Cuba: El Che de Santa Clara, una imagen vital del David de los pensamientos progresistas del mundo

Por Flor de Paz.

José Delarra ya había modelado varias veces la imagen del Che cuando, a mediados de 1982, mientras daba los toques finales a la Plaza de la Patria, en Bayamo, Víctor Bordón (compañero del guerrillero), le hizo llegar la encomienda de erigir un monumento al héroe en la Ciudad de Santa Clara. Entonces, el escultor ya contaba con la experiencia de cuatro grandes monumentos: dos en Cancún, México;y en Cuba, la Plaza de Holguín y la de Bayamo.

La escultura del Che de cuerpo entero tomó forma pocos meses después en plastilina, en el estudio del artista, en La Habana Vieja; un boceto de mediano formato y 2.25 metros de altura, luego vaciado en yeso. En ejercicio simultáneo, Delarra elaboró una maqueta del futuro monumento.

En el taller de la calle O’Reilly no faltaron en aquellos días visitas imprescindibles: Ernesto Guevara Lynch, Aleida March, y algunos compañeros del Che; entre ellos, Harry Villegas y el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés. Una nueva etapa, la de esculpir con el mismo material dúctil la figura de 6.80 metros que hoy preside la Plaza, comenzó el 9 de mayo de 1985, en una nave del barrio Manuelita, en las afueras de la Ciudad de Santa Clara.

En aquel espacio, “Delarra comenzó a modelar la escultura por la cara”, escribió su esposa Gloria Leal Oliva, en una libreta de notas donde dejó constancia de estos detalles. “Trabaja en las manos y el torso. En la cara, falta darle un toque a la nariz y la boca, pues los ojos ya están”.

Días más tarde, apuntó: “A pesar de no estar terminada, la figura ya es una realidad, y parece que camina. Es impresionante y majestuosa. Todos los trabajadores detuvimos nuestra labor para ir a verla. Nos sentimos contentos, aunque Delarra todavía no está satisfecho”.

Gloria también plasmó en sus textos que el día 20 del mismo mes se comenzó a vaciar el primer tramo de la escultura y que una semana después quedó totalmente hecho el molde. “¡Así de intenso fue el trabajo!”, agregó al explicar que el lunes 27, fueron retirados los moldes de la cabeza.

Una jornada después, relata que, “al no haber compresor para preparar los moldes, Wichi (el soldador) resolvió el problema con un balón de oxígeno y una manguerita. Después se les untó grasa y ¡a vaciar!”.

Transcurrido un mes, Leal da cuenta de la unión y retoque de los moldes de la escultura del Che para enviarlos en huacales a la fundición de Guanabacoa, en La Habana. Fue en aquella nave del barrio santaclareño de Manuelita, donde se ejecutaron todos los objetos escultóricos que hoy componen el Complejo, incluidos los frisos.

Las labores comenzaron el 9 de agosto de 1984 y se extendieron 16 largos meses. Un proyecto y maqueta que incluía las esculturas en la Plaza, el vial, museo, salón de protocolo y centro de información, con memoria descriptiva de los detalles y símbolos, los mismos que estaban en el monumento inaugurado en 1988, habían sido presentados por Delarra previamente a las autoridades villaclareñas.

El 25 de diciembre de 1985 -escribió el artista en una cronología de fechas y hechos relacionados con la ejecución del monumento- ya estaba concluido todo el trabajo de taller y el proyecto ejecutivo de la obra civil, la escultura del Che lista para fundir y las piezas de relieve fundidas en hormigón. Las letras del monumento se hallaban en Placetas para ser elaboradas con la misma aleación metálica.

Faltaba entonces iniciar las construcciones civiles. Pero el movimiento de tierra en la Loma de la Tenería, el lugar de emplazamiento, no comenzó hasta el 6 de abril de 1987.

Once meses de ese mismo año costó la fundición de la escultura del Che en bronce, así como su traslado en partes a Santa Clara para su ensamblaje y soldaduras. En la fábrica de herrajes de Guanabacoa, el periodista Heriberto Rosabal, encontró fortuitamente al escultor, “junto a un grupo de otros obreros”, publicó Tribuna de La Habana el 8 de abril de 1988. Y,digo grupo de otros obreros -añade Rosabal- porque el artista, respondiendo a una de mis preguntas,me dijo:

—No es que me sienta bien trabajando con ellos, como muchas veces antes ha ocurrido; es que yo también soy un obrero. Además, este tipo de obras no puede hacerlas uno solo.

—¿Ni aun Miguel Ángel pudo hacer sus famosas esculturas sin ayuda de otros?, inquirió Rosabal.

—Creo que no. Creo que es un mito. La escultura requiere un esfuerzo físico muy grande para una sola persona.

Versado en la ejecución de monumentos de grandes dimensiones, José Delarra siempre concedió gran importancia al equipo multidisciplinario asociado a estos proyectos. Y, asimismo ponderó y reconoció el trabajo de sus integrantes. Lo confirma Blanca Hernández, arquitecta, cercana colaboradora del escultor entre agosto de 1984 y diciembre de 1988.

Llegó cuando ya había sido decidida la zona de emplazamiento, la construcción de la Plaza y de la Avenida de los Desfiles. Delarra ya estaba modelando la figura y los murales en plastilina en el taller de Manuelita. Entre ambos -asegura- siempre hubo una relación de respeto mutuo.

Como arquitecta decidí aceptar el desafío de hacer edificable el proyecto que él había ideado, y nunca me he arrepentido», dice Blanca sin sueños frustrados ni aprensiones que la inquieten.

“Él concibió todo el exterior del monumento, incluso las formas que iba a tener la base; no solo los murales y la figura. En este caso, hay un trabajo avanzado del escultor, muy poco frecuente».

“Acordamos que yo laboraría en el taller de Manuelita, para facilitar el intercambio entre los dos. Allí permanecí desde los primeros días de noviembre de 1984 hasta la mitad de enero del siguiente año. Me creó un espacio dentro de la nave y recibí de sus manos una maqueta de madera, pequeña, con escalonamientos, elaborada por él y también unos dibujos que hizo del proyecto. Además, tenía entonces un criterio de la dimensión que quería darle a la obra».

“Como a los 15 días, llevé conmigo a Abilio Martín, ingeniero estructural, quien realizó todos los cálculos”, añade Blanca. “Al pasar del tiempo, fue premiada la combinación constructiva que creamos entre los dos. Y se halla entre las siete mejores obras de ingeniería en Villa Clara”.

Cuenta la arquitecta que en aquella etapa ella le hizo a Delarra algunas propuestas de cambios que él aceptó. La primera, elevar la base del terreno para ventilar las locaciones de abajo (el museo y la sala de protocolo) y retirar hacia el interior las vigas y estructuras de esta.

Otras dos fueron: añadir el pretil que rodea al monumento para dar unidad a la base y tapar la estructura y, además, agregar una tercera escalera en la parte de atrás, que da acceso al monumento y al actual Memorial. “Luego le planteé la idea de reducir la base del monumento, pero él no estuvo de acuerdo”.

Posteriormente, el proyecto sufrió otras variaciones a partir de decisiones directivas: la disminución de la altura del pedestal (de 18 a 10 metros), la eliminación de una torre y del poliedro(esfera de tres metros de diámetro que giraría sobre su eje); sin contar que en sus orígenes se contempló la posibilidad de colocar la escultura en la Loma del Capiro y de hacer un parque en vez de una plaza, dada las características del terreno.

En cuanto al área de la Plaza, agrega Blanca, Delarra había previsto una dimensión general de ese espacio y algunas características, pero el proyecto arquitectónico fue diseñado por Jorge Cao, de la Emproy 9. Y elescultor estuvo de acuerdo con dicha propuesta.

Seis años de labor intensa y de tensiones concluyeron el 28 de diciembre de 1988, con la inauguración, hace 32 años,por Raúl Castro, del entonces llamado Conjunto Monumentario, hoy Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara. Ochenta y dos cumpliría José Delarra en este inicio de la cuarta década de su obra mayor: no solo en dimensiones, sino en trascendencia. Un monumento que tuvo en sus orígenes numerosas críticas en el entorno gremial, y que todavía padece, con marcada recurrencia, de omisiones mediáticas en relación a su autoría, entre otros descuidos y miradas encogidas.

Lo cierto es que Delarra obró al héroe universal en su existencia imperecedera, más allá de conceptualismos y miradas prejuiciosas, en una imagen vital del David de los pensamientos progresistas del mundo.

Además, la oportunidad de poner en ese lugar de memoria los restos del Che y sus compañeros (casi 10 años después de su inauguración), dio total sentido a todo aquel trabajo de seis años, dijo el escultor al periodista Carlos Rafael Jiménez, de Radio Rebelde.

La obra, sin embargo, también trasciende por sus valores artísticos. Como monumento a un personaje histórico, esta escultura del Che es atrevida. Su presentación es informal: tiene el brazo enyesado y un gesto del andar cotidiano. Se torna mística debido al tratamiento del modelado, que exhibe un cierto estilo expresionista, apreciable desde varios ángulos; y por el alma que le puso el artista.

Al observarse desde abajo, parece que al mismo tiempo levita y se conecta con la realidad. La proyección de la escultura en el espacio transmite una fuerza y energía que cautiva. Su factura no es, en consecuencia, portadora del realismo frío de una estatua conmemorativa, como algunos han querido estigmatizarla.

El Memorial, sitio donde desde 1997 reposan los restos de los guerrilleros, tomó su área de aquel enorme salón de protocolo concebido en la segunda fase del proyecto presentado por el escultor.

Los arquitectos Blanca Hernández y Jorge Cao fueron los proyectistas de la nueva ocupación del espacio; Delarra concordó con el planteo y, además, modeló los 38 rostros de los héroes que están en los nichos, aunque no estaba previsto en la concepción de dichos especialistas.

RL/ Foto de portada: EFE.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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