Cuba transita hacia la nueva normalidad

Comienza julio y con el séptimo mes del año Cuba se adentra en la primera fase de lo que aquí llaman ya la nueva normalidad, a la que aspira a ingresar La Habana, tras una batalla nacional contra la Covid-19, ahora bajo control.

La mayoría de las provincias de la isla no reportan casos de la enfermedad hace más de dos semanas y el número de casos activos se reduce desde números de dos dígitos.

Y aunque en el verano que inicia quedan los nasobucos o mascarillas y muchas de las medidas que en los últimos meses contribuyeron a contener la pandemia.

Cesan tres meses de aislamiento social y el país se abre con cuidado. Reaparece el transporte público, muchos servicios vuelven a operar, reabre la gastronomía y otras actividades que hacen vivir a los cubanos.

Es una realidad muy distinta a la que se vive en otras latitudes, en particular en las Américas, y que Cuba superó cuando sus detractores auguraban el colapso de hospitales, alta mortandad e inanición por falta de alimentos.

Por el contrario, en la mayor de las Antillas gobierno, pueblo y otras instituciones fueron uno en el cumplimiento de medidas para encarar la crisis sanitaria, mantener los servicios públicos y preparar las condiciones para la recuperación.

Todo ello sin el concurso de los ingresos del turismo, una de las principales fuentes de financiamiento de la economía, que funcionó como en tiempos de guerra y mantuvo su vitalidad.

Los cubanos recogieron en este batallar varios frutos cosechados: la unidad y cohesión nacional, la confianza en el quehacer gubernamental, la coordinación y vinculación de la ciencia y la tecnología sembradas durante décadas y la capacidad de organización y utilización de los recursos, que no son abundantes en situación de férreo bloqueo por parte de Estados Unidos.

Se hizo más. Miles de profesionales de la salud partieron a combatir la Covid-19 en otras naciones que así lo requirieron. Fueron a Guinea Bissau, Angola, Sudáfrica, San Vicente y las Granadinas, pero también a Italia, Andorra, entre otros muchos países, y a territorios de ultramar del Reino Unido y Francia.

No fueron en busca de puestos de trabajo ni de altos salarios. Lo hicieron voluntariamente, mediante convenio firmado, con su salario y puesto laboral asegurados en la patria. No son esclavos ni el gobierno traficó con ellos ni con su humana profesión.

Partieron confiados de que en casa la enfermedad se bate en franca retirada y que sus compatriotas ya se reaniman la actividad turística y agotan las reservaciones disponibles en hoteles y campismos.

Allí, como en las piscinas y otros centros recreativos, se alistaron medidas higiénico-sanitarias de control y prevención para que el nuevo coronavirus no intente asomar cabeza.

Se mantendrán disposiciones de distanciamiento físico y la población entiende que los lugares de concentración pública no podrán ocupar toda su capacidad.

Al subir a los transportes públicos los usuarios deberán portar el nasobuco, una medida de prevención y también recordatorio de que aunque parece batalla ganada, no hay lugar para el descuido y asegurar que el verano que empieza sea también la antesala de la recuperación económica a la que habrá que dedicar todos los esfuerzos.

OOL/RL

Foto de portada:Joaquín Hernández/Xinhua

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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