados de alta todavía se observan secuelas en sus radiografías. Y, “habitualmente en las neumonías bacterianas los pacientes se curan antes de lo que estamos viendo ahora”.

Se trata de dilucidar si estos daños persisten en el tiempo o si tienden a mejorar; pero, sobre todo, de determinar el porcentaje, “ya que en España estamos hablando de centenares de miles de personas afectadas”.

En el grupo de pacientes que estudiarán los investigadores liderados por Jaime Signes-Costa, están incluidos quienes han ingresado por neumonía bilateral. “Ese 15 o 20 porciento que no ha podido pasarlo en casa y ha ido a servicios de neumonología o a la UCI, y luego a servicios de neumología”.

Al referirse a otros factores que pueden influir en la permanencia de estos daños pulmonares más allá del alta hospitalaria, Signes-Costa refiere que se ha visto que los fenómenos fibróticos –similar al proceso de cicatrización de una herida cuando se forma un queloide–, además de la idiosincrasia de cada persona, están asociados a la edad.

Cuanto más viejo eres, peor cicatrizas, tanto en la piel como en los pulmones. Si tienes una exposición a un virus, como este coronavirus, tu pulmón siente el daño y luego se intenta recuperar. Esa recuperación puede equivocarse de camino e irse a otra zona donde está la fibrosis, la cicatriz de los pulmones. Eso está totalmente asociado a la edad. Por eso queremos comprobar que las personas que se han curado del todo son las más jóvenes y, como sospechamos, que cuanto mayor eres, más posibilidades tienes de quedarte con secuelas”.

Después de la fatiga y el cansancio, la secuela más frecuente que deja el nuevo coronavirus es la afectación pulmonar. También aparece la anosmia (pérdida total del olfato), de la que tardan algunas semanas en recuperarse. “Pero lo que nos da miedo es que la dificultad para respirar, que aparece cuando hay afectación mantenida en los pulmones, tarde en irse”.

Esa es la razón que nos induce a medir la función pulmonar —explica Signes-Costa— al mes del alta, y controlarla a los tres, a los seis y a los 12 meses, a ver si se recupera la capacidad pulmonar o si algunas personas no son capaces de recuperarla totalmente.

Si nosotros describiésemos en qué tipo de pacientes es más probable que se provoque una fibrosis o cambios fibróticos pulmonares, —en caso de tener otra oleada de infecciones por este u otro coronavirus, que es lo que se presupone—, podríamos reconocerlos en el momento del diagnóstico y para utilizar tratamientos o poner algún tipo de medida para evitar que desarrollasen una fibrosis».

A los seis meses de haber comenzado este estudio, los investigadores presentarán los resultados preliminares, aunque pretenden mantenerlo hasta 12 meses.

FP/RL

Foto de portada tomada de Xinhua

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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