COVID-19: Cuba demuestra cuánto se logra con voluntad política y respeto a la vida

Por Aymara Massiel Matos Gil

A 115 días de la detección de los primeros casos de COVID-19 en Cuba, ya todo el territorio nacional está en la etapa de recuperación. La Habana, aún con casos activos, fue la última provincia en dar el paso a la nueva normalidad este 3 de julio.

Hasta la fecha suman dos mil 361 contagios, y aunque se ha lamentado la muerte de 86 personas, el 94% de los pacientes ha superado la enfermedad. Teniendo en cuenta los pronósticos iniciales y el comportamiento de la pandemia a nivel internacional, puede confirmarse la efectividad de la estrategia implementada en el archipiélago.

La prevención ha sido un factor clave. Cuando a finales de enero la Organización Mundial de la Salud reconoció que el nuevo coronavirus era una emergencia de salud pública de preocupación internacional, la nación caribeña trabajaba en un plan nacional intersectorial para su enfrentamiento, enriquecido a partir de los diferentes escenarios.

Foto: Tony Hernández Mena

Tiempo después, cuando su presencia en Cuba era ya una realidad, la creación del grupo de trabajo temporal garantizó la presentación de nuevas medidas que reforzaron las acciones diseñadas en cada contexto. Entre ellas, la aplicación del distanciamiento social, la regulación de la entrada por las fronteras del país, las restricciones de viajes, el cese de actividades docentes, la suspensión de la transportación y el reordenamiento del comercio.

Respaldado por la cualificación de sus recursos humanos y la consolidada organización en la atención primaria, el sistema de salud también se preparó para hacer frente a la contingencia. La labor desempeñada ha sido exitosa, a pesar de las limitaciones impuestas por la administración estadounidense que, aún en un contexto extraordinario, dificulta a los cubanos el acceso a ayudas, equipos y medicamentos. Los aportes de la comunidad científica son también significativos.

Como explicara recientemente el doctor José Ángel Portal Miranda, ministro de Salud Pública, el modelo de respuesta a la COVID-19, cuya concepción integra a las industrias biotecnológica y farmacéutica, se basa en un sistema integrado e integral de vigilancia en todos los estadios epidemiológicos, la transdisciplinariedad en las intervenciones, la inmediatez en la toma de decisiones, y la atención individualizada, sin exclusión.

Foto: Tony Hernández Mena

Pero poco se hubiera logrado sin la disciplina popular. La información diaria y oportuna por parte de las máximas autoridades permitió concientizar a la mayoría de las personas sobre la necesidad de cumplir con las medidas orientadas.

La estrategia intersectorial concebida desde el inicio ha sido también determinante, garantizando la participación de todos los organismos, instituciones, incluyendo el sector no estatal, y las organizaciones políticas y de masas… A ello se ha sumado el acompañamiento de representantes populares en todas las instancias y la contribución de personal voluntario.

Foto: Tony Hernández Mena

Ahora, con el inicio de la fase recuperativa, el trabajo mancomunado de los últimos meses comienza a ver alguna recompensa. El nuevo coronavirus constituye aún una amenaza, por lo que la exigencia y la responsabilidad deben ser permanentes, pero la constante disminución de los casos activos evidencia que la situación está bajo control. Cuba demuestra, una vez más, cuánto se puede lograr cuando priman la voluntad política y el respeto a la vida.

Tomado de Trabajadores

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: