Todos somos Floyd

Por Luz Mar Gutiérrez.

El Salvador es el país más mestizo de Centroamérica, y América Latina es una región donde el mestizaje es una de nuestras mayores riquezas.

Tal es el mestizaje en mi país que nosotros, si bien, hay gustos y preferencias, no hacemos diferencias entre las personas por su apariencia y en lo personal, siempre me he sentido a gusto entre mi gente.

He conocido el racismo en los Estados Unidos, a corta edad, obtuve una beca y tuve que emigrar a esa nación que nunca me logró seducir como para residir en ella, a pesar de que al finalizar mis estudios, estallaba la ofensiva del ’89 en El Salvador y de que provengo de una familia de escasos recursos económicos.

Aunque no conozco a ciencia cierta mis orígenes, puedo decir que me considero afrodescendiente, aún si lo que he visto hasta hoy es que mis padres son una mezcla de españoles, pipiles y lencas y tengo un abuelo con rasgos afrodescendientes y otro, con rasgos eminentemente españoles, con un apellido sefardí muy particular, que solo existe en Centroamérica y ya desapareció en España.

En mi época de estudiante en Oklahoma, recibí amenazas del Ku Kux Klan, al igual que otras compañeras latinoamericanas. Fuimos testigos del linchamiento de un joven palestino, llamado Walid por parte de una turba de cowboys y kukuxklaneros. Walid sobrevivió de milagro a una brutal vapuleada que quedó impune.

Creo que no podemos excluir las acciones policiales en los EEUU, de la actitud general de una sociedad que a pesar de un marcado puritanismo religioso mayoritariamente protestante, se autoproclama defensora universal de los derechos humanos y abanderada de la democracia en el mundo.

Nuevamente, la manera infame como la vida de un hombre afrodescendiente fue  menospreciada y arrancada por supuestas «fuerzas del orden» en los EEUU nos estremece y nos recuerda a puro golpe la esencia colonialista, racista e inmoral que caracteriza a la nación hegemónica, que masacró y redujo despiadadamente a los pueblos nativos para ocupar su territorio y que hoy apoya a Israel, que hace lo mismo con el pueblo palestino; Estados Unidos, una nación construida sobre sangre y expolio, que esclavizó a millares de africanos para erigirse y que hoy, por hoy, lleva años bloqueando a Cuba y además hostiga a Irán, a Venezuela, a China, entre otros países.

Por lo tanto, no podemos seguir tolerando que un país tan inmoral nos siga imponiendo una idiosincrasia fallida, basada en la muerte, el robo, el terror y el apartheid, que lejos de acabar con una filosofía del racismo y la exclusión, la alimenta, y hasta la celebra.

En Estados Unidos se viola a diario y de manera flagrante y diversa, los derechos humanos de afrodescendientes, latinoamericanos y otras poblaciones denominadas “minoritarias”.

Hoy, el mundo está de luto. todos somos George Floyd. La parte consecuente de la sociedad estadounidense ha vuelto a apoderarse de las calles; y con justa razón.

¿Cuántos Rodney King, George Floyd y otros mártires deberán ser sacrificados para que el mundo imponga sanciones contra los verdaderos males que agobian a la humanidad?

¿Hasta cuándo seguiremos como espectadores impávidos de una hegemonía racista e indecente que los medios de comunicación masivos se empeñan en vendernos como modelo de civilización?

No hay duda de que el que calla otorga y uno de nuestros mayores crímenes contemporáneos es el de permitir con nuestro silencio la infamia criminal de la institucionalización del racismo, el apartheid y la opresión.

Imagen de portada: Adán Toledo Iglesias.

Artículo proporcionado por la autora.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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